martes, 29 de mayo de 2012

Credibilidad cero

No se corresponden en absoluto las declaraciones de Rajoy, con la percepción que se tiene del problema de España ni fuera de nuestras fronteras, ni tampoco a los ojos de los españoles.
Mientras en sus últimas apariciones, el Presidente insiste en negar la posibilidad de un rescate económico para nuestro país, la tristemente famosa prima de riesgo se coloca en el más alto nivel conocido hasta ahora y la bolsa se hunde, seriamente afectada por asuntos turbios, como el de Bankia, que todo el mundo sabe estrechamente relacionado con conocidos militantes del Partido en el poder.
La opinión de otros líderes europeos y de muchos de los dirigentes financieros de la Unión, tampoco coincide con la perspectiva real o ficticia que se muestra a los ciudadanos y todo apunta a que la situación se halla en un punto infinitamente peor, aunque a diario se trate de convencernos de que las medidas que se van adoptando serán suficientes para capear el temporal de la crisis.
El país anda en pie de guerra, con los estudiantes encerrados en los recintos universitarios, protagonizando una prolongada huelga en contra de las subidas de las tasas y los recortes que en educación, ha propuesto el ejecutivo popular. Los docentes y los sanitarios, protagonizan a diario paros parciales en defensa de la universalidad tambaleante de las instituciones a las que pertenecen y las cifras de desempleados siguen subiendo, como consecuencia directa de la entrada en vigor de la implacable, e inservible reforma laboral, que se nos ha impuesto por decreto.
No hay recursos, y los pocos que quedan se ven continuamente abocados a subsanar los agujeros negros que va dejando la banca de la avaricia salpicados por toda la geografía del país, y cuya redención parece haber sido adjudicada, tiránica e injustamente, a los trabajadores de la función pública, que por segunda vez han visto mermados sus salarios por un Estado que prioriza la supervivencia de Entidades deficitarias a causa de la mala gestión de sus dirigentes, mientras sacrifica sin piedad a los ciudadanos honrados, privándolos de lo que ganaron con su esfuerzo.
Este gobierno, que entró en escena dilapidando al anterior y auto proclamándose defensor de los derechos del pueblo, a sólo cinco meses de iniciar su andadura, se ha quedado sin credibilidad y ya no sabe qué decir, para tratar de ocultar su rotundo fracaso.
Tal vez pensaban que al ser la dirigente alemana correligionaria de su ideario, Europa pasaría por alto las múltiples alteraciones de los estados de cuentas que se han ido después produciendo y que los sonados casos de corrupción que se han destapado en estos meses, encontrarían cierta comprensión en quienes coincidían, por principios, con el ideario popular.
Estaban equivocados, y lo prueba que se hayan enviado auditores extranjeros para esclarecer las cuentas de Bankia, como si la palabra de quién dirige nuestros destinos, hubiera perdido todo su valor y necesitara ratificación para ser tomada en serio por sus socios europeos.
El ocultismo y la manipulación suelen traer exactamente estas consecuencias. La prepotencia de creer que se es capaz de convencer con verdades a medias a cualquier interlocutor que se tenga enfrente, a menudo es una presunción excesiva, que termina por ser engullida por la precipitación de los acontecimientos, dejando al descubierto las estrategias mal fraguadas de quienes, por principio, ponen en duda la inteligencia de los que les rodean.
En toda la historia de la Democracia, nunca se había conocido un fracaso mayor fraguado en un tiempo tan corto, ni los electores habían sido víctimas de un fiasco tan enorme, ni el país había recorrido tanto trecho hacia atrás, como el que se ha recorrido en estos cinco meses. Ningún otro Presidente había conocido una soledad mayor en tan pocos día, ni ningún partido se había atrevido a atacar tan fuertemente a la ciudadanía, en cosas tan fundamentales para ella.
Así que habrá que temerse finalmente, que el rescate será necesario, ya que hemos decidido casi por unanimidad que no creemos una palabra de cuanto se nos cuenta desde cualquier instancia gubernativa, y habrá que empezar a pensar que tal vez lleguemos a vernos en una situación muy parecida a la que atraviesa el pueblo griego, aunque probablemente se nos disfrace la verdad, pretendiendo que no somos capaces de entender una sola palabra de lo que se nos dice.




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