La sentencia del juicio celebrado contra Cams y Costa, no ha deparado ninguna sorpresa.
Tal y como esperábamos, los dos encausados han sido absueltos y devueltos al foro político, puros e inmaculados, para que puedan seguir con sus asuntos, cualesquiera que fuesen, por muchos años más, si no vuelven a tropezar en piedras peligrosas, que vuelvan a traerlos a escabrosos asuntos, como el que acaban de protagonizar.
No se les nota siquiera, abochornados por las múltiples declaraciones de los testigos que los colocaban en situaciones comprometidas y no han perdido la galanura que les caracteriza, tan bien vestidos como siempre, los dos.
Los jurados populares, tan reclamados en otros juicios por los familiares de las víctimas, no debieran existir cuando lo que se juzgan son asuntos políticos, pues como personas que son, están en su derecho de encontrarse en la posición ideológica que quieran y, querámoslo o no, esto habrá de influir, forzosamente, a la hora de emitir un veredicto.
Algo muy distinto es lo que opina la opinión pública de tan honorable sentencia, pues ya se barruntaba que al final, después de la parafernalia montada en torno al caso, todo habría de quedar, como otras muchas veces, en agua de borrajas, sobre todo tratándose de quienes se trataba y juzgándose los presuntos delitos en casa.
Tuvimos una cierta esperanza cuando Rajoy obligó a Camps a dimitir, pero ahora queda claro que sólo se trataba de una más de sus maniobras electoralistas, pues ya se ha apresurado a volver a abrirle las puertas de la coalición a la que pertenece, nada más conocer su absolución.
También Cospedal ha estado pronta en reclamar que se restituya la honorabilidad de estos señores, sin que en ningún momento y en ninguno de los asuntos relacionados con la corrupción, tan frecuentes en su partido, se haga mención alguna a que se restituyan los montantes sustraídos a las arcas del Estado, para honorabilidad del pueblo español.
Por esperada, no causa la sentencia menos indignación, únicamente corrobora la mala fama que tiene entre nosotros, últimamente, la justicia y dice poco a favor de quienes la aplican y de cuyas interpretaciones de la ley, hablábamos en días pasados.
Todo el guión está saliendo según lo previsto. Ahora, en el capítulo siguiente, el juez Garzón será severamente castigado y , probablemente, inhabilitado para sus funciones durante varios años.
Esto es lo que ya tiene asumido la población y lo que, para escarnio de la prensa extranjera, sin duda sucederá, en cuanto salgan las sentencias de los juicios que el Juez tiene pendientes.
Cada vez más a menudo, uno se avergüenza de pertenecer a un país, en el que la justicia podría confundirse con un esperpento.
Tal y como esperábamos, los dos encausados han sido absueltos y devueltos al foro político, puros e inmaculados, para que puedan seguir con sus asuntos, cualesquiera que fuesen, por muchos años más, si no vuelven a tropezar en piedras peligrosas, que vuelvan a traerlos a escabrosos asuntos, como el que acaban de protagonizar.
No se les nota siquiera, abochornados por las múltiples declaraciones de los testigos que los colocaban en situaciones comprometidas y no han perdido la galanura que les caracteriza, tan bien vestidos como siempre, los dos.
Los jurados populares, tan reclamados en otros juicios por los familiares de las víctimas, no debieran existir cuando lo que se juzgan son asuntos políticos, pues como personas que son, están en su derecho de encontrarse en la posición ideológica que quieran y, querámoslo o no, esto habrá de influir, forzosamente, a la hora de emitir un veredicto.
Algo muy distinto es lo que opina la opinión pública de tan honorable sentencia, pues ya se barruntaba que al final, después de la parafernalia montada en torno al caso, todo habría de quedar, como otras muchas veces, en agua de borrajas, sobre todo tratándose de quienes se trataba y juzgándose los presuntos delitos en casa.
Tuvimos una cierta esperanza cuando Rajoy obligó a Camps a dimitir, pero ahora queda claro que sólo se trataba de una más de sus maniobras electoralistas, pues ya se ha apresurado a volver a abrirle las puertas de la coalición a la que pertenece, nada más conocer su absolución.
También Cospedal ha estado pronta en reclamar que se restituya la honorabilidad de estos señores, sin que en ningún momento y en ninguno de los asuntos relacionados con la corrupción, tan frecuentes en su partido, se haga mención alguna a que se restituyan los montantes sustraídos a las arcas del Estado, para honorabilidad del pueblo español.
Por esperada, no causa la sentencia menos indignación, únicamente corrobora la mala fama que tiene entre nosotros, últimamente, la justicia y dice poco a favor de quienes la aplican y de cuyas interpretaciones de la ley, hablábamos en días pasados.
Todo el guión está saliendo según lo previsto. Ahora, en el capítulo siguiente, el juez Garzón será severamente castigado y , probablemente, inhabilitado para sus funciones durante varios años.
Esto es lo que ya tiene asumido la población y lo que, para escarnio de la prensa extranjera, sin duda sucederá, en cuanto salgan las sentencias de los juicios que el Juez tiene pendientes.
Cada vez más a menudo, uno se avergüenza de pertenecer a un país, en el que la justicia podría confundirse con un esperpento.

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