miércoles, 20 de abril de 2011

La pecadora readmitida





Diez años le ha costado a la maestra Resurrección Galera que el Tribunal Constitucional falle a su favor en la pugna que mantiene con la Iglesia Católica, a raíz de ser despedida de su puesto tras contraer matrimonio civil con un hombre divorciado.
Esta resolución, que sienta un precedente importante en las formas de contrato de los profesores de Religión, enviados por los obispados a los colegios públicos, es el fruto de una lucha colosal en la que nunca se contempló la rendición, por parte de una mujer que defendía, sobre todo, algo tan simple como su derecho a la intimidad frente a las injerencias continuadas del clero en los asuntos familiares de los que nombrados a dedo por sus mandatarios, han de convertirse en modelos ejemplares de su doctrina, dentro y fuera de las aulas.
De todos es sabido que muchos maestros hacen los cursillos de religión para tener en la mano una posible salida que contrarreste el alto índice de paro que padecen y que tal asignatura se presenta como una opción en los centros, sin ninguna obligación de ser cursada por los alumnos y sin ser objeto de evaluación por parte de los profesionales.
Con toda seguridad, los que la imparten, sin duda son exhaustivamente investigados en su vida personal por sus contratantes y desde luego, lo normal suele ser que no presenten problemas de tipo doctrinal que causen dolores de cabeza a los santos varones de la poderosa institución eclesiástica.
Ya es un agravio comparativo que no tengan que aprobar unas oposiciones, como el resto de sus compañeros, para acceder al puesto, pero que la actitud de las altas esferas vaticanas gobiernen sus actos hasta el punto de considerar procedente su despido si no se adecuan sus posturas a los estrictos mandatos de sus superiores, está cerca de la esclavitud ideológica y coarta gravemente las decisiones personales que los docentes puedan adoptar, al depender del camino que tomen la solidez de sus puestos de trabajo.
Es de suponer que esta maestra contaría con una trayectoria curricular idónea cuando llegó a un acuerdo con el obispado del que dependía, pero todo se truncó con la llegada a su vida de un hombre que había disuelto un matrimonio anterior, quedando a los ojos de la recalcitrante opinión de la curia en un pecado mortal del que nunca sería perdonado.
El tiempo que se ha tardado en decidir sobre la improcedencia del despido, hace suponer que en el bando de la justicia todavía quedan muchos adeptos a la ideología que profesa la patronal con sotana que es parte en este endiablado litigio, porque es tan clara la injusticia cometida con esta mujer, que hubiera bastado un repaso a la constitución para observar en qué medida se vulneraba su igualdad con el resto de los ciudadanos del estado, libres de decidir a quién unirán su vida y la vía para hacerlo.
Es de imaginar que bajo la apariencia de normalidad que sobrevuela la vida de los profesores de religión, se ocultan algunas otras historias, debidamente solapadas bajo el temor a verse en la calle. Si nos sentamos a esperar, con toda probabilidad acabarán aflorando ahora que se sienta precedente legal sobre el asunto y al fin, estas personas podrán gozar de la libertad y el derecho de vivir la vida sin tener que pasar por el amargo confesionario de la intolerancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario