Empezamos el año los españoles siendo todos un poco más pobres, a causa de las primeras medidas tomadas por el Gobierno de Rajo y atemorizados por la negritud de las perspectivas que nos anuncia el nuevo ministro de economía, que se escuda, como era de esperar, en la desastrosa situación en que le ha dejado el país su antecesora, dejando atisbar en el horizonte que los recortes aplicados a los ciudadanos no han hecho más que empezar, mientras se conceden otros cien millones a la “pobre” banca, para que pueda salir de la desolación que produce obtener menos beneficios.
Se le llena la boca a Sainz de Santamaría, con la presunción de estar revalorizando las pensiones, aunque cualquier ciudadano medianamente avispado enseguida comprende, que la subida del uno por ciento aplicada por decreto, en los casos de las personas más desfavorecidas, sólo suponen al mes, cuatro euros más.
Produce aún más indignación el hecho de que se nos suponga una ignorancia supina en estas cuestiones, que la ya esperada desfachatez de la derecha, de desdecirse de sus promesas electorales con tanta ligereza, pone en duda la memoria de la gente a la que machacó con su discurso reiterativo de que no se subirían los impuestos y que tenían una cartera de soluciones que terminarían con la crisis, en cuanto llegaran al poder.
Sin embargo, el empecinamiento del pueblo español por creer que la economía marcharía mejor en manos conservadoras, enseguida ha empezado a obtener contundentes respuestas que desdicen dicha presunción y se acerca más a lo que muchos de nosotros advertimos por activa y por pasiva, dándonos la razón en que la ideología que representa este gobierno, nunca estuvo, ni estará, de parte de los trabajadores.
A uno le gustaría, por ejemplo, echarse a la cara a Félix González Pons, que prometió la rápida creación de tres millones de puestos de trabajo, y exigirle el obligado cumplimiento de sus palabras, con una vehemencia parecida a la empleada por sus correligionarios en ansiar el poder, aunque ahora se ve que hace aguas toda la verborrea empleada a diario durante la campaña electoral y la crisis la seguimos pagando los mismos, mientras sus amigos de los consejos de administración y los estamentos empresariales, andan reclamando aún más prebendas, con las que acabar de arrebatar los pocos derechos que nos quedan, a los que tenemos la suerte de tener empleo.
Las fiestas navideñas han frenado un poco las acciones de los movimientos del 15M, no porque haya disminuido la indignación, como quizá hayan podido creer nuestros gobernantes, sino porque todo el mundo necesita un paréntesis para reorganizarse y volver, con más fuerza si cabe, a la dura lucha que habremos de librar, contra estos enemigos que en nada nos representan.
Así, el comienzo de un año que se augura movido, va desgranando los días festivos que quedan, hasta que todo vuelva a normalizarse y se apaguen las luces de neón, devolviéndonos a la cruda realidad que nos ofrece el panorama político que padecemos.
Entonces será el momento de responder convenientemente a todos los abusos apuntados directamente para hacer diana en nosotros, con la contundencia que exige este guión que escriben, en sus ratos libres, los seres mal pensantes del planeta. También nosotros, a veces, somos capaces de ser malos.
Se le llena la boca a Sainz de Santamaría, con la presunción de estar revalorizando las pensiones, aunque cualquier ciudadano medianamente avispado enseguida comprende, que la subida del uno por ciento aplicada por decreto, en los casos de las personas más desfavorecidas, sólo suponen al mes, cuatro euros más.
Produce aún más indignación el hecho de que se nos suponga una ignorancia supina en estas cuestiones, que la ya esperada desfachatez de la derecha, de desdecirse de sus promesas electorales con tanta ligereza, pone en duda la memoria de la gente a la que machacó con su discurso reiterativo de que no se subirían los impuestos y que tenían una cartera de soluciones que terminarían con la crisis, en cuanto llegaran al poder.
Sin embargo, el empecinamiento del pueblo español por creer que la economía marcharía mejor en manos conservadoras, enseguida ha empezado a obtener contundentes respuestas que desdicen dicha presunción y se acerca más a lo que muchos de nosotros advertimos por activa y por pasiva, dándonos la razón en que la ideología que representa este gobierno, nunca estuvo, ni estará, de parte de los trabajadores.
A uno le gustaría, por ejemplo, echarse a la cara a Félix González Pons, que prometió la rápida creación de tres millones de puestos de trabajo, y exigirle el obligado cumplimiento de sus palabras, con una vehemencia parecida a la empleada por sus correligionarios en ansiar el poder, aunque ahora se ve que hace aguas toda la verborrea empleada a diario durante la campaña electoral y la crisis la seguimos pagando los mismos, mientras sus amigos de los consejos de administración y los estamentos empresariales, andan reclamando aún más prebendas, con las que acabar de arrebatar los pocos derechos que nos quedan, a los que tenemos la suerte de tener empleo.
Las fiestas navideñas han frenado un poco las acciones de los movimientos del 15M, no porque haya disminuido la indignación, como quizá hayan podido creer nuestros gobernantes, sino porque todo el mundo necesita un paréntesis para reorganizarse y volver, con más fuerza si cabe, a la dura lucha que habremos de librar, contra estos enemigos que en nada nos representan.
Así, el comienzo de un año que se augura movido, va desgranando los días festivos que quedan, hasta que todo vuelva a normalizarse y se apaguen las luces de neón, devolviéndonos a la cruda realidad que nos ofrece el panorama político que padecemos.
Entonces será el momento de responder convenientemente a todos los abusos apuntados directamente para hacer diana en nosotros, con la contundencia que exige este guión que escriben, en sus ratos libres, los seres mal pensantes del planeta. También nosotros, a veces, somos capaces de ser malos.

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