Retomo la rutina de trabajo con la facilidad que suele traer implícito un estado de ánimo pleno.
Como ya esperaba, no resulta excesivamente complicado volver al ruedo informativo, pues las novedades que han ocurrido en mi ausencia son pocas y ninguno de nuestros problemas ha encontrado una solución milagrosa, que nos haga salir airosos de la multitud de vicisitudes que rodean nuestra vida diaria y que, de alguna manera, son casi una costumbre.
Parece que en Bruselas le han enmendado la plana a Rajoy, ensalzando. Además, la gestión del gobierno de Zapatero, cosa que muy probablemente le habrá provocado, como mínimo, una crisis gástrica de proporciones incalculables, teniendo en cuenta la sarta de improperios que él y toda su camarilla, han estado vertiendo durante la pasada campaña electoral, mientras intentaban convencernos de que no era ése el camino para conseguir dar fin a la prolongada crisis que nos azota.
Por otro lado, queda claro para quién aún lo dudase, que la justicia en España no es, en modo alguno, igual para todos, desde el mismo momento en que se desdeña investigar a la infanta Cristina, por el caso Urdangarín, pretendiendo que la ciudadanía pase a creer que esta señora permanecía en una ignorancia supina, mientras su marido hacía y deshacía una serie de negocios, de cuyo beneficio, por cierto, ingresaba ingentes cantidades de dinero, que reportaban a la familia completa un tren de vida, difícil de explicar estando la honradez de por medio.
Una de dos: o la infanta es de una candidez propia de una niña de cuatro años, o quizá prefería no preguntar el origen de sus fuentes de ingreso, o no convive, en verdad, con su marido, o su nivel de riqueza personal es tal, que las cifras que se barajan en este caso son pecata minuta comparadas con las que se suelen barajar cuando se procede de la realeza, cosa que no sabemos los españolitos de a pie, ya que nunca se nos ha permitido estar al tanto del auténtico patrimonio que posee la familia real, individualmente, o en su conjunto.
Empezamos a temernos que al final, el señor Urdangarín acabará siendo inocente, a criterio de los jueces, de cuánto se le imputa y que todo el alboroto que se ha montado con esta trama de corrupción y evasión de capitales, quedará reducido a la nada, tal como en muchos otros casos cercanos, ha sucedido, sin que llegue a esclarecerse jamás qué destino se ha dado a lo robado y, sin que se exija su inmediata restitución a los autores del delito.
Da la impresión de que el único delincuente del país era el defenestrado juez Garzón, y que una vez desaparecido el peligro que suponía su trabajo en los tribunales, los demás son una especie de hermanas de la caridad y unos ciudadanos ejemplares, sin mancha alguna en sus impecables expedientes.
La ex ministra Salgado, ya ha encontrado trabajo en Endesa, con una facilidad envidiable para los padres de familia que lo intentan durante meses y años, sin conseguirlo,
Claro que ellos nunca estuvieron en ningún gobierno.Como ya esperaba, no resulta excesivamente complicado volver al ruedo informativo, pues las novedades que han ocurrido en mi ausencia son pocas y ninguno de nuestros problemas ha encontrado una solución milagrosa, que nos haga salir airosos de la multitud de vicisitudes que rodean nuestra vida diaria y que, de alguna manera, son casi una costumbre.
Parece que en Bruselas le han enmendado la plana a Rajoy, ensalzando. Además, la gestión del gobierno de Zapatero, cosa que muy probablemente le habrá provocado, como mínimo, una crisis gástrica de proporciones incalculables, teniendo en cuenta la sarta de improperios que él y toda su camarilla, han estado vertiendo durante la pasada campaña electoral, mientras intentaban convencernos de que no era ése el camino para conseguir dar fin a la prolongada crisis que nos azota.
Por otro lado, queda claro para quién aún lo dudase, que la justicia en España no es, en modo alguno, igual para todos, desde el mismo momento en que se desdeña investigar a la infanta Cristina, por el caso Urdangarín, pretendiendo que la ciudadanía pase a creer que esta señora permanecía en una ignorancia supina, mientras su marido hacía y deshacía una serie de negocios, de cuyo beneficio, por cierto, ingresaba ingentes cantidades de dinero, que reportaban a la familia completa un tren de vida, difícil de explicar estando la honradez de por medio.
Una de dos: o la infanta es de una candidez propia de una niña de cuatro años, o quizá prefería no preguntar el origen de sus fuentes de ingreso, o no convive, en verdad, con su marido, o su nivel de riqueza personal es tal, que las cifras que se barajan en este caso son pecata minuta comparadas con las que se suelen barajar cuando se procede de la realeza, cosa que no sabemos los españolitos de a pie, ya que nunca se nos ha permitido estar al tanto del auténtico patrimonio que posee la familia real, individualmente, o en su conjunto.
Empezamos a temernos que al final, el señor Urdangarín acabará siendo inocente, a criterio de los jueces, de cuánto se le imputa y que todo el alboroto que se ha montado con esta trama de corrupción y evasión de capitales, quedará reducido a la nada, tal como en muchos otros casos cercanos, ha sucedido, sin que llegue a esclarecerse jamás qué destino se ha dado a lo robado y, sin que se exija su inmediata restitución a los autores del delito.
Da la impresión de que el único delincuente del país era el defenestrado juez Garzón, y que una vez desaparecido el peligro que suponía su trabajo en los tribunales, los demás son una especie de hermanas de la caridad y unos ciudadanos ejemplares, sin mancha alguna en sus impecables expedientes.
La ex ministra Salgado, ya ha encontrado trabajo en Endesa, con una facilidad envidiable para los padres de familia que lo intentan durante meses y años, sin conseguirlo,
Seguimos sin ser escuchados, en las calles, en justa reclamación de nuestros sustraídos derechos, haciendo cuentas para llegar a fin de mes y a la espera de nuevas decisiones que nos hagan la vida aún más difícil.
Pero ésto no representa ninguna novedad, ni le importa a ninguno de nuestros políticos, aunque ya sabíamos de su sordera crónica y por eso no nos extraña.

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