jueves, 22 de marzo de 2012

Carta abierta a Javier Arenas

Como nunca tendré oportunidad de conocerle, utilizo este medio para enviarle un mensaje personal, que de otro modo, me sería imposible hacer llegar a sus manos.
Empezaré diciendo que soy mujer y madre de dos hijas. Por tanto, me siento directamente aludida por las declaraciones que usted hace al diario El Mundo, en las que propone una serie de ayudas para nosotras, que según su opinión, nos colocarían en un lugar de privilegio y con las que seríamos infinitamente más felices.
Este lugar no es otro- para usted- que el hogar, donde podríamos realizarnos ejerciendo el papel de esposas y volcándonos en la educación de nuestros hijos, haciendo así posible la recuperación de unos valores que nunca debieron perderse.
Como no soy ni seré jamás fanática de nada, ni me dejo manipular por tendencia política alguna, considero que mi opinión podría, quizá, servirle como representativa de la de una mayoría de mujeres españolas y me dispongo a dársela, porque creo, sinceramente, que necesita un poco de luz en la ceguera que padece y también una dosis de contacto con la realidad del mundo en que vivimos.
Por si no se ha enterado, hace tiempo que las mujeres empezamos a ocupar un espacio propio, personal y profesional, al que hemos llegado por nuestro esfuerzo y valía, con plena independencia, en todos los sentidos, de las antiguas tutelas maritales, que no eran otra cosa que un modo de represión brutal para nuestras aptitudes intelectuales y psíquicas. Gracias al tesón de nuestros padres, empezamos por tener un acceso, hasta entonces casi vedado, a los círculos universitarios y a adquirir una formación que nos iguala de tú a tú, con los que, como usted, parecen haber tenido “la suerte” de nacer hombres.
Afortunadamente, en el momento actual, estamos emancipadas y somos capaces de mantenernos a nosotros mismas, ejerciendo la profesión, que la libertad que nos proporciona el Estado democrático, hemos elegido, en muchos casos, superando las expectativas de infinidad de hombres, que quedaron en el camino, por propia voluntad, o por una cuestión de menor capacidad intelectual, que no les permitió acceder a puestos más altos.
Si usted, que pretende llegar a ser el nuevo Presidente de la Comunidad Autónoma de Andalucía, llega a su nuevo recorrido político con estas opiniones y entre las medidas que piensa adoptar se encuentra la intención de devolver a casa a las miles de andaluzas que, en razón de igualdad, salen a trabajar cada mañana, ya le digo que será difícil que cuente con ningún voto femenino y , probablemente, tampoco con el de miles de hombres, que hace tiempo que empezaron a considerar a las mujeres como compañeras y no como siervas.
Nada tienen que ver en esto los valores familiares, que más que desaparecer por el hecho de que la mujer trabaje fuera de casa, se enriquecen con las aportaciones que puede dar la riqueza cultural adquirida, lejos de la fregona y las cazuelas.
Tal vez el próximo paso que usted de, sea el de sugerir, que al ser las universidades deficitarias, sólo puedan acceder a ellas los hombres, cosa que vendría muy bien a los intereses perseguidos, pues a los ignorantes, se les maneja mejor que a las personas formadas, que no suelen permitir que se las discrimine, sin protestar enérgicamente contra ello.
Señor Arenas, el modelo de familia al que usted se refiere, y que probablemente coincidirá con el suyo, no responde en absoluto, a lo que solemos encontrar cada día en las calles de nuestras ciudades y pueblos, desde hace muchos años.
Afortunadamente, la mujer ya no se encuentra atada a la pata de la cama y ha alcanzado cotas de libertad que le permiten decidir con quién quiere compartir su vida y de qué modo quiere hacerlo, si quiere tener hijos o no, si desea sacarlos adelante sola o en compañía de una pareja, hombre o mujer, y no tiene por ello, que pasar forzosamente por la vicaría, ni mucho menos, renunciar a su vida profesional, que puede armonizar plenamente, con el modelo familiar elegido.
Su visión decimonónica de este asunto, es absolutamente impropia de un líder de cualquier partido moderno y resulta absolutamente ofensiva para cualquier mujer, sea cual fuere su edad, clase social o creencia, si es parte de la vida actual y se enorgullece de pertenecer a su sexo.
No hace falta ser feminista radical para recomendarle que actualice su posición ante la vida y aconsejarle que sería recomendable, para usted, una retirada inmediata del mundo de la política, ya que no ha sabido crecer mentalmente con los tiempos y se encuentra en una tesitura nada apropiada para quien aspira a representar, también, a las ciudadanas de un país como el nuestro.
Como habrá podido comprender, no podrá usted contar con mi voto y si sale elegido, tenga ya por seguro que usted nunca será mi presidente. No quiero la clase de ayuda que me ofrece y me parece hasta escabroso su atrevimiento, al realizar declaraciones como éstas, en un periódico de tirada nacional.
Si todos sus compañeros de partido están de acuerdo con estos pensamientos, quizá debieran empezar por devolver a la calidez de su hogar a personajes como Dolores de Cospedal, Soraya Saenz de Santa María, o Esperanza Aguirre, que son símbolos de su formación, aunque, a la vez dicen defender esos valores tradicionales, que a ustedes tanto gustan,
Puede que a ellas les convenzan las explicaciones que usted se atreve a dar sobre el futuro de las mujeres y acepten de buen grado cambiar los mítines por la fregona, en sacrificio personal para sacar de la crisis, a los padres de familia que militan en un partido llamado INEM.
Imaginando el futuro que nos aguarda, si usted llega a ser Presidente de la Junta Andaluza, no nos queda otra opción que empezar a temer que los pocos empleos que lleguen a crearse, habrán de ser necesariamente para los hombres, lo cual nos llevaría a una situación que ya se vivió en España alrededor de 1940. Tal vez le gustaría, también, volver a implantar los principios fundamentales del movimiento.

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