jueves, 8 de marzo de 2012

Sin un claro pronóstico

Muy convencido está el Partido Popular de su triunfo en las elecciones andaluzas, sobre todo ahora que las encuestas dicen que rozará la mayoría absoluta, aunque aún no ha empezado una campaña electoral, que promete ser voraz, sobre todo por parte de los dos grupos mayoritarios.
La sombra de los ERE, se cierne tétricamente sobre los socialistas, recordando a los españoles que la corrupción en la política, hace tiempo que dejó de ser sólo patrimonio de la derecha y será difícil obviar este delito en los mítines, sobre todo porque Arenas y compañía, se encargarán de estar recordándolo a todas horas, en cuanto se suban a los púlpitos, en cada una de nuestras ciudades y pueblos.
Nada hay que moleste más al personal, que saber que le roban el dinero, sobre todo cuando este robo esconde una trama bien orquestada de mentiras encadenadas, que tratan de hacer aparecer al contribuyente como un tonto de capirote, a quién nada le importa lo que se haga con su aportación al Estado, aunque los fondos se desvíen para el enriquecimiento personal de unos cuantos avispados con ansias de poder.
Este gravísimo error, va a costar a los socialistas un precio muy alto, aunque si juegan bien sus cartas y, a la desesperada, se encargan de informar con claridad meridiana a los ciudadanos, de adónde pueden acabar llevando las últimas medidas adoptadas por el gobierno, ni su derrota será tan abultada, ni el triunfo de los otros tan cierto.
Parece que va subiendo Izquierda Unida en las previsiones de voto, y no es de extrañar, porque Andalucía nunca ha sido de derechas, y de no ser por las barrabasadas cometidas en tantos años de poder por los cabecillas del PSOE, no existiría ninguna posibilidad para los conservadores, en esta tierra, que hasta ahora siempre ha sido la gran olvidada, cuando han estado en el poder.
Los andaluces tenemos demasiados malos recuerdos de los poderosos, que durante siglos nos esclavizaron en sus inmensos latifundios, explotando el sudor de nuestras frentes en beneficio de sus arcas y condenándonos a la ignorancia, al negarnos el acceso a la cultura, mientras se dedicaban a adjudicarnos una fama de vagos graciosillos, que nunca se correspondió realmente, con la realidad de nuestra triste historia.
Si al final les concedemos nuestros votos, será más por enojo que por esperanza, y hacen mal los que ya dan la victoria por hecha, porque en cualquier momento, de aquí al día de los comicios, cualquier acontecimiento podría hacernos volver a nuestra tendencia natural, dejando con un palmo de narices al repetidor Arenas, que ha echado canas perdiendo elecciones, sin darse nunca por vencido.
Nada hace sin embargo augurar, que el PP vaya a hacer por Andalucía ninguna cosa extraordinaria y si nos cernimos únicamente a los hechos, lo más probable es que si al final llegan al poder en esta tierra, esto acabe por convertirse en una llave que abra un montón de nuevas puertas peligrosas, que acaben de enterrar los pocos derechos que aún nos quedan, no sólo a los andaluces, sino a los españoles en general.
Pero aún el destino es incierto y ahora nos disponemos a contemplar la mejor cara de cada uno de nuestros políticos y también al monstruo que, a la vez, llevan dentro.
Vuelve a empezar el circo de las engañosas promesas y, en los próximos días, nos tocará analizar cada una de ellas con lupa, a ver si descubrimos los engaños, antes que ya no tengan remedio.
La pluma está preparada, lo prometo.

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