martes, 6 de marzo de 2012

Reacción en cadena

Ahora que el gobierno griego había decidido acatar los durísimos recortes que se le imponían desde Europa, para poder conseguir un segundo rescate, la larga sombra de la quiebra vuelve a proyectarse sobre el país, si no llega a encontrarse quien financie la operación, en un corto plazo de tiempo.
Dirigida por un ex banquero, que no ha pasado por el trámite de las urnas, la madre de la democracia se debate entre estertores de agonía, esperando la caridad de los organismos financieros que palien en cierta medida su desastrosa situación, sin recordar que los bancos no tienen corazón y sacudida por una clamorosa negativa popular a cualquier iniciativa que provenga de fuera de sus propias fronteras.
Pero la quiebra griega provocaría una inmediata reacción en cadena, que traería para Italia y España la necesidad de ser rescatadas, sin que se tenga momentáneamente ninguna seguridad, de que los responsables del dinero, estuvieran dispuestos a hacer frente a estos rescates y con la incertidumbre de qué podría ocurrir, si la negativa afectara también, a los italianos y a nosotros mismos.
Contaba el Partido Popular, antes de llegar al poder, que la solución de la crisis que nos envuelve estaba en sus manos y que en cuanto se hicieran cargo de la gestión de nuestro país, todo sería diferente, pero hasta ahora, ni siquiera con el desastroso gobierno de Zapatero, habíamos estado tan cerca de la bancarrota y la labor de los populares, a más de tres meses desde su toma de posesión, no ha traído sino más desgracias, a este bendito pueblo que, probablemente por ignorancia, puso su destino en tan malas manos.
De nada han servido la subida del IRPF, ni la innombrable reforma laboral que nos han impuesto por decreto, ni los muchos recortes sobre la partida de lo social, que han mermado considerablemente nuestra calidad de vida. Suben las cifras del paro y la avaricia insaciable de los dueños de los capitales, no se ve resarcida con ninguna de estas medidas desoladoras para el grueso de la población y exige una parte mayor de un pastel, que ya empezaron a comerse en la etapa anterior, sin que nadie ponga freno a su voracidad, con una negativa contundente a sus ínfulas de colonialismo.
Y mientras los ciudadanos se van acercando cada vez más a la pobreza, los causantes reales de la crisis van volviendo paulatinamente a su antigua opulencia, a costa del sacrificio de los pueblos y con la aquiescencia de unos políticos absolutamente entregados a un servilismo vergonzoso, que nada tiene que ver con ideologías, ni formas de pensamiento.
El Lehman Brothers, por ejemplo, ya anuncia hoy a bombo y platillo su salida de la quiebra, sin aclarar los métodos utilizados para ello, después de que en 2008 se destapara como uno de los bancos que originaron, con sus maniobras fraudulentas, cuánto ha acontecido después, y sin que nadie, que se sepa, le haya exigido el pago de su parte de responsabilidad en la mayor crisis conocida en la historia, o lo haya, directamente, llevado a los tribunales, para que cuántos hemos contribuido con nuestro esfuerzo a su salida de la quiebra, recuperemos, con intereses, lo que hemos desembolsado desde entonces.
Después de esto ¿qué esperanza nos queda de poder resurgir de la nada para volver a incorporarnos a un mundo, que pone nuestro esfuerzo al servicio de los magnates, comerciando con nuestra integridad, a favor de los mercados y no de los individuos?
La esperanza de un futuro mejor es prácticamente nula, si todo se sigue orientando, únicamente, en la dirección que marcan los que comercian con el poder, obviando cualquier participación de las personas que conforman los pueblos.
No cabe mayor tristeza que ser anulado por el dinero y esclavizado por quienes lo poseen.

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