miércoles, 30 de mayo de 2012

Pacto de silencio

Dimite el Gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, y se va diciendo que guardará silencio sobre el asunto de Bankia, porque se lo ha pedido el Gobierno.
La noticia nos deja un poco descuadrados, sobre todo porque nos sorprende la complacencia del dimisionario para con quienes han forzado su salida, como si todas las críticas que sobre su persona vertieron fueran ciertas o se acercaran bastante a lo sucedido, dentro de la mencionada entidad.
Se va, ninguneando a los españoles, que siguen queriendo que alguien les explique minuciosamente lo que ha ocurrido en el antiguo reino de Rodrigo Rato, sobre todo desde que se les ha informado de la necesidad de continuar sacrificándose para aportar los 23.000 millones que Bankia necesita para ser reflotada, como si la responsabilidad del hundimiento fuera de la ciudadanía y no tuviera nombres y apellidos escritos en la frente.
Se va, presumiendo de discreción, como si la información que guarda se tratara de un Secreto de Estado, cuya difusión pudiera acarrear inenarrables consecuencias y no de la espantosa gestión de una serie de conocidísimos economistas, que hace tan sólo un año presumían de haber cerrado con beneficios la primera etapa de su mandato.
Pero ¿qué ha ocurrido realmente en Bankia para que el Gobierno suplique a quién hasta ayer era blanco de feroces críticas, que se abstenga de mencionar el asunto, como temiendo una narración que pudiera poner en peligro su propia estabilidad, o tal vez la implicación directa de su Partido, en este oscuro entramado que aún desconocemos?
¿Qué oscuros intereses mueven al ejecutivo para presionar a alguien a quién han forzado a dimitir y a cambio de qué elige Fernández Ordóñez permanecer en silencio?
¿Por qué la oposición no exige con toda la inmediatez que sería de esperar una explicación de estos extraños sucesos, sabiendo como sabe, que las explicaciones del ex gobernador podrían acabar con la poca credibilidad que aún le queda al ejecutivo de Rajoy y al de la Comunidad de Madrid, encabezado por Esperanza Aguirre?
Lo decíamos hace unos días: la verdad ha perdido toda su importancia en este país nuestro y la manipulación se impone cada vez más en las altas esferas, como un arma letal moderna que aniquila cualquier posibilidad de llegar al fondo de los asuntos presuntamente fraudulentos.
Porque ahora parece que no será posible la comparecencia de Fernándeza Ordóñez ante el parlamento y a los españoles se nos vuelve a hurtar el derecho a una información que nos afecta en primera persona, sobre todo si se es cliente de esta entidad, cuyo futuro se encuentra en una cuerda floja a punto de romperse, arrastrando con ella nuestros ahorros de toda una vida.
Convertir en asunto de máxima importancia la situación de un organismo bancario, por muy fuerte que haya sido éste a nivel nacional, no deja de resultar altamente sospechoso y hasta tendencioso, ya que invita a elucubrar sobre la auténtica realidad del asunto que tanto empeño se tiene en callar, e incluso a presentir un fatal desenlace que se nos oculta pertinazmente, intentando evitar una nueva protesta ciudadana.
Nadie nos garantiza tampoco que vayamos a conocer el informe que emitan los enviados europeos, cuando terminen el trabajo que les ha traído aquí, ni que nuestro escurridizo Presidente se digne alguna vez a decir la verdad, aunque sea en una de esas ruedas de prensa que organiza en el extranjero, con lo cual nos tememos que nunca sabremos lo que ocurrió con Bankia, ni mucho menos se exigirán responsabilidades a nadie por su estrepitoso fracaso.
Y sin embrago, a pesar del silencio, la inteligencia de los ciudadanos aún es capaz de leer entre líneas y asociar ciertos nombres a todo lo ocurrido, sin necesidad de que nadie rompa el maldito pacto de silencio.
Lo sabemos y es de justicia, ya que se nos obliga a pagar los platos rotos, que lo propaguemos y critiquemos hasta que nos hartemos de hacerlo.



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