Se ilumina mi vida de forma inenarrable con la dulce noticia del incipiente embarazo de mi hija. Es un fogonazo ardiente que me sube hasta la garganta confundiendo la risa y el llanto en una emoción contenida por la enorme ilusión de que la vida siga su curso. Se rompen todos los esquemas establecidos y en ese momento, soy la futura abuela ilusionada y feliz, que en nada se diferencia de las demás y que se enorgullece de esta normalidad que entra por la puerta como un torrente arrollador, anulando cualquier otra cosa que tuviera en mente difundir a lo largo y ancho del mundo. Miro a la embarazada con la complicidad propia que caracteriza a las madres y las hijas en episodios como éste, intentando adivinar en el color claro de sus ojos aquello que yo ya una vez sentí y la transparencia de su mirada me devuelve la misma sensación de entonces y la misma esperanza de futuro que en ella es hoy, la culminación de mis sueños. Por una vez, no me salen las palabras y prefiero un silencio que equilibra los sentimientos transmitiendo una exquisita calidez que quedará sin duda, guardada en el recuerdo. Y no oigo la algarabía del núcleo familiar, ni la risa sonora que acompaña a esta buena gente que se mueve a uno y otro lado de la casa. Mi hija es la princesa de este cuento, en la escena más hermosa de cuantas interpretó en su vida y dispuesta a seguir sobre este improvisado escenario hasta que la función termine con un sonoro aplauso que ya deberá compartir para siempre, en lo que le depare el futuro. Vislumbra un camino de perspectivas desconocidas que tendrá que ir descubriendo una a una, imaginando a diario cómo será poder dar vida, palpando con sus manos el crecimiento de su hijo milimétricamente, tarareándole canciones para que se familiarice con su voz. El tiempo se le hará, como a todas las madres, demasiado largo y la impaciencia será mayor con la proximidad de la fecha. Guardará escrupulosamente todas las prescripciones médicas y se irán alegrando sus facciones en relación directa con el cambio de su cuerpo, como si fuera la primera mujer en vivir la experiencia y el mundo se acabara de iniciar en la oscuridad de su vientre.
martes, 5 de abril de 2011
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