domingo, 5 de febrero de 2012

Solución de continuidad

Debe ser que cuando uno se afilia a un partido, es inmediatamente abducido por un ente que le roba la memoria y le hace justificar, de buen grado, cuantos errores sea capaz de descubrir entre los suyos, reforzando su capacidad de perdón y olvido, como si nada hubiera sido real.
El congreso del PSOE en Sevilla, viene a corroborar esto que digo y coloca al frente de la formación al antiguo Ministro de Interior del gobierno Zapatero, dando la sensación a los que miran desde fuera, de que la vida sigue igual.
Ninguna de las dos opciones a elegir representaba, desde luego, una renovación total en la dirección de los socialistas, pues ambos contrincantes habían ostentado cargos en el gabinete anterior, pero parecía que la alternativa de que, por vez primera, una mujer llegara a una secretaría general en España, daba cierto aspecto de modernidad a este partido centenario, sin que, por otra parte, nadie esperara ya, después de lo vivido, una revolución que viniera de sus filas, ni un líder capaz de hacer volver a sus orígenes a un socialismo demasiado desgastado por sus ansias de poder.
Curiosamente, no ha habido una sola mención en el congreso a los gravísimos errores cometidos. Ni una mención a las puertas que se abrieron, durante su etapa de mandato, en perjuicio de los trabajadores de este país, ni un síntoma de arrepentimiento por haber entregado a la derecha, en bandeja de plata, la gobernanza durante los próximos cuatro años y la llave para llevar a cabo reformas aún más lesivas para los intereses de las clases humildes, ni una alusión a los casi cinco millones de parados que han dejado en las filas del INEM, ni por supuesto, a los ERE que demuestran que la corrupción política, no es solo patrimonio de las derechas.
Ni un solo guiño de apoyo incondicional a una renovación drástica de una justicia que cierra los ojos a evidentes casos de culpabilidad manifiesta y sienta en el banquillo a las ideologías, con la única intención de silenciar la historia de esta nación, nunca aclarada suficientemente para los ciudadanos que la habitan y mucho hablar, a toro pasado, de un laicismo profundamente incomprendido mientras sostenían el bastón de mando y ahora utilizado como bandera, después de su intrusión en los temas relacionados con la educación, o con la ley del aborto.
Ni un solo reproche a los empresarios, que tratan por todos los medios de conseguir acabar con las leyes que regulan los convenios colectivos y el despido libre, o a la incapacidad de los sindicatos para mantener sus principios de defensa de los damnificados por el desarrollo de la crisis. Nada en contra de los banqueros, ni de la colonización encubierta ejercida por el frente franco-alemán, sobre sus socios más pobres, en esta Europa sumisa y mansa, creada por el ficticio estado de bienestar que creó la burbuja inmobiliaria.
Lo único importante, parece, en este congreso, es encontrar la vía para volver al lugar de privilegio que da vencer en unas elecciones y no la profunda autocrítica necesaria para renovar verdaderamente el camino.
Las mismas caras en los mismos cargos, pueden dar una idea certera de que nada ha cambiado, ni cambiará, en los próximos tiempos.
Entretanto, la situación del pueblo sirio, por ejemplo, no puede ser peor. Pero eso es algo demasiado lejano para esta casta política, intensamente vinculada a la cultura del dinero y distante, cada vez más, de cuestiones relacionadas con un pensamiento, abandonado ahora a la suerte que quieran o puedan darle, los movimientos ciudadanos surgidos por el estallido de indignación que produce ver el comportamiento de esta casta, desvinculada de la auténtica realidad de los pueblos.
Por cierto, tampoco se tocó este tema en el Congreso. Quizá porque es la voz de la conciencia que, a ratos, les recuerda cómo habrían de ser sus acciones, para ser entendidas desde la calle.

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