jueves, 23 de febrero de 2012

Sentencia cumplida

Como decía la hija de Baltasar Garzón, en su escrito, hoy mucha gente habrá brindado en España con Champán y habrán exhalado un suspiro de alivio, al haber conseguido apartar de la carrera judicial, a uno de los jueces más rectos y honestos, que ha dado la última historia del país.
El pueblo, sin embargo, ve marchar al único bastión con que contaba para poner en claro los asuntos escabrosos, de cualquier índole, en la seguridad de que serían examinados con pulcritud y sin ningún tipo de injerencias, afectara a quién afectase.
Aún pendiente de otro veredicto, que dada su repercusión internacional, probablemente será de inocencia, Baltasar Garzón ha sido esta mañana separado por once años de su cargo, con el beneplácito general del Partido en el gobierno y de todos aquellos que, por ideología, siempre estuvieron del lado de los vencedores de la guerra civil.
Les ha costado años encontrar una fisura, en la dilatada carrera del juez, por la que entrar a saco en su intimidad, para conseguir degradarlo, protagonizando una de las sentencias más polémicas en la historia de nuestra democracia y, después de haberlo intentado por tres frentes simultáneos, en la seguridad de que alguno de ellos, funcionaría para conseguir el fin perseguido.
El trasfondo político que subyace en esta atrocidad, no deja lugar a la indiferencia y provoca en los ciudadanos una sensación de hastío, contra los administradores de la ley, que afianza el descrédito que se han labrado a pulso, desde hace tiempo, emitiendo sentencias incomprensibles, que más parecen aplaudir la intención de delinquir, que amparar a las víctimas de cualquier crimen, ya sea de índole personal, o económico, como muchos de los casos que han llegado a los tribunales, a raíz de la corrupción generalizada que azota el país.
Se marcha con Garzón, la esperanza de cientos de familias, que esperan desde hace más de setenta años, recuperar los restos de los suyos, asesinados impunemente durante la etapa de la dictadura. Muchos, octogenarios ya, ven que se les escapa el único hilo que les unía con la verdad y se sientan a esperar su propia muerte, sin un hálito de ilusión por conocer una verdad, escondida durante toda su vida.
Sin embargo, muchos de los protagonistas de las múltiples corruptelas que salpican el territorio nacional, podrán desde hoy, seguir manipulando con mucho más descaro, las cuentas públicas, sin ningún temor, ahora que ha desaparecido la sombra alargada de quien no les daba tregua ni aliento.
Los que, afortunadamente, no tenemos cuentas pendientes con la justicia, contemplamos la marcha del juez con la impotencia de no poder defender nuestros argumentos, delante de ningún organismo internacional, que pudiera establecer un criterio, que colocara a cada cuál donde se merece, por méritos propios.
En espera de que otra suerte acompañe en el recurso al juez, la única baza que nos queda, para que este asunto no caiga en olvido, es la de recordar periódicamente la figura de Garzón y manifestar, porque lo merece, que estamos a su lado. Y emplearnos a fondo en nuestra reivindicación de que hay una urgente necesidad de cambio en un sistema judicial, que provoca un desencanto cada vez mayor en la ciudadanía y da una imagen carpetovetónica de unos magistrados, totalmente cerrados a un inevitable progreso, que acabará llegando, con o sin su aquiescencia.
Tal vez si prestaran atención a los comentarios que suscita su trabajo, a los ojos del mundo, y aceptaran las críticas que, sin piedad, se les hace desde las páginas de todos los periódicos serios de la tierra, entenderían sin demasiada dificultad, que en todos los ámbitos, es necesario avanzar, para no quedar condenados al ostracismo. Puede que así su papel cumpliera la función para la que fue creado: condenar el delito y absolver la inocencia.


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