martes, 17 de enero de 2012

Las evasivas de Rajoy

Después de su entrevista con el Presidente francés, el escurridizo Rajoy vuelve a hacer gala de su enigmático lenguaje, saliendo al paso de los rumores que aseguran una inmediata subida del IVA, exponiendo que no entra dentro de sus previsiones, aunque más adelante, ya se verá.
Especialista en esta especie de jeroglíficos idiomáticos, que traen a mal traer a una población, que intenta desesperadamente entenderle, no acaba el recién llegado al poder de abrir su bien guardado paquete de medidas, para que la opinión pública pueda hacer previsión alguna de futuro, libre de miedos a recortes fantasmas, que terminen de fastidiar, en su totalidad, el poco poder adquisitivo del que ya dispone.
Le ha dado buen resultado esta estrategia, en un momento de desesperación, en el que parecía que todos los males eran fruto de la ineficacia supina de Zapatero, pero una vez despejado el horizonte de todos los males acarreados por el gobierno anterior, los votantes que confiaron en la palabra del ganador de las elecciones, están empezando a impacientarse, por la falta de claridad que le caracteriza, en cada una de las pocas intervenciones públicas que hace.
Todos sabemos desde luego, que espera pacientemente oculto en su mutismo, a conocer el resultado de los próximos comicios en Andalucía, para- en caso de ganar- asestarnos el gran hachazo de las medidas que exige Europa, pero convendrán conmigo, en que la postura adoptada por el líder popular, está creando en torno a él, una cierta leyenda negra de desidia, que nada tiene que ver con firmeza de sus antiguas promesas, cuando aseguraba desde los púlpitos del país, ser conocedor de los secretos que acabaran con una crisis, absolutamente descuidada por sus oponentes políticos.
Al mes de haber ocupado el asiento, que durante años ha perseguido con tenacidad y hasta con malas artes, España sigue EXACTAMENTE, en el mismo lugar que se encontraba antes de su llegada, e incluso ha bajado de nivel para las odiosas agencias que se ocupan a diario de nuestra credibilidad económica, fuera de nuestras fronteras.
No han crecido los puestos de trabajo, para indignación de los cinco millones de desempleados, que esperaban un gesto de comprensión para la situación que atraviesan, ni se ve un solo indicio que haga presagiar que este tema preocupe al nuevo gobierno como prioritario, con o sin más reformas laborales, que no hacen otra cosa, más que empeorar el panorama de los que ya no tienen paciencia para esperar milagros.
Lo peor es que tampoco sabemos qué se hará, cuando por consenso o por decreto, se inicien los nuevos cambios que se nos anuncian. Tanto que reclamaba, en la anterior legislatura, más luz sobre las intenciones que nos afectaban a todos y comparecencias continuadas de miembros del gobierno, para evitar sustos innecesarios a los ciudadanos de a pie, y ahora, poco menos que nos ofrece la impresión de ser gobernados por una cohorte de tecnócratas, sospechosamente parecidos en su aspecto, a los ministros de la dictadura, sin que tengamos el derecho de ser informados, minuciosamente, de lo que con nosotros se hará, en un futuro, o simplemente, de cuáles son las medidas que se tienen previstas para conseguir avanzar, de alguna manera.
Al contrario de lo que pretenden los partidarios de la derecha, no es pronto para exigir explicaciones, sino tarde para empezar a trabajar, en favor de un país, demasiado cercano a la ruina y al desastre.
Las evasivas de Rajoy, no nos convencen y, desde luego, no dejan de ser un modo de ignorar a los ciudadanos, dudando de su nivel de inteligencia.

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