Sube otra vez la extrema derecha en Europa- ahora en Islandia- alarmando considerablemente a los integrantes de partidos consolidados de corte liberal y socialdemócrata, como si no hubieran previsto que algo así podía suceder, en vista de la mala gestión de la crisis que han estado realizando. Las épocas en que las clases trabajadoras se ven asfixiadas por los altos índices de desempleo, siempre se acaban saldando con el resurgimiento de los autodenominados salvadores de la patria y sus promesas de reducción de los problemas apoyadas en soluciones drásticas. Esta vez le toca a la inmigración pagar los tiestos rotos y soportar la ignominia de tener que oír hablar de expulsiones inminentes, tiñendo las urnas de un problema racial agudizado por las soflamas de corte fascista de los que, de llegar al poder, lo harán con las prohibiciones en la mano. Pero la memoria de los pueblos es flaca. Preocupados por sus propios problemas, no se entretienen en echar la vista atrás, a pesar del ignominioso recuerdo que quedó en el mundo del reinado de los antecesores de éstos que ahora ganan posiciones en el ranking político. A pesar de la amnesia colectiva, es muy preocupante que lleguen a instalarse en nuestros parlamentos individuos de tal calaña y sobre todo, que la juventud se suba a estos carros completamente nuevos para ella, de los que nunca sacarán otra cosa más que la amargura de ser artífices de una pérdida paulatina de libertades, que no tardará en afectar el modo de vida que solían tener. El aprovechamiento descarado que de las situaciones caóticas hacen estos grupos extremistas, es el mismo en cada una de las ocasiones y sus fanáticos líderes acaban por demostrar históricamente su locura atacando desaforadamente y sin control a todo aquello que contradiga sus rectos designios. La valentía del pueblo islandés, negándose a ser socorrido por los usureros de la Banca, queda ahora empañada con este brusco giro a la derecha que hará de su situación actual un laberinto de incalculables consecuencias del que tal vez cueste gran trabajo salir. Pero nadie escarmienta por cabeza ajena y a veces, hay que probar el amargo sabor de la medicina para comprender las fatigas que pasaron los otros y enterrarla para siempre sin volver a tomarla jamás. Y aunque seguramente estos resultados electorales son consecuencia directa de la enorme desesperación en que nos han colocado nuestros gobiernos, habrá que extremar la cautela e informar debidamente a los desmemoriados advirtiéndoles que los remedios, en ocasiones, pueden llegar a ser aún peores que las desgracias que los reclamaron. Sólo queda esperar a próximos comicios en otros países para ver qué alcance va teniendo este ascenso desmesurado de doctrinas tan terribles, pero no se auguran buenos tiempos para los partidos convencionales. Quizá debieron pensar detenidamente en que esto sería inminente de continuar con sus políticas capitalistas y dar mayor importancia a los que en definitiva, son los que elegirán con su voto a los que los apearán del poder.
lunes, 18 de abril de 2011
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