lunes, 19 de marzo de 2012

Papelotes

Me encuentro esta mañana el buzón de casa lleno de propaganda electoral, de todo signo y condición, personalizada con los nombres de cada uno de los miembros de mi familia, y sin ahorrar en detalles coloristas, claramente dirigidos a atraer la atención del personal, si su intención de voto aún no estuviera decidida.
Agarro uno de esos cabreos mayestáticos sólo con pensar en el gasto empleado en estos menesteres, con la que está cayendo en el país, y me tomo la licencia de depositar de un plumazo en la papelera tan contaminante propaganda, aún a sabiendas de que, seguramente, parte de su costo ha salido de mi propio bolsillo.
No me molesto en leerla, porque mi confianza en los políticos no está, precisamente, en su mejor momento y porque hace ya tiempo que me resulta bastante desagradable comprobar, que ninguna de las cosas que prometían en estos panfletos que nos envían a domicilio se ha cumplido y que, además, una vez obtenido el resultado que de nosotros, pobres votantes, se esperaba, volvemos a ser un cero a la izquierda al que nadie presta atención, hasta unos próximos comicios.
Toda esta parafernalia propagandística, que adorna las calles con los rostros super retocados de los cabezas de lista y salpica las ciudades de mítines, ahora aparentemente improvisados, muy al estilo de los norteamericanos, acaba por resultar excesivamente caro para el contribuyente, al que luego basta con volver a subir los impuestos, para sufragar estos gastos, mayormente inútiles en sí, pues quién más y quién menos sabe muy bien cuál es su tendencia y a quién votará, volviendo a perdonar nuevamente los desmanes cometidos, en los últimos cuatro años.
A lo mejor han sacado el dinero de la partida de gastos militares, ya que este año se ha decidido suprimir el desfile del día de las fuerzas armadas, y los actos sociales que conllevaba la celebración de este acto, con la familia real a la cabeza y toda la corte política y sus respectivos acompañantes.
Pero, aunque así fuera, no está la nación para despilfarro alguno y sería bueno, por una vez, prescindir de propagandas hueras, que no hacen otra cosa que ocupar sitio en las papeleras públicas, sin que nadie se moleste en prestar atención a los manidos contenidos que guardan los sobres de los partidos, ni en mirar siquiera los nombres de unos señores que, en todos los casos, menos en los de los cabezas de lista, son mero ornamento sin voz ni voto, que se limitan a estar sentados detrás de sus líderes, asintiendo a cuanto dicen cada vez que pronuncian un discurso y aplaudiendo a rabiar cuando terminan, como si sentaran cátedra cada vez que se dirigen a una audiencia.
De lo verdaderamente importante, que es el paro que nos azota, todos hablan, aunque nadie consigue reducirlo. No es de extrañar, si se utilizan los dineros presupuestados en fiestas como la que nos ocupa, en lugar de emplearse en crear, aunque sea de uno en uno, puestos que saquen de las listas del INEM a los sufridos españoles, cuya paciencia está a punto de agotarse, sobre todo ante la ineficacia que en este problema demuestran, todos y cada uno de sus representantes.
El Domingo, si nada se interpone, iremos los andaluces a las urnas y ya se verá cuál será el resultado de las votaciones, con o sin propaganda electoral de por medio y únicamente guiados por nuestras conciencias.
A ver si se enteran de una vez que hemos crecido y que no nos hacen falta tutores que nos guíen como a corderos hacia los colegios electorales, porque hace tiempo que aprendimos a pensar y a decidir, sin la influencia de ninguno de ellos.


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