martes, 7 de febrero de 2012

La reforma fantasma

La estrategia del Partido Popular, de amenazar con la aplicación de una durísima reforma laboral que satisfaga las exigencias de Europa, tiene como objetivo principal que cuando se decidan a desvelarla, los españoles estén tan asustados, que hasta les parezca buena.
El hombre teme, por naturaleza, a lo desconocido y tiende a desarrollar dentro de sí mecanismos de pánico ante la incertidumbre, así que cuando al fin le es desvelado el secreto que se le ocultaba, la verdad se le revela como menos hiriente que el desconocimiento, paliando su sentimiento de angustia.
La ocultación consciente de las medidas que se adoptarán en la mil veces referida reforma total del PP, crea un pesimismo en esta sociedad, acostumbrada en los últimos tiempos a recibir malas noticias, potenciando precisamente una curiosidad enfermiza por conocer las expectativas que le aguardan, tras el tupido telón tejido por los conservadores acerca de un programa que calme las ansias de poder de nuestros socios europeos y aleje de nosotros el fantasma de la ruina, como única alternativa de un futuro, que de otro modo, nos pintan aún peor.
Pero no conviene llamarse a engaño con respecto a la dureza de lo que nos espera. Saberlo, no traerá a nuestras casas un puesto de trabajo que colme nuestras expectativas, ni nos acercará al estado de bienestar perdido, ni nos colocará a la cabeza de las potencias llamadas a gobernar Europa, en los próximos años.
Saberlo nos matará momentáneamente la incertidumbre, para colocarnos muy pronto en posición de entender que las soluciones que añoramos no llegarán de la mano de un gobierno conservador, muy interesado en agradar a sus socios franco alemanes y totalmente lejano, por principio, a las necesidades de los humildes.
No poseen Rajoy y su Gobierno la talla suficiente para mostrarse, precisamente, como posibles revolucionarios en el plano ideológico, ni mucho menos, la envergadura necesaria para plantar cara a los despiadados banqueros que exigen una contribución aún mayor a los trabajadores, en su imparable carrera hacia el poder absoluto sobre la tierra.
La bien escondida reforma, nos traerá una mayor elasticidad en cualquier asunto que tenga que ver con la contratación de trabajadores, un aumento significativo de los horarios de trabajo y una rebaja cantada en los salarios, además de un auge del empleo temporal y de las medias jornadas a cuatrocientos euros, que sustituyan a los subsidios para los parados de larga duración, aprovechando así el fruto de su sudor, sin desembolso alguno del estado.
Se está retrasando la información porque existe un enorme interés en ganar las elecciones en Andalucía, y ahora también en Asturias, para construir un mapa político sin fisuras que permita a los populares hacer, sin oposición alguna, un proyecto pactado con los verdaderos jefes europeos y para ir creando un clima de catastrofismo general que haga creer a los españoles que sus acciones futuras, eran estrictamente necesarias para sacar adelante el país.
Antes, se utilizaban las armas para dar golpes de estado que colocaran en el poder a determinados dictadores. Ahora, los golpes de estado se dan solapadamente, aprovechando la necesidad de supervivencia de los pueblos, ahogados hasta no poder más, por una economía manejada por estos golpistas de nuevo cuño.
Si se sucumbe a la incertidumbre y al miedo, a la falta de medios que nos permitan volver a creer la patraña de que alguna vez, volveremos a ser cercanos a los ricos, habremos caído en la trampa de entregar nuestro desamparo, a cambio de unas migajas, perdiendo a cambio la poca dignidad que nos han dejado conservar estos especuladores del siglo XXI.
Ni siquiera nos quedará una identidad como pueblo, pues, de manera subrepticia, seremos colonizados por un sistema que ya no respeta siquiera la voz de las urnas y cuyo único objetivo es poseer, no solo los territorios, sino también las conciencias.
Conocer o no el contenido de la reforma laboral, no es pues relevante. El meollo de la cuestión es preguntarnos qué haremos para impedir que nos sea aplicada, a voluntad de un gobierno que no está pensando en nosotros, en ningún momento.
Habrá que ir `lanteandose que estamos solos y no queremos conformarnos.

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