miércoles, 22 de febrero de 2012

Con los estudiantes

Como era de esperar, los estudiantes de otras ciudades de España se han puesto en movimiento, en apoyo de sus compañeros agredidos en Valencia, y secundados por ciudadanos de todas las edades, ya que todos somos, en fin, padres, abuelos o familiares de jóvenes a los que afectan, directamente, la reforma de la educación y las cargas policiales de los últimos días.
Lejos de volver a sus casas, los manifestantes han decidido seguir adelante con sus justas reivindicaciones y, por si el gobierno Rajoy había pensado que la represión conseguiría acallar las voces de la indignación, han comenzado una serie de encierros, para exigir la inmediata libertad de los detenidos en las escaramuzas.
El defensor del menor ha pedido explicaciones de la violencia policial en Valencia, avalado por veinte mil firmas, recogidas en solo unas horas, entre la gente anónima.
Naturalmente, pasó el tiempo en que la manipulación de los pueblos, por medio de la violencia, era una norma impuesta que cercenaba todo atisbo de oposición y, afortunadamente, esta juventud ha sido bien aleccionada por el recuerdo nefasto de sus padres y no permite que se juegue con conceptos tan importantes, como la libertad de expresión, o la de reunión, ni se consigue silenciarla con tanta facilidad, como se acostumbraba en los tiempos de la dictadura.
La formación de nuestros jóvenes, por cierto, ha mejorado considerablemente, en buena parte, gracias al esfuerzo de los docentes de la enseñanza pública, por lo que se ha perdido, casi en su totalidad, la ignorancia supina que caracterizaba a sus progenitores cuando tenían su edad y también el terror a exponer las ideas públicamente, aún cuando contradigan los férreos mandatos emitidos últimamente por éstos gobiernos, tan poco defensores de los ciudadanos a los que, teóricamente, representan.
Una nube de protestas, se le ha echado encima al Gobierno Rajoy, recordándole que vivimos en una democracia y que la violencia ejercida sobre los manifestantes, desde que ellos asumieron el poder, recuerda peligrosamente a esa época pasada, que tan empeñados están en hacernos olvidar, por ejemplo, cuando se quieren abrir las fosas del franquismo.
Un compás de espera, flota en el aire, deseando saber qué tipo de acciones emprenderá el Partido Popular, en situaciones similares que, seguro, empezarán a encadenarse en un futuro cercano, en cuanto los trabajadores comiencen a elevar su sonora protesta, contra la reforma laboral que los pone, sin condiciones, al borde de la calle y la ruina.
Si Rajoy da un paso en falso en esta cuestión, se va a encontrar con imágenes similares a las que vimos durante la revolución de los jazmines, o las que acabamos de contemplar, hace sólo unos días, enfrente del Parlamento griego.
Su imagen de pacificador, de salvador de un país llevado a la crisis, por la mala gestión de sus antecesores, quedará muy deteriorada, a sólo dos meses de su elección como Presidente, si las cosas derivan por un mal camino y se le echan encima las masas, en justa reivindicación de sus derechos fundamentales.
Por lo pronto, habrá de despedirse de vencer en los codiciados territorios andaluces, pues la sabiduría popular, para entonces, habrá procesado minuciosamente todo lo acaecido y dará marcha atrás en su intención de voto, que como bien se sabe, puede cambiar en cuestión de segundos, si las circunstancias así lo aconsejan.
Tampoco gustará a Europa, al menos de cara a la galería, hacer amistades con un gobierno que reprime a sus ciudadanos con desmesurada violencia, ya que estas cosas acaban trayendo mala prensa a quienes las apoyan y suelen quedar en la memoria para siempre.
Así que más le vale a nuestro recatado Presidente, hacer funcionar sus neuronas con mucha más rapidez de lo acostumbrado, y urdir un plan distinto al aplicado hasta ahora contra los ciudadanos de bien, porque se está cubriendo de gloria.
Ninguno de los Presidentes de nuestra joven democracia había, en sólo dos meses de mandato, atacado tan frontalmente el bienestar del pueblo, ni cometido tantos errores graves y sin justificación real, seguramente motivados, por la soberbia de creerse un monarca absoluto.
Mal aconsejado por una cohorte ultra conservadora de colaboradores, parece percibir, donde quiera que esté, una realidad muy distinta a la que se vive a pie de calle, e insta con sus acciones a los ciudadanos, a tomar drásticas decisiones de protesta, que no están dispuestos a abandonar, hasta que no sean atendidas sus peticiones o se rompa la balanza.
Hoy son los estudiantes y mañana serán los médicos, los maestros, los farmacéuticos, los trabajadores en general, y hasta las amas de casa, que son las que más de cerca sufren los recortes, cuando agonizan cada mes, para poder cubrir, mínimamente, las necesidades de sus familias.



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