Al mismo tiempo que miles de españoles se echaban a la calle, en contra de la recién estrenada reforma laboral, el Presidente Rajoy confraternizaba con sus correligionarios, en una especie de Congreso de la Victoria, desoyendo el clamor de sus conciudadanos indignados y manteniendo la necesidad de acudir a las medidas tomadas, con la altanería que caracteriza a los conservadores, cuando han llegado al poder.
Exigiendo sacrificios indescriptibles a las clases trabajadoras, no se ha ahorrado un céntimo en la organización de este Congreso, cuya ubicación, además, se hace de manera interesada en la capital de Andalucía, dando por sentado que el territorio será suyo, cuando en Marzo se celebren las próximas elecciones.
Una cohorte de repijos de idéntica imagen, ha recorrido la ciudad, ejemplificando con su look, los cuantiosos beneficios que debe reportar pertenecer a su formación política, dada la calidad de sus atuendos, que no son, precisamente, los que usarían los cinco millones de parados que se mueven por el país.
Debe ser fácil hablar de restricciones desde la opulencia, sobre todo para aquellos que jamás se han visto afectados por las carencias fundamentales que sufren los ciudadanos de a pie, ni por la imposibilidad material de hacer frente a los imprevistos que surgen en la vida cotidiana, pero que nunca tocan a los que proceden de las clases pudientes.
En otro plano, las calles se llenaban de manifestantes, nada contentos con la línea que está siguiendo este gobierno y dispuestos a empezar a caminar en dirección diametralmente opuesta, al sendero que marcan los mandatarios ultra conservadores de Europa, que tan afines son a este equipo de tecnócratas, que Rajoy ha puesto al frente de la nación.
En un anticipo de lo que puede ser, en breve, una huelga general, la voz de la calle se pronuncia con claridad sobre la considerable pérdida de derechos que se le impone, negándose a la consumada explotación que representa esta mano abierta al despido libre, a la prolongación de jornadas y a la manipulación de los convenios colectivos, por parte de unos empresarios, a quienes se han otorgado todos los poderes para manejar la economía del país, sin que se haya contado, con la parte más afectada en esta historia.
Aún se permite el Presidente hacer alusión a los padres, que por nada del mundo quieren que sus hijos vivan en peor situación que ellos mismos.
Pero se calla, que tampoco los hijos querrán suplir las vacantes dejadas por los padres despedidos por las empresas, y mucho menos, hacerlo por la mitad del salario y trabajando el doble de horas, desterrando a sus progenitores a la condición permanente de parados, o teniendo que asumir, encima, su manutención y cuidado, a pesar de que estarán aún en edad de valerse por sí mismos en el terreno laboral, en condiciones de dignidad, por supuesto.
Claro que esto no debe preocupar a quienes proceden de los consejos de administración de las empresas, ni a los que, como la señora Cospedal, cuentan con tres fuentes distintas de ingresos, ni a los ricos de cuna, ni a los que ya cuentan con un retiro, en algún organismo estatal, en el que ocuparán un despacho vitalicio, cuando abandonen la política.
A todos ésos, hoy sólo les preocupa disfrutar a tope de su multitudinario Congreso, disfrutar del maravilloso clima de Sevilla y procurar atraer a los incautos, para que voten al impenitente Arenas en Marzo, para teñir, totalmente de azul, el territorio patrio.
Para entender de miserias, ya está el pueblo.
Exigiendo sacrificios indescriptibles a las clases trabajadoras, no se ha ahorrado un céntimo en la organización de este Congreso, cuya ubicación, además, se hace de manera interesada en la capital de Andalucía, dando por sentado que el territorio será suyo, cuando en Marzo se celebren las próximas elecciones.
Una cohorte de repijos de idéntica imagen, ha recorrido la ciudad, ejemplificando con su look, los cuantiosos beneficios que debe reportar pertenecer a su formación política, dada la calidad de sus atuendos, que no son, precisamente, los que usarían los cinco millones de parados que se mueven por el país.
Debe ser fácil hablar de restricciones desde la opulencia, sobre todo para aquellos que jamás se han visto afectados por las carencias fundamentales que sufren los ciudadanos de a pie, ni por la imposibilidad material de hacer frente a los imprevistos que surgen en la vida cotidiana, pero que nunca tocan a los que proceden de las clases pudientes.
En otro plano, las calles se llenaban de manifestantes, nada contentos con la línea que está siguiendo este gobierno y dispuestos a empezar a caminar en dirección diametralmente opuesta, al sendero que marcan los mandatarios ultra conservadores de Europa, que tan afines son a este equipo de tecnócratas, que Rajoy ha puesto al frente de la nación.
En un anticipo de lo que puede ser, en breve, una huelga general, la voz de la calle se pronuncia con claridad sobre la considerable pérdida de derechos que se le impone, negándose a la consumada explotación que representa esta mano abierta al despido libre, a la prolongación de jornadas y a la manipulación de los convenios colectivos, por parte de unos empresarios, a quienes se han otorgado todos los poderes para manejar la economía del país, sin que se haya contado, con la parte más afectada en esta historia.
Aún se permite el Presidente hacer alusión a los padres, que por nada del mundo quieren que sus hijos vivan en peor situación que ellos mismos.
Pero se calla, que tampoco los hijos querrán suplir las vacantes dejadas por los padres despedidos por las empresas, y mucho menos, hacerlo por la mitad del salario y trabajando el doble de horas, desterrando a sus progenitores a la condición permanente de parados, o teniendo que asumir, encima, su manutención y cuidado, a pesar de que estarán aún en edad de valerse por sí mismos en el terreno laboral, en condiciones de dignidad, por supuesto.
Claro que esto no debe preocupar a quienes proceden de los consejos de administración de las empresas, ni a los que, como la señora Cospedal, cuentan con tres fuentes distintas de ingresos, ni a los ricos de cuna, ni a los que ya cuentan con un retiro, en algún organismo estatal, en el que ocuparán un despacho vitalicio, cuando abandonen la política.
A todos ésos, hoy sólo les preocupa disfrutar a tope de su multitudinario Congreso, disfrutar del maravilloso clima de Sevilla y procurar atraer a los incautos, para que voten al impenitente Arenas en Marzo, para teñir, totalmente de azul, el territorio patrio.
Para entender de miserias, ya está el pueblo.

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