La Renania da una soberana lección de humildad a Merkel y vota a favor de los socialdemócratas alemanes, recordando a la Madrastra de Europa que la inflexibilidad y la codicia no suelen ser buenas consejeras cuando se habla de Democracia.
Aunque pueda parecer que proceden de Alemania todos los males que actualmente nos afligen, es de justicia recordar que los países son habitados por ciudadanos que no tienen que estar necesariamente de acuerdo con las posturas de sus líderes y que en muchos casos, se encuentran posicionados justamente en líneas ideológicas antagónicas, aunque sólo puedan demostrarlo cuando les llega la ocasión de votar y no a diario, como les gustaría.
Al triunfo de Hollande en Francia, se une ahora este giro a la izquierda en el país más involucrado con un Sistema que ha dejado de hablar de personas para referirse únicamente a las cifras y que por medio de sus actuales dirigentes, ha conseguido ganarse la antipatía de todo un Continente, como si en cada alemán habitara un capitalista feroz, con afanes colonialistas incontrolables.
Pero afortunadamente aún mantenemos intacto el modo de elegir a quienes nos gobiernan y los cargos ostentados son perecederos, si así lo decide la fuerza de los votos en las urnas.
Esta grieta que se está abriendo en Europa, primero en Francia y ahora también en parte de Alemania, parece preludiar el principio del fin de una era catastrófica que ha estado convulsionando las vidas de los ciudadanos, hasta dejarlos exhaustos, a los pies de unos mandatarios acostumbrados a pasar `por encima de las necesidades reales de los pueblos y empeñados en elevar a los altares al dios capital, cayera quién cayese.
Nos ha salvado de la Hecatombe que el nivel cultural de los europeos dista de manera superlativa del que tenían en etapas históricas anteriores y que el clima político que respirábamos no se encontraba cerca de las posturas fascistas de otros tiempos. Pero aún así, aún estamos en una posición de dificultad extrema y si no se consigue frenar el ascenso de la tiranía económica que nos gobierna, habría que asumir más pronto que tarde, que nuestras perspectivas de futuro serían de una dureza incalculable.
Sin embargo, si el cambio renano se ve reforzado por una pérdida paulatina de los votos del Partido de Merkel y en los próximos comicios generales cae la dama, se podría esperar que las políticas europeas empezasen un camino distinto y por tanto, que los anhelos de millones de personas se vieran recompensados, como si lo sucedido durante esta agónica crisis sólo hubiera sido un mal sueño.
Esta pérdida tendría que ser suficiente para que los dirigentes de otras naciones se replanteasen con urgencia la fugacidad del poder y se decidiesen a abandonar la ridícula postura de sumisión que mantienen con la líder de Alemania, sin atreverse a protagonizar una oposición coherente, a ninguno de sus designios.
Puede que a partir de hoy, alguno se decida a recuperar la palabra NO como parte de su vocabulario y se empiecen a hacer otras cábalas acerca de nuestros destinos, sin la insoportable opresión de la bota de Merkel sobre nuestras frágiles cabezas.
La fisura, en principio aún pequeña, debe animarnos para tratar de convencer a los más cercanos de que en la vida no existe nada que sea eterno y que las cosas se pueden cambiar, si el empeño es grande y se cree en la fuerza de la unión de los pueblos.
Es de esperar naturalmente, que los perdedores no acepten la derrota como una certeza y que se revuelvan con violencia, tratando de conservar el puesto que ahora ocupan, incluso denostando a sus opositores de manera feroz, si la ocasión lo requiriese.
El tiempo, la gravedad de la situación y los innumerables sacrificios exigidos a los ciudadanos, harán su labor de erosión demostrándoles que la indignación y el abandono tienen un alto precio y al final, no les quedará otro remedio que pagar el montante contraído, en justa devolución a sus actos, como no podría ser de otra manera.
Puede que Merkel recapacite ahora sobre su inflexibilidad y en un acto de contrición, suavice posturas que tan solo hasta ayer proclamaba como inamovibles, pero es muy tarde para ella. Ni su propio pueblo, ni es resto de los europeos, podremos perdonarle jamás las ofensas que nos ha inflingido.
