miércoles, 15 de febrero de 2012

Un líder para los indignados

El movimiento de la indignación, que nació en España como respuesta a la inutilidad de la clase política, y que después ha sido exportado a infinidad de países del mundo, permanece en plena actividad y no olvida los motivos que condujeron al pueblo a reunirse en las calles.
Despreciado por la prensa tradicional y vapuleado a diario por el partido en el gobierno, puede parecer que aquel arranque de hartazgo que motivó a las clases populares para abandonar la cómoda postura que disfrutaban, en los años de bonanza, y que sacó del ostracismo a miles de jóvenes, hasta entonces desinteresados por los asuntos políticos, no ha dejado de lado su protesta, ni se ha rendido a la palabrería sedante de los mandatarios de turno.
Es más, hay motivos para que la indignación haya aumentado de manera considerable y ahora, con la nueva reforma laboral, que convierte a los españoles en objetos de explotación, las perspectivas de que los ciudadanos vuelvan a confiar en los partidos mayoritarios, se ve cada vez más lejana.
Y sin embargo, parece que su fuerza, limpia de implicaciones económicas y corruptelas, se diluye sin que nadie le conceda demasiada importancia, considerando que el tono lúdico en que se mueven sus integrantes, más parece una comparsa callejera, que una alternativa seria a este sistema trasnochado, que nos engulle por momentos.
Ha solido suceder a lo largo de la historia, que las masas siempre han necesitado de la figura de un líder carismático, ardedor de quién agruparse y es cierto que esa figura proporciona cierta seguridad a los ciudadanos, que de otra forma se sienten desprotegidos y huérfanos de un rostro visible, que les de por escrito una ideología que asumir.
Pero los movimientos del 15M han intentado, por todos los medios, huir de lo establecido hasta el momento y puede que hayan considerado que la verdadera democracia emana del poder de todos, sin creer oportuno que nadie en particular, lidere lo que ellos representan.
No obstante, tal vez sería necesario hacer este tipo de concesiones, en beneficio del triunfo de las ideas y poner en el escenario político un grupo de personas significativas, que den al movimiento la oportunidad de poder cambiar, legalmente, el curso de la historia.
De nada sirve el trabajo diario de estos grupos, si sus iniciativas quedan relegadas al olvido, sin nadie que las defienda frente a la bien asentada clase política, que maneja nuestros destinos.
Los ciudadanos necesitamos tener unos nombres que meter en las urnas, cuando se convoquen elecciones y una seguridad de que nuestros argumentos tendrán voz en el Parlamento, para que se canalicen las protestas, en un tono diametralmente opuesto, al empleado por los partidos tradicionales.
Precisamos una imagen real, capaz de plantar cara, de igual a igual, a los mercaderes que venden el país al mejor postor, privándonos despiadadamente de todos nuestros derechos y esperamos con ansiedad, que se recapacite sobre este punto, para recuperar la esperanza perdida, reconociendo en nuestros representantes, a los auténtico defensores de nuestras carencias.
De sobra es conocida la magnífica preparación de nuestros jóvenes para desempeñar esta labor impagable y su buena disposición para emplear su tiempo, en arrimar el hombro a las tareas que verdaderamente necesitamos para abandonar esta etapa de penumbra.
Sin miedo, deben arriesgarse a salir del anonimato, para empezar a protagonizar la historia. El pueblo cuenta, de antemano, con la escribirán de una forma distinta y mejor para todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario