La alegría de los europeos por la victoria de Hollande en Francia, se ha visto empañada por los resultados de los comicios griegos, que han puesto casi imposible la tarea de formar gobierno a todos los partidos políticos que acudieron ayer a las urnas.
El esperado fracaso del PASOC, que llevaba las riendas del país cuando se produjo la intervención europea, no parece suficiente castigo al sufrido pueblo griego, que ha alzado su voz por medio de los votas, en muchas y variopintas direcciones, sin llegar a identificarse totalmente con alguna de las ideologías que comparten su arco político.
La terrible situación que ha venido padeciendo Grecia en los últimos tiempos, hasta el punto de conducir a un gran número de sus ciudadanos al mismísimo umbral de la pobreza, ha conseguido finalmente radicalizar las posturas, dejando como saldo un ascenso de la ultra derecha y la ultra izquierda, que entran con fuerza en un Parlamento deshecho por las múltiples sacudidas que ha sufrido a causa de la crisis.
Más que preocupante resulta la consolidación del grupo neonazi Amanecer Dorado, que ha aprovechado el caldo de cultivo que ha dejado el rastro de la injusticia, para potenciar sin recato posturas de xenofobia muy parecidas a las que ya se dieron en Alemania durante la época de Hitler.
No se entiende que este tipo de formaciones sigan amparadas por la legalidad en los países democráticos, que harían bien en echar de vez en cuando una mirada a la historia, para evitar que hechos luctuosos como los que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial pudieran llegar a repetirse, aprovechando la desesperación del desampara en que ha quedado la gente, después de este ciclón mortal de sinrazón, que ha puesto la economía por encima del género humano y los números por encima de los sentimientos.
En cualquier época de fatalidad florecen como hongos este tipo de fanáticos salvadores, que con la fuerza de unas promesas casi siempre exclusivas para determinados grupos raciales, consiguen arrastrar a los ingenuos a las urnas para empezar a conseguir el poder de manera legítima. Lo que ocurre después, se ha comprobado, es que se va anulando la legalidad a golpe de decreto y se pasa a la acción, casi siempre violenta, que termina por exterminar a todos aquellos que por religión, pensamiento o raza, no asienten sumisamente a cuánto les es ordenado por ese poder.
Sólo medio siglo nos separa de las atrocidades de los campos de exterminio y el hombre no parece haber aprendido nada de todo aquel horror de innumerables consecuencias. Quién vota a estos partidos, sería una incógnita de difícil respuesta, pero si se permite que siga su auge hasta que alcancen posiciones de cierta responsabilidad política, nadie podría predecir qué clase de futuro nos aguardaría, ni quiénes podrían ser las próximas víctimas de esta locura colectiva que debió morir con sus primeros líderes, sin posibilidad de resurgir jamás.
Hollande tendría pues que empezar su recorrido europeo teniendo que afrontar una nueva crisis en Grecia y hasta puede que se produzca en un futuro no muy lejano, un abandono del euro por parte de esta nación rota, que camina sin rumbo por la cuerda floja de la indecisión y el miedo.
Y aunque está claro que nada es perfecto, no se puede evitar mirar con cierta lástima hacia Grecia, mientras se celebra con esperanza el cambio político francés y se espera que todo se vaya reconduciendo hacia el camino de la cordura.
El esperado fracaso del PASOC, que llevaba las riendas del país cuando se produjo la intervención europea, no parece suficiente castigo al sufrido pueblo griego, que ha alzado su voz por medio de los votas, en muchas y variopintas direcciones, sin llegar a identificarse totalmente con alguna de las ideologías que comparten su arco político.
La terrible situación que ha venido padeciendo Grecia en los últimos tiempos, hasta el punto de conducir a un gran número de sus ciudadanos al mismísimo umbral de la pobreza, ha conseguido finalmente radicalizar las posturas, dejando como saldo un ascenso de la ultra derecha y la ultra izquierda, que entran con fuerza en un Parlamento deshecho por las múltiples sacudidas que ha sufrido a causa de la crisis.
Más que preocupante resulta la consolidación del grupo neonazi Amanecer Dorado, que ha aprovechado el caldo de cultivo que ha dejado el rastro de la injusticia, para potenciar sin recato posturas de xenofobia muy parecidas a las que ya se dieron en Alemania durante la época de Hitler.
No se entiende que este tipo de formaciones sigan amparadas por la legalidad en los países democráticos, que harían bien en echar de vez en cuando una mirada a la historia, para evitar que hechos luctuosos como los que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial pudieran llegar a repetirse, aprovechando la desesperación del desampara en que ha quedado la gente, después de este ciclón mortal de sinrazón, que ha puesto la economía por encima del género humano y los números por encima de los sentimientos.
En cualquier época de fatalidad florecen como hongos este tipo de fanáticos salvadores, que con la fuerza de unas promesas casi siempre exclusivas para determinados grupos raciales, consiguen arrastrar a los ingenuos a las urnas para empezar a conseguir el poder de manera legítima. Lo que ocurre después, se ha comprobado, es que se va anulando la legalidad a golpe de decreto y se pasa a la acción, casi siempre violenta, que termina por exterminar a todos aquellos que por religión, pensamiento o raza, no asienten sumisamente a cuánto les es ordenado por ese poder.
Sólo medio siglo nos separa de las atrocidades de los campos de exterminio y el hombre no parece haber aprendido nada de todo aquel horror de innumerables consecuencias. Quién vota a estos partidos, sería una incógnita de difícil respuesta, pero si se permite que siga su auge hasta que alcancen posiciones de cierta responsabilidad política, nadie podría predecir qué clase de futuro nos aguardaría, ni quiénes podrían ser las próximas víctimas de esta locura colectiva que debió morir con sus primeros líderes, sin posibilidad de resurgir jamás.
Hollande tendría pues que empezar su recorrido europeo teniendo que afrontar una nueva crisis en Grecia y hasta puede que se produzca en un futuro no muy lejano, un abandono del euro por parte de esta nación rota, que camina sin rumbo por la cuerda floja de la indecisión y el miedo.
Y aunque está claro que nada es perfecto, no se puede evitar mirar con cierta lástima hacia Grecia, mientras se celebra con esperanza el cambio político francés y se espera que todo se vaya reconduciendo hacia el camino de la cordura.

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