Durante los años setenta, los jóvenes progresistas españoles ,consideraban como una de sus primeras reivindicaciones la universalización de la enseñanza. Por entonces, la educación era privilegio de unos pocos y solo un 0,3 por ciento de hijos de obreros accedía, por medio de becas, a la Universidad.
El empeño de la dictadura por mantener al pueblo en la ignorancia, estaba empezando a ser contestado y por primera vez, después de muchos años, se hablaba en las asambleas de una enseñanza pública y gratuita, que pusiera en igualdad de condiciones a todos los españoles, independientemente de sus posibilidades económicas, sus creencias o su ideología, otorgándoles unas posibilidades de llegar al conocimiento, que les habían sido vedadas hasta ese momento.
Con la llegada de la Democracia, los sueños de aquellos jóvenes se cumplieron y esto lo acreditó la oportunidad que tuvieron sus hijos para desarrolla sin fronteras sus sueños profesionales, aunque procedieran del más huidle de los hogares de la nación, e independientemente de su ideología.
Nuca pensamos tener que volver a andar el mismo camino, pero los acontecimientos que en el momento actual estamos viviendo, nos vuelven a sacar a las calles, ahora para exigir que se mantenga la universalidad en la enseñanza que con tanto esfuerzo logramos y que no haya nada ni nadie capaz de devolvernos a aquella oscuridad que disponía de nuestros destinos, sólo en función de nuestro origen social, convirtiendo un derecho adquirido con anterioridad, en un privilegio que sólo podrán gozar unos pocos.
Hoy las calles de España se han llenado de profesores, alumnos y ciudadanos en general, absolutamente indignados con los recortes que está llevando a cabo el gobierno conservador, y tratando de preservar un bien común, cuya importancia va mucho más allá de cualquier periodo de crisis, sobre todo porque existe un convencimiento generalizado de que sin formación, estaríamos condenados a retroceder a un modo de vida, que afortunadamente quedó olvidadado, al mismo tiempo que decidimos que nos asistía un derecho pleno a tener acceso al saber.
La gran tragedia que podría avecinarse, si paulatinamente se va privatizando el sector educativo, se halla estrechamente ligada con la Reforma Laboral que nos han impuesto por decreto, ya que difícilmente podrá ningún padre de familia con sueldo inferior a mil euros, costear la entrada en la Universidad de ninguno de sus hijos, y mucho menos embarcarse en un préstamo a devolver después, como en el sistema estadounidense, sobre todo si la precariedad en el empleo permanece, o tiende a crecer, como no es difícil augurar, para los próximos años.
Pareciera que estas clases dirigentes y pudientes, se encuentra bastante empeñada en devolver a su lugar de inferioridad a cualquiera que provenga de un origen humilde, recordándole así que cada cual tiene un estatus predeterminado según dónde nace y que no hay posibilidad de cambiarlo, sin la aquiescencia de quién detenta los poderes de la sociedad, sobre todo el económico.
Y sin embargo, durante años hemos sido capaces de convivir con un sistema distinto y hemos logrado que toda una generación avance y escriba su propio destino, basándose sólo en su esfuerzo.
Nuestros hijos son médicos, ingenieros, abogados e investigadores científicos y han paseado el nombre de este país por el mundo, en igualdad de condiciones con los profesionales salidos de cualquiera de las universidades más prestigiosas, sin que se notara diferencia entre ellos, ni nadie preguntara si sus padres eran de fortuna, o si habían sido universitarios también.
Acabar con la universalidad de nuestra educación, constituiría, sin duda alguna, el mayor atentado perpetrado contra el pueblo español, incluso si lo que reportara el ahorro en esta partida, consiguiera sacarnos de esta crisis eterna, porque aún habiéndola superado, volveríamos a caer en una aún mayor, sustentada en la ignorancia y el oscurantismo, que tardaríamos siglos en reconducir hasta el punto en que lo dejamos, cuando las cosas empezaron a torcerse.
Es por eso fundamental, que el apoyo a esta causa sea unánime, fuerte e indestructible, sin pasos atrás que desestabilicen los principios que nos mueven y que son el auténtico eje de cualquier nación que pretenda seguir avanzando en la historia, con un cierto nivel que permita a sus ciudadanos valerse de su esfuerzo profesional, como único modo de vida.
El manido discursos de que resulta necesario recortar de esta partida, como de la Sanidad, o de cualquier otra que tenga que ver con las áreas sociales, resulta simplemente inadmisible y colma aún más la ira que sacude la espina dorsal de los ciudadanos, que no pueden, en modo alguno, conformarse con esta forma de esclavitud que se les impone por decreto.
