lunes, 16 de enero de 2012

Cortina de humo

La muerte de Fraga, acapara la atención de toda la prensa, eclipsando noticias de enorme importancia para el país, como el desacuerdo de los agentes sociales para la reforma laboral, o el inminente procesamiento del Juez Garzón, por las escuchas del caso Gurtel.
El luto del PP, en cierta modo, relega a las páginas interiores de los periódicos la inutilidad de los recursos rechazados , una y otra vez, por una serie de jueces, empecinados en terminar de un plumazo con la carrera ejemplar de un hombre justo, y toca de pasada, como si no tuviera importancia, la negativa de los agentes sindicales, a las propuestas de una patronal, que terminarían con los derechos de los pocos trabajadores que aún quedan en activo, después de la criba que nos ha traído la crisis.
Deshaciéndose en elogios hacia su fundador, las caras más famosas entre los populares, han mostrado su consternación por la desaparición de uno de los personajes políticos que más veces ha cambiado de orientación ideológica, de cuántos hemos conocido, en los últimos tiempos y cuya trayectoria, no lo olvidemos, dejó en la memoria de todos, episodios de dudosa ética, como los sucesos de Vitoria, perfectamente en línea con la procedencia franquista de quien, durante años apoyó al dictador, formando parte de algunos de sus gobiernos.
Sin embargo, nadie puede ocultar la satisfacción de la derecha, por ver a Garzón en el banquillo de los acusados, a la vez que el ex presidente Camps, salpicado por su osadía en intervenir en uno de los casos de corrupción que más daño ha causado al PP y por su empeño en aclarar todo lo relacionado con la apertura de las fosas de la guerra civil, en un intento ahora fallido, de traer un poco de luz a las familias de las víctimas, que aún esperan encontrar a los suyos, en cientos de cunetas del territorio español.
Todo el procesamiento, como ya sabemos, ha sido durante los últimos meses, rechazado tajantemente por la opinión pública y comentado en los medios de comunicación extranjeros, en los que Garzón cuenta con un más que considerable prestigio, como un suceso inexplicable, que huele demasiado a venganza.
Pero además, este caso, de resolverse como se espera, en contra del Juez, hace tambalearse los cimientos mismos de una ley, que no parece hecha en España, para poder condenar, por nada, a nadie que proceda de una ideología de derechas.
Ya veremos cómo se desarrolla el juicio y la solidez de los argumentos expuestos por la fiscalía en contra de este acusado de fama internacional, que no ha cometido otro error, que el de atreverse a intervenir, a favor de que la justicia funcione, por igual, para todos.
En cuanto al tema de la negociación para la reforma laboral, habrá que esperar a ver si el nuevo gobierno pone, al fin, sobre la mesa, las cartas guardadas celosamente en la manga durante meses, en la soledad que le deja, la falta de acuerdo que esperaba, entre sus amigos de la patronal y sus subvencionados sindicatos.
Lo que haga, tendrá que asumirlo como propio, ya que ahora, el poder está en sus manos y los españoles tienen sus ojos directamente puestos en sus acciones venideras, para enjuiciarlas y premiarlas o castigarlas, según les parezca oportuno.

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