Aunque pueda parecer que proceden de Alemania todos los males que actualmente nos afligen, es de justicia recordar que los países son habitados por ciudadanos que no tienen que estar necesariamente de acuerdo con las posturas de sus líderes y que en muchos casos, se encuentran posicionados justamente en líneas ideológicas antagónicas, aunque sólo puedan demostrarlo cuando les llega la ocasión de votar y no a diario, como les gustaría.
Al triunfo de Hollande en Francia, se une ahora este giro a la izquierda en el país más involucrado con un Sistema que ha dejado de hablar de personas para referirse únicamente a las cifras y que por medio de sus actuales dirigentes, ha conseguido ganarse la antipatía de todo un Continente, como si en cada alemán habitara un capitalista feroz, con afanes colonialistas incontrolables.
Pero afortunadamente aún mantenemos intacto el modo de elegir a quienes nos gobiernan y los cargos ostentados son perecederos, si así lo decide la fuerza de los votos en las urnas.
Esta grieta que se está abriendo en Europa, primero en Francia y ahora también en parte de Alemania, parece preludiar el principio del fin de una era catastrófica que ha estado convulsionando las vidas de los ciudadanos, hasta dejarlos exhaustos, a los pies de unos mandatarios acostumbrados a pasar `por encima de las necesidades reales de los pueblos y empeñados en elevar a los altares al dios capital, cayera quién cayese.
Nos ha salvado de la Hecatombe que el nivel cultural de los europeos dista de manera superlativa del que tenían en etapas históricas anteriores y que el clima político que respirábamos no se encontraba cerca de las posturas fascistas de otros tiempos. Pero aún así, aún estamos en una posición de dificultad extrema y si no se consigue frenar el ascenso de la tiranía económica que nos gobierna, habría que asumir más pronto que tarde, que nuestras perspectivas de futuro serían de una dureza incalculable.
Sin embargo, si el cambio renano se ve reforzado por una pérdida paulatina de los votos del Partido de Merkel y en los próximos comicios generales cae la dama, se podría esperar que las políticas europeas empezasen un camino distinto y por tanto, que los anhelos de millones de personas se vieran recompensados, como si lo sucedido durante esta agónica crisis sólo hubiera sido un mal sueño.
Esta pérdida tendría que ser suficiente para que los dirigentes de otras naciones se replanteasen con urgencia la fugacidad del poder y se decidiesen a abandonar la ridícula postura de sumisión que mantienen con la líder de Alemania, sin atreverse a protagonizar una oposición coherente, a ninguno de sus designios.
Puede que a partir de hoy, alguno se decida a recuperar la palabra NO como parte de su vocabulario y se empiecen a hacer otras cábalas acerca de nuestros destinos, sin la insoportable opresión de la bota de Merkel sobre nuestras frágiles cabezas.
La fisura, en principio aún pequeña, debe animarnos para tratar de convencer a los más cercanos de que en la vida no existe nada que sea eterno y que las cosas se pueden cambiar, si el empeño es grande y se cree en la fuerza de la unión de los pueblos.
Es de esperar naturalmente, que los perdedores no acepten la derrota como una certeza y que se revuelvan con violencia, tratando de conservar el puesto que ahora ocupan, incluso denostando a sus opositores de manera feroz, si la ocasión lo requiriese.
El tiempo, la gravedad de la situación y los innumerables sacrificios exigidos a los ciudadanos, harán su labor de erosión demostrándoles que la indignación y el abandono tienen un alto precio y al final, no les quedará otro remedio que pagar el montante contraído, en justa devolución a sus actos, como no podría ser de otra manera.
Puede que Merkel recapacite ahora sobre su inflexibilidad y en un acto de contrición, suavice posturas que tan solo hasta ayer proclamaba como inamovibles, pero es muy tarde para ella. Ni su propio pueblo, ni es resto de los europeos, podremos perdonarle jamás las ofensas que nos ha inflingido.

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