Negarse a la ignorancia, es mantener abierto un camino de esperanza para las generaciones futuras, que será en las que ahora habrá que pensar, ya que nuestros gobernantes no parecen pensar en otra cosa que no sea en ellos mismos.
El empeño de la dictadura por mantener al pueblo en la ignorancia, estaba empezando a ser contestado y por primera vez, después de muchos años, se hablaba en las asambleas de una enseñanza pública y gratuita, que pusiera en igualdad de condiciones a todos los españoles, independientemente de sus posibilidades económicas, sus creencias o su ideología, otorgándoles unas posibilidades de llegar al conocimiento, que les habían sido vedadas hasta ese momento.
Con la llegada de la Democracia, los sueños de aquellos jóvenes se cumplieron y esto lo acreditó la oportunidad que tuvieron sus hijos para desarrolla sin fronteras sus sueños profesionales, aunque procedieran del más huidle de los hogares de la nación, e independientemente de su ideología.
Nuca pensamos tener que volver a andar el mismo camino, pero los acontecimientos que en el momento actual estamos viviendo, nos vuelven a sacar a las calles, ahora para exigir que se mantenga la universalidad en la enseñanza que con tanto esfuerzo logramos y que no haya nada ni nadie capaz de devolvernos a aquella oscuridad que disponía de nuestros destinos, sólo en función de nuestro origen social, convirtiendo un derecho adquirido con anterioridad, en un privilegio que sólo podrán gozar unos pocos.
Hoy las calles de España se han llenado de profesores, alumnos y ciudadanos en general, absolutamente indignados con los recortes que está llevando a cabo el gobierno conservador, y tratando de preservar un bien común, cuya importancia va mucho más allá de cualquier periodo de crisis, sobre todo porque existe un convencimiento generalizado de que sin formación, estaríamos condenados a retroceder a un modo de vida, que afortunadamente quedó olvidadado, al mismo tiempo que decidimos que nos asistía un derecho pleno a tener acceso al saber.
La gran tragedia que podría avecinarse, si paulatinamente se va privatizando el sector educativo, se halla estrechamente ligada con la Reforma Laboral que nos han impuesto por decreto, ya que difícilmente podrá ningún padre de familia con sueldo inferior a mil euros, costear la entrada en la Universidad de ninguno de sus hijos, y mucho menos embarcarse en un préstamo a devolver después, como en el sistema estadounidense, sobre todo si la precariedad en el empleo permanece, o tiende a crecer, como no es difícil augurar, para los próximos años.
Pareciera que estas clases dirigentes y pudientes, se encuentra bastante empeñada en devolver a su lugar de inferioridad a cualquiera que provenga de un origen humilde, recordándole así que cada cual tiene un estatus predeterminado según dónde nace y que no hay posibilidad de cambiarlo, sin la aquiescencia de quién detenta los poderes de la sociedad, sobre todo el económico.
Y sin embargo, durante años hemos sido capaces de convivir con un sistema distinto y hemos logrado que toda una generación avance y escriba su propio destino, basándose sólo en su esfuerzo.
Nuestros hijos son médicos, ingenieros, abogados e investigadores científicos y han paseado el nombre de este país por el mundo, en igualdad de condiciones con los profesionales salidos de cualquiera de las universidades más prestigiosas, sin que se notara diferencia entre ellos, ni nadie preguntara si sus padres eran de fortuna, o si habían sido universitarios también.
Acabar con la universalidad de nuestra educación, constituiría, sin duda alguna, el mayor atentado perpetrado contra el pueblo español, incluso si lo que reportara el ahorro en esta partida, consiguiera sacarnos de esta crisis eterna, porque aún habiéndola superado, volveríamos a caer en una aún mayor, sustentada en la ignorancia y el oscurantismo, que tardaríamos siglos en reconducir hasta el punto en que lo dejamos, cuando las cosas empezaron a torcerse.
Es por eso fundamental, que el apoyo a esta causa sea unánime, fuerte e indestructible, sin pasos atrás que desestabilicen los principios que nos mueven y que son el auténtico eje de cualquier nación que pretenda seguir avanzando en la historia, con un cierto nivel que permita a sus ciudadanos valerse de su esfuerzo profesional, como único modo de vida.
El manido discursos de que resulta necesario recortar de esta partida, como de la Sanidad, o de cualquier otra que tenga que ver con las áreas sociales, resulta simplemente inadmisible y colma aún más la ira que sacude la espina dorsal de los ciudadanos, que no pueden, en modo alguno, conformarse con esta forma de esclavitud que se les impone por decreto.
Negarse a la ignorancia, es mantener abierto un camino de esperanza para las generaciones futuras, que será en las que ahora habrá que pensar, ya que nuestros gobernantes no parecen pensar en otra cosa que no sea en ellos mismos.

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