miércoles, 13 de abril de 2011

Luchando con la astenia primaveral

Este adelanto del verano, que parece haberse saltado una estación entrando a saco en nuestras vidas, descompensando su normal funcionamiento con una inyección de desgana, me tiene algo descentrada en mis labores habituales impregnándolas de un letargo existencial del que me cuesta un imperio desprenderme. Lo noto porque paseo de allá para acá atropelladamente y sin rumbo sin ser capaz de centrar el pensamiento en un tema concreto, a pesar de hacer verdaderos esfuerzos por terminar alguna actividad, casi siempre sin conseguirlo, y sin lograr siquiera una mínima indignación que me motive a escribir para ofrecer algo jugoso a mis pacientes lectores. Yo siempre he sido debilucha cuando llega esta época, no sé si porque mi rendimiento personal da más frutos con los rigores del invierno o porque mi naturaleza bohemia es proclive a ociar en cuanto bajan mis defensas, pero la realidad es que una amalgama de temas variopintos se me instala en la mente y no puedo establecer prioridades para hilar una historia que no sea ésta que ahora estoy contando. Es como una transformación silenciosa que troca mi bravura en mansedumbre y transforma la importancia de los asuntos en pura banalidad, resquebrajándome los esquemas disciplinarios con altas dosis de estúpida pereza. Y aunque sé que está revuelto el patio político, que han encontrado un nuevo arsenal en manos de ETA, que la trama Gúrtel no será juzgada hasta después de las elecciones y que Fukushima sobrepasa la peligrosidad que tuvo Chernobil, sólo puedo pensar en abandonarme al dulce placer de la inactividad y no encuentro el camino para poner en marcha las neuronas, que yacen desparramadas por el cerebro afectadas de indecisión. Ya adelanto que todo esto será, como siempre, superable y que en cuanto salte la chispa que active el resorte que me mueve y el organismo no tenga más remedio que acomodarse a la nueva situación, volveré a ser la misma. Pero en este momento, me apetece la fresca oscuridad de mis aposentos y, todo lo más, una música suave que termine de relajar los músculos afectados por la maldita astenia que los inutiliza. De momento, voy capeando como puedo este temporal que me inunda las arterias de un cansancio soso y hago lo que puedo con las palabras para no defraudar a los que me siguen a diario desde tan diversos lugares de este loco mundo. A todos ellos, a vosotros, pido un poco de comprensión con la falta de imaginación para desarrollar un escrito un poco más contundente, pero a veces, las musas lo abandonan a uno a su suerte y se niegan a soplarnos al oído las frases oportunas.

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