jueves, 2 de febrero de 2012

La post guerra griega

El hecho de que en Grecia se estén repartiendo bonos de comida, puede dar una idea de la gravísima situación que atraviesa Europa y nos pone en alerta, haciéndonos pensar que, en un momento determinado, si los capitalistas así lo quieren, podríamos vernos todos en este mismo trance.
Sufre el país heleno, una cruda post guerra salpicada de penurias, aunque esta vez su enemigo no haya sido de carácter bélico y las batallas se hayan librado en los mercados, en lugar de los campos, pero causando una tragedia similar a la que viven los pueblos, cuando se embarcaron en aventuras desafortunadas, que los llevaron, de una forma u otra, a la ruina.
Hace bien poco, Grecia disfrutaba de un lugar en la Comunidad Económica Europea, que se suponía garantizaba su desarrollo, al contar con la ayuda de los demás miembros, y los ciudadanos constituían una clase media normal, con los pequeños problemas sin importancia, normales en su condición, pero sin apreturas.
Ahora, para vergüenza de nuestro continente, se ven obligados, poco menos que a mendigar, para poder subsistir apenas sin dignidad, con notables carencias, incluso alimentarías, por no hablar de otras muchas, que quizá resulten menos llamativas, pero que existen.
¿Qué ha pasado para que una nación milenaria, inventora de un sistema político en el que se sustentan todos los países libres del mundo, haya llegado a estos nefastos extremos, perdiendo toda su credibilidad, a los ojos de sus compañeros de viaje?
¿Qué malévola maniobra arrastra a un pueblo bien asentado hasta el arroyo, suprimiendo el principio que permite la libre elección de su gobierno, poniendo en su lugar a un banquero, para gestionar un endeudamiento casi crónico, de difícil resolución?
¿Cuánto tardarán en seguir los pasos de Grecia otras naciones, como Portugal, Irlanda o España?
¿Qué clase de reformas están llevando a cabo los gobiernos, que colocan a sus ciudadanos en el umbral de la miseria, haciendo de sus necesidades primarias una meta inalcanzable?
¿Dónde está el dinero que se movía cuando el estado de bienestar rea un hecho y los bancos atraían clientes, concediendo créditos inviables, haciéndonos creer que podíamos tocar la riqueza, con la punta de nuestros dedos?
O la sociedad que teníamos hace solo unos años era un puro espejismo, montado puntualmente, para conducirnos a un punto sin retorno, o el fruto de la floreciente economía que disfrutábamos, se ha esfumado hacia paraísos fiscales y está ahora en manos de especuladores sin conciencia, incapaces de imaginar un final para sus sueños de avaricia.
Pero ¿qué siente un ciudadano normal al verse obligado a utilizar bonos de comida para sobrevivir, desprovisto de trabajo, vivienda, sanidad o educación, y viendo desmoronarse cualquier expectativa que preludie una solución a su angustia?
Su indignación, por grande que sea, acabará sucumbiendo ante la necesidad y será para él un deber ineludible, aceptar cualquier contrato laboral que se le presente, por precario que sea.
La instalación de los mini jobs de cuatrocientos euros, anunciados por el eje franco-alemán, que capitanea los destinos de Europa, es sin duda, inminente y la forma de sociedad que conocíamos, no tardará en convertirse en un modelo similar al asiático, sin horarios laborales, con despido libre y salarios de miseria.
La colonización habrá entonces concluido con éxito y los grandes mandatarios europeos, habrán llevado a todos los demás, exactamente a donde querían.



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