Despojándolo de toda protección jurídica, la reforma laboral de Rajoy convierte al trabajador español, en un objeto de usar y tirar, en manos de un empresariado con poderes zaristas, con los que decidir, sin límite alguno, el destino de sus asalariados.
Ciento cincuenta años de avances, conseguidos a base de lucha, hasta alcanzar una mínima dignidad, son arrojados a la alcantarilla, constituyendo el mayor retroceso conocido, en el área de los derechos, en toda la historia de nuestro país.
Abandonados por los agentes sindicales, la indefensión de los trabajadores españoles ha llegado a tal punto, que hasta resulta fácil para los políticos, atreverse a perpetrar este tipo de medidas, a rajatabla y por decreto, sin temer ningún tipo e contestación por parte de los agentes sociales, antaño tan temidos, por su capacidad de convocatoria.
Era bastante previsible, que tras tolerar los abusos cometidos por el gobierno Zapatero, cuando rebajó el sueldo a los funcionarios y prolongó la edad de jubilación, los conservadores siguieran sus pasos y ahondaran, aún más, en los recortes exigidos por Europa , en contra del bienestar de su propio pueblo.
A partir de ahora, cualquiera que tenga la suerte de encontrar un trabajo, firmará un contrato temporal, no prolongable por más de dos años y podrá ser despedido, con sólo treinta y tres días por año trabajado de indemnización, si su productividad no satisface las expectativas de su empresa, se decide el cierre, o simplemente, se considera necesario prescindir de sus servicios, sin dar ninguna explicación.
Si una empresa declara peligro de cierre, queda inmediatamente invalidado el convenio colectivo, por el que se rigiesen sus operarios, siempre a criterio de los poderosos empresarios creados, a partir de hoy, por el gobierno Rajoy.
Se contemplan ayudas para la contratación de jóvenes de menos de treinta años, de hasta tres mil euros y también un descuento en la cuota de la seguridad social.
Es fácil entender, que cualquier empresario avispado contratará a estos jóvenes, hasta el mismo momento en que cumplan la treintena, para despedirles después y volver a beneficiarse de estas medidas de nuevo, al dar ese mismo puesto de trabajo a otro veinteañero y así… sucesivamente.
Naturalmente, esta solución al paro juvenil, es precaria y constituye un engaño hacer creer a nuestros chicos y chicas que su problema estará resuelto para siempre, con la entrada en vigor de estas medidas. Nada más lejos de la realidad. Puede que les ofrezcan trabajar ahora, pero volverán a ser parados después de los treinta, resultándoles entonces mucho más difícil dejar de serlo, dado que nada prevé la reforma, para desempleados de esta ó más edad.
No se hace referencia tampoco, a qué salarios se cobrarán a partir de ahora, aunque se deduce que esta cuestión quedará ¿cómo no? a criterio de cada empresa, que también decidirá, seguro, la duración de la jornada laboral y si sus operarios tienen o no derecho a vacaciones, en virtud de los beneficios obtenidos y bajo amenaza de despido inminente.
La bancarrota de la clase trabajadora es hoy total. Pisoteada e ignorada por la indiferencia que hacia ella demuestra un gobierno empeñado en empezar a salir de la crisis, con cinco millones de parados sin esperanza, bajo su estricta responsabilidad, sólo le queda el recurso de ofrecer una negativa rotunda, desde la calle, a este tipo de medidas lesivas, que no contemplan ninguna mejora en su incierto futuro, mientras se sigue inyectando dinero a los bancos y dando a los empresarios las riendas del poder.
Los comienzos del gobierno Rajoy, no pueden ser más catastróficos para los humildes. Traicionando toda su palabrería barata, vertida en los mítines pre electorales, ni piensa en su pueblo, ni ataja el problema del paro, ni da síntomas de la españolidad necesaria para plantar cara a las exigencias europeas, ni se nota cambio alguno desde la etapa de Zapatero, si no es a peor.
Muertos y enterrados nuestros derechos, sólo nos queda vendernos al mejor postor por un plato de simbólicas lentejas, que nos demuestren que aún podemos atender la necesidad primaria del alimento. Entre eso y la esclavitud, solo hay un paso, pero si esperamos un poco, es probable que lleguemos a verlo y a sufrirlo en carne propia.
Es así imprescindible, que los populares no consigan el triunfo electoral en Andalucía, en Marzo próximo, y que cualquier comicio que se convoque, sea respondido por el pueblo al que ignora, de forma contundente.
Ya hemos visto lo que hacen cuando se les otorga el poder, sobre todo si por tener mayoría absoluta, las decisiones solo les corresponden a ellos, sin una oposición con posibilidades de frenar la soberbia que les caracteriza.
A quién otorgaremos el voto, es una incógnita de difícil respuesta. Si nos decidimos a introducir la papeleta en la urna, cuidémonos de que no sea a favor de los dos partidos que ya han demostrado su ineficacia para afrontar los problemas de este país.
Si el PSOE traicionó su ideología abriendo puertas prohibidas, el PP acaba de rematar la faena, atreviéndose a llegar a donde nunca nadie antes llegó.
Y si estamos desengañados, indignados hasta la saciedad y no sentimos afinidad por ninguno de los partidos del arco político, unámonos en la calle para, con nuestra superioridad numérica, intentar un cambio radical de este sistema corrupto que nos ha llevado a la ruina. Si queremos, podemos.
Ciento cincuenta años de avances, conseguidos a base de lucha, hasta alcanzar una mínima dignidad, son arrojados a la alcantarilla, constituyendo el mayor retroceso conocido, en el área de los derechos, en toda la historia de nuestro país.
Abandonados por los agentes sindicales, la indefensión de los trabajadores españoles ha llegado a tal punto, que hasta resulta fácil para los políticos, atreverse a perpetrar este tipo de medidas, a rajatabla y por decreto, sin temer ningún tipo e contestación por parte de los agentes sociales, antaño tan temidos, por su capacidad de convocatoria.
Era bastante previsible, que tras tolerar los abusos cometidos por el gobierno Zapatero, cuando rebajó el sueldo a los funcionarios y prolongó la edad de jubilación, los conservadores siguieran sus pasos y ahondaran, aún más, en los recortes exigidos por Europa , en contra del bienestar de su propio pueblo.
A partir de ahora, cualquiera que tenga la suerte de encontrar un trabajo, firmará un contrato temporal, no prolongable por más de dos años y podrá ser despedido, con sólo treinta y tres días por año trabajado de indemnización, si su productividad no satisface las expectativas de su empresa, se decide el cierre, o simplemente, se considera necesario prescindir de sus servicios, sin dar ninguna explicación.
Si una empresa declara peligro de cierre, queda inmediatamente invalidado el convenio colectivo, por el que se rigiesen sus operarios, siempre a criterio de los poderosos empresarios creados, a partir de hoy, por el gobierno Rajoy.
Se contemplan ayudas para la contratación de jóvenes de menos de treinta años, de hasta tres mil euros y también un descuento en la cuota de la seguridad social.
Es fácil entender, que cualquier empresario avispado contratará a estos jóvenes, hasta el mismo momento en que cumplan la treintena, para despedirles después y volver a beneficiarse de estas medidas de nuevo, al dar ese mismo puesto de trabajo a otro veinteañero y así… sucesivamente.
Naturalmente, esta solución al paro juvenil, es precaria y constituye un engaño hacer creer a nuestros chicos y chicas que su problema estará resuelto para siempre, con la entrada en vigor de estas medidas. Nada más lejos de la realidad. Puede que les ofrezcan trabajar ahora, pero volverán a ser parados después de los treinta, resultándoles entonces mucho más difícil dejar de serlo, dado que nada prevé la reforma, para desempleados de esta ó más edad.
No se hace referencia tampoco, a qué salarios se cobrarán a partir de ahora, aunque se deduce que esta cuestión quedará ¿cómo no? a criterio de cada empresa, que también decidirá, seguro, la duración de la jornada laboral y si sus operarios tienen o no derecho a vacaciones, en virtud de los beneficios obtenidos y bajo amenaza de despido inminente.
La bancarrota de la clase trabajadora es hoy total. Pisoteada e ignorada por la indiferencia que hacia ella demuestra un gobierno empeñado en empezar a salir de la crisis, con cinco millones de parados sin esperanza, bajo su estricta responsabilidad, sólo le queda el recurso de ofrecer una negativa rotunda, desde la calle, a este tipo de medidas lesivas, que no contemplan ninguna mejora en su incierto futuro, mientras se sigue inyectando dinero a los bancos y dando a los empresarios las riendas del poder.
Los comienzos del gobierno Rajoy, no pueden ser más catastróficos para los humildes. Traicionando toda su palabrería barata, vertida en los mítines pre electorales, ni piensa en su pueblo, ni ataja el problema del paro, ni da síntomas de la españolidad necesaria para plantar cara a las exigencias europeas, ni se nota cambio alguno desde la etapa de Zapatero, si no es a peor.
Muertos y enterrados nuestros derechos, sólo nos queda vendernos al mejor postor por un plato de simbólicas lentejas, que nos demuestren que aún podemos atender la necesidad primaria del alimento. Entre eso y la esclavitud, solo hay un paso, pero si esperamos un poco, es probable que lleguemos a verlo y a sufrirlo en carne propia.
Es así imprescindible, que los populares no consigan el triunfo electoral en Andalucía, en Marzo próximo, y que cualquier comicio que se convoque, sea respondido por el pueblo al que ignora, de forma contundente.
Ya hemos visto lo que hacen cuando se les otorga el poder, sobre todo si por tener mayoría absoluta, las decisiones solo les corresponden a ellos, sin una oposición con posibilidades de frenar la soberbia que les caracteriza.
A quién otorgaremos el voto, es una incógnita de difícil respuesta. Si nos decidimos a introducir la papeleta en la urna, cuidémonos de que no sea a favor de los dos partidos que ya han demostrado su ineficacia para afrontar los problemas de este país.
Si el PSOE traicionó su ideología abriendo puertas prohibidas, el PP acaba de rematar la faena, atreviéndose a llegar a donde nunca nadie antes llegó.
Y si estamos desengañados, indignados hasta la saciedad y no sentimos afinidad por ninguno de los partidos del arco político, unámonos en la calle para, con nuestra superioridad numérica, intentar un cambio radical de este sistema corrupto que nos ha llevado a la ruina. Si queremos, podemos.

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