domingo, 9 de enero de 2011

Un modelo a revisar




Suceden cosas en ese país, cuyo modelo tanto nos agrada imitar, que reflejan perfectamente y sin lagunas de comprensión, las consecuencias que pueden traer nutridos años de puritanismo elevado a la máxima potencia, ejercitados a base de hipocresía e idealización de costumbres imposibles, que cuando se destapan, dejan al descubierto la podredumbre de su cimentación provocando tragedias irremediables, tras el tono rosáceo con que se disfrazaban sus fachadas.
Pero se empeñan nuestros gobernantes, con reiterada obstinación, en importar el oropel deslumbrador que ofrecen al mundo los poderosos, avergonzándose a menudo de nuestros pecados veniales adjudicándoles una capitalidad que nunca tuvieron, como si todo lo bueno y maravilloso de la vida se afincara irremediablemente en los Estados Unidos de América y toda la ignorancia sobre lo que nos es favorecedor, habitara en nuestras casas, a un nivel inferior que nos transfiere un permanente olor a una miseria de la que sin la ayuda del coloso, no podremos abandonar.
Ya somos semejantes a ellos en nuestro afán de consumismo, en el montaje de nuestras campañas electorales, en las prohibiciones de contaminar los lugares públicos con el humo del tabaco, en la manera de alimentar a nuestros jóvenes salpicando nuestro espacio de hamburgueserías, en el consumo indiscriminado de todo tipo de drogas, en la violencia en los centros escolares, en el modo de vestir, en la filosofía capitalista, en el adormecimiento de las conciencias y en la especialización absoluta de los conocimientos, unido al cada vez mayor abandono de una cultura general, tan válida para moverse con desenvoltura entre los de nuestra especie.
Quizá en poco tiempo, abandonemos también nuestro sistema sanitario para sumarnos al estereotipo que promulgan los dioses del capital y que no es otro, que el de salvar exclusivamente al que puede pagarlo, en una burla evidente a los principios humanitarios que debieran mover a la medicina, para convertir a sus profesionales en estrellas al servicio del poder, ciegos a la pandemia de pobreza que padece el subsuelo de su sociedad perfecta.
Puede que también nos gustara su arraigada costumbre de adquirir armas de fuego con la facilidad con que se compran golosinas en cualquier quiosco de la calle. Así, aunque habremos evitado la muerte por inhalación de humo, una vez aplicada la ley antitabaco, podremos tal vez entretenernos en convertirnos en francotiradores, de estos que cada poco tiempo acuden a cualquier parte para ejercer, indiscriminadamente, su derecho al uso de los juguetes letales que lograron a precio de saldo.
No se sabe aún, si la matanza de ayer mismo, en un mitin electoral de los demócratas, viene teñida de tintes políticos ultra conservadores que no perdonan la modernidad intolerