Los que de manera activa o pasiva, hemos pasado por el proceso de unas oposiciones, sabemos a ciencia cierta que no se trata de un arrebato repentino que te da una mañana, nada más levantarte, sino de una opción meditada y muy cara, que pone en juego tu modo de vida durante varios años, sin ninguna seguridad de obtener un triunfo, cuando por fin llega la hora de ponerte delante del tribunal de examen.
Presentarse a unas oposiciones compromete a la familia al completo, que suele ponerse al servicio del opositor para remediar, en la medida de lo posible, la tortuosa carrera que le espera, mientras dedica varios años al estudio en soledad, y aportando todos los medios a su alcance, para que pueda saldar el alto costo económico que representa la compra de temas o el matricularse en una academia que solucione todas las dudas y trabas, con que este enrevesado sistema, salpica cualquier asunto que tenga que ver con el empleo público.
El ahorro propuesto por el Partido Popular ha comenzado, precisamente, por intentar suprimir la convocatoria de oposiciones para docentes, en todo el territorio nacional. No obstante, algunas Comunidades autónomas no gobernadas por ellos, como Euskadi o Andalucía, han considerado oportuno ampliar la plantilla de profesores, a propósito de la necesidad que de ellos se tenía, sobre todo después de eliminar, también, los contratos para interinos.
Muy ofendidos por la supuesta desobediencia, los conservadores no han tardado en urdir una sibilina venganza, contra la osadía de quienes se han atrevido a contradecir sus órdenes y han cambiado, a sólo tres meses de los exámenes, todo el temario de la oposición.
Huelga hablar de la angustia que se acaba de apoderar de las miles de personas que llevaban varios años preparando la oposición y que se ven ahora en una imposibilidad material de aprender la nueva materia, habiendo así desperdiciado lo invertido anteriormente en preparar la prueba, además de considerar perdido un tiempo precioso, que podrían haber utilizado en buscar cualquier otro tipo de trabajo.
Esta rabieta infantil protagonizada por los conservadores, que acaban de despreciar el esfuerzo de muchas personas bien preparadas para ocupar los puestos a que aspiraban, habrá de traerles, sin duda, graves consecuencias.
Probablemente han olvidado que las elecciones de una de las Comunidades directamente afectadas, Andalucía, están a la vuelta de la esquina, y que por tanto, pueden ir despidiéndose del voto, no sólo de los opositores a los que acaban de arruinar la vida, sino también del de sus familiares, amigos y del de todo aquel que quiera prestar atención a lo terrible de esta historia.
Una vez más le puede a la derecha su tremenda soberbia y deja claro cuánto trabajo le cuesta aceptar la libertad de opinión, cuando contradice las reglas que marca su absolutismo a la hora de gobernar, saltándose las reglas democráticas que tienden a que nada sea hecho por imposición, sino por consenso.
Y sin embargo, los años pasados en la oposición los han dedicado, sin tregua, a frenar cualquier propuesta educativa salida de las manos del gobierno anterior, incitando a los padres católicos a llegar a los tribunales, alegando motivos de conciencia, en contra de la Educación para la ciudadanía, e incluso impartiendo dicha asignatura en inglés, en aquellas comunidades en las que gobernaban.
Está claro que la justicia no es igual, en todos los casos, para ellos y estuvo bien intrigar cuanto pudieron contra quienes, en su momento, les arrebataron el poder y seguir ahora llevando las situaciones al límite para terminar de aplastar, si pudiera ser para siempre, cualquier tipo de contestación a su política de autoritarismo.
Supongo que no se hará esperar una contundente respuesta y que las comunidades afectadas por tamaño despropósito se afanarán en defender su derecho en convocar cuántas plazas sean necesarias para que la educación pública siga siendo una realidad para todos los españoles.
Acciones como ésta, demuestran el auténtico talante de quién tantas veces presumió, en los mítines, de conocer y entender los problemas del pueblo.
Al final, la vida pone a cada uno en su sitio y lo que apenas empezamos a ver, desde que el nuevo gobierno se instaló en su ansiada Moncloa, nos hace ver con claridad meridiana que el cambio que tanto proclamaban, era pura falacia.
Nada ha cambiado de lo que recordábamos en ellos. Siguen siendo los mismos prepotentes deseosos de poder, a costa de lo que sea.
Presentarse a unas oposiciones compromete a la familia al completo, que suele ponerse al servicio del opositor para remediar, en la medida de lo posible, la tortuosa carrera que le espera, mientras dedica varios años al estudio en soledad, y aportando todos los medios a su alcance, para que pueda saldar el alto costo económico que representa la compra de temas o el matricularse en una academia que solucione todas las dudas y trabas, con que este enrevesado sistema, salpica cualquier asunto que tenga que ver con el empleo público.
El ahorro propuesto por el Partido Popular ha comenzado, precisamente, por intentar suprimir la convocatoria de oposiciones para docentes, en todo el territorio nacional. No obstante, algunas Comunidades autónomas no gobernadas por ellos, como Euskadi o Andalucía, han considerado oportuno ampliar la plantilla de profesores, a propósito de la necesidad que de ellos se tenía, sobre todo después de eliminar, también, los contratos para interinos.
Muy ofendidos por la supuesta desobediencia, los conservadores no han tardado en urdir una sibilina venganza, contra la osadía de quienes se han atrevido a contradecir sus órdenes y han cambiado, a sólo tres meses de los exámenes, todo el temario de la oposición.
Huelga hablar de la angustia que se acaba de apoderar de las miles de personas que llevaban varios años preparando la oposición y que se ven ahora en una imposibilidad material de aprender la nueva materia, habiendo así desperdiciado lo invertido anteriormente en preparar la prueba, además de considerar perdido un tiempo precioso, que podrían haber utilizado en buscar cualquier otro tipo de trabajo.
Esta rabieta infantil protagonizada por los conservadores, que acaban de despreciar el esfuerzo de muchas personas bien preparadas para ocupar los puestos a que aspiraban, habrá de traerles, sin duda, graves consecuencias.
Probablemente han olvidado que las elecciones de una de las Comunidades directamente afectadas, Andalucía, están a la vuelta de la esquina, y que por tanto, pueden ir despidiéndose del voto, no sólo de los opositores a los que acaban de arruinar la vida, sino también del de sus familiares, amigos y del de todo aquel que quiera prestar atención a lo terrible de esta historia.
Una vez más le puede a la derecha su tremenda soberbia y deja claro cuánto trabajo le cuesta aceptar la libertad de opinión, cuando contradice las reglas que marca su absolutismo a la hora de gobernar, saltándose las reglas democráticas que tienden a que nada sea hecho por imposición, sino por consenso.
Y sin embargo, los años pasados en la oposición los han dedicado, sin tregua, a frenar cualquier propuesta educativa salida de las manos del gobierno anterior, incitando a los padres católicos a llegar a los tribunales, alegando motivos de conciencia, en contra de la Educación para la ciudadanía, e incluso impartiendo dicha asignatura en inglés, en aquellas comunidades en las que gobernaban.
Está claro que la justicia no es igual, en todos los casos, para ellos y estuvo bien intrigar cuanto pudieron contra quienes, en su momento, les arrebataron el poder y seguir ahora llevando las situaciones al límite para terminar de aplastar, si pudiera ser para siempre, cualquier tipo de contestación a su política de autoritarismo.
Supongo que no se hará esperar una contundente respuesta y que las comunidades afectadas por tamaño despropósito se afanarán en defender su derecho en convocar cuántas plazas sean necesarias para que la educación pública siga siendo una realidad para todos los españoles.
Acciones como ésta, demuestran el auténtico talante de quién tantas veces presumió, en los mítines, de conocer y entender los problemas del pueblo.
Al final, la vida pone a cada uno en su sitio y lo que apenas empezamos a ver, desde que el nuevo gobierno se instaló en su ansiada Moncloa, nos hace ver con claridad meridiana que el cambio que tanto proclamaban, era pura falacia.
Nada ha cambiado de lo que recordábamos en ellos. Siguen siendo los mismos prepotentes deseosos de poder, a costa de lo que sea.

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