domingo, 25 de marzo de 2012

La victoria inutil

A pesar de ganar, por la mínima, las elecciones en Andalucía, el Partido Popular mira asombrado cómo todas sus expectativas de gobierno se desmoronan estrepitosamente, ante una posible coalición de izquierdas, que convierte las tierras del sur en un foco de resistencia, frente al gobierno conservador de Rajoy.
Ya habíamos dicho en varias ocasiones que la ínfulas conservadoras eran exageradas, porque Andalucía nunca fue de derechas y también que los votos de las generales habían sido producto de la indignación almacenada contra las decisiones de Zapatero, pero que la mirada crítica de esta tierra milenaria, analizaría con minuciosidad las medidas que se tomaran desde Madrid, asintiendo o desaprobando en las urnas, la gestión que durante estos cuatro meses, llevaran a cabo los populares.
La voz de los ciudadanos ha sido clara y contundente, otorgando la llave del poder en los próximos años a un partido, hasta ahora minoritario, de corte progresista, que a la vez de romper el bipartidismo inexpugnable, trae consigo un giro a la izquierda, que garantiza las prestaciones sociales y que está más cerca de los problemas que azotan a la sociedad, en estos duros tiempos de crisis.
Izquierda Unida, ha dejado al señor Arenas, que ya saboreaba con cierta soberbia una victoria sobrada, con dos palmos de narices y ha tirado por la borda, nuevamente, sus sueños de poder, colocándolo, no ya en manos de la social democracia de los socialistas, sino en pos de una política más radical contra su formación, de la que podría considerarse enemiga ancestral e irreconciliable.
La Reforma Laboral de Rajoy, ha empezado a pagar su precio y las masas populares, tan ignoradas por las altas instancias, en esta etapa de dictadura financiera, retoman la grandeza de la democracia, haciéndose oír de la única manera que pueden: a través de las urnas.
De nada ha valido la campaña populista con la que los líderes conservadores se han dedicado a recorrer a pie los pueblos y barrios de Andalucía, intentando convencer a sus habitantes de que formaban parte de las clases populares, ni la estrategia de propagar una especie de cambio necesario que les convirtiera en monarcas absolutos de la nación, ni la más que posible manipulación de las encuestas, dando por hecho un triunfo, que impulsaba al ciudadano a la desidia de no acudir a las urnas, ni la renuncia a debatir con los otros contendientes, a los que ya consideraban de antemano, perdedores que no merecían su atención.
Esta victoria inútil, que no les permitirá gobernar, es la cura de humildad necesaria para no dar por sentado nada de antemano, una lección magistral de que la voluntad de los pueblos es indomable y una prueba de que la manipulación no es posible cuando hace tiempo que se salió de la ignorancia.
Tendrán que reflexionar sobre la pérdida de cuatrocientos mil votos en Andalucía, en sólo cuatro meses de gobierno, y andarse con cuidado sobre posibles medidas futuras, sabiendo ahora que aún les queda algo de oposición en esta tierra.
La sombra de la huelga general, que dentro de sólo cuatro días ensombrecerá las calles de nuestros pueblos y ciudades, tiene hoy su mayor aliado en estos resultados electorales, tan poco esperados por los que ya creían poseerlo todo. Los trabajadores y los parados del país, han empezado hoy a contrarrestar la política inaceptable que se nos impone por decreto, dejando bastante claro que esta batalla puede ganarse y que hay herramientas para hacerlo.
El rostro taciturno de Javier Arenas mientras “celebraba” su victoria, no necesita más ilustración que la que ya ofrece por sí mismo. Quizá haya aprendido hoy que las predicciones nunca tuvieron base científica y que la alegría puede transformarse, en un instante, en amargura, sólo con dar algunos pasos en la dirección incorrecta.
Ahora esperamos que la sed de venganza no se imponga sobre la razón y que los andaluces no se vean privados del “favor” de Madrid, por su decisión de haber discrepado abiertamente de los dictámenes de sus dirigentes. Ya se vivió, con Aznar, una situación como ésta y, todavía, a la vista está, sus herederos lo están pagando.

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