miércoles, 4 de enero de 2012

Los ingresos de los sin techo

La iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona, de multar a los sin techo, por ocupación de espacios públicos, podría ser la imagen más amarga de este mundo, rendido a los brazos del capitalismo feroz que le devora, sin tener en cuenta ninguna limitación impuesta por la ética o por el simple respeto a los más humildes del género humano.
Sensiblemente preocupados por su incapacidad para contabilizar a los integrantes de este colectivo, cada vez más numeroso a causa de la crisis, que de alguna manera escapan a las siniestras garras de los recaudadores sin piedad que reclaman su parte de cualquier ingreso que llegue a los bolsillos de los ciudadanos, los representantes municipales de uno de los consistorios más grandes de la nación, han visto ahora la manera de exigir también su parte de las limosnas recogidas por los desheredados de la tierra y han lanzado a su policía particular, a la caza y captura de cualquiera, a quien se vea pernoctar en las aceras, estableciendo una persecución que en algunos casos, arroja la increíble cifra de 40.000 euros.
Capitaneados por unos pocos cabecillas de la pobreza, estos ciudadanos, víctimas de mil malas historias que podrían haber sucedido a cualquiera de nosotros, se han dirigido a la defensora del pueblo, para que como buenamente pueda, aclare a las autoridades que no viven al raso por un afán de huir de la hacienda pública, sino por una necesidad perentoria de sobrevivir del modo que sea, a los duros reveses que este sistema parece proyectar despiadadamente sobre ellos, sin darles otra salida que la de encontrar un rincón donde descansar del abandono a que los somete la vorágine capitalista, que trata de borrarlos de la faz de la tierra.
La tristeza infinita que produce este tipo de noticias en la gente de bien, sería solo superada por la terrible indignación que se siente, al comprobar la catadura moral de los políticos que hemos elegido para que nos gobiernen.
Tratar de arrancar de los bolsillos de los más pobres un puñado de monedas que ayuden a paliar la desastrosa gestión que ha llevado a éste y otros Ayuntamientos al endeudamiento generalizado en que se encuentran, es un atentado directo contra los cimientos en que se funda la convivencia de los hombres y, desde luego, merece una respuesta inmediata de parte de una justicia, en la que ya casi nadie cree.
Bien harían las autoridades barcelonesas en investigar la procedencia de grandes fortunas, como por ejemplo la del líder de Convergencia y Unió, Durán i Lleida, y crear para ellas un generoso impuesto que exija su contribución a las arcas públicas, en la medida que de ellas se enriquecieron, durante sus años de participación en la política.
Pero eso sería atentar contra sus propios correligionarios y representaría una pérdida radical de ingresos, imposible de admitir para quienes se han acostumbrado a un tren de vida impensable para cualquiera de nosotros.
Es más fácil atacar a quienes no pueden defenderse y transgredir las normas morales, en la creencia de que por ser humildes, este tipo de ciudadanos ni siquiera tienen derecho a una defensa que les devuelva un poco de la dignidad que les robamos entre todos, cuando permitimos que terminaran haciendo de la calle, su lugar permanente de residencia.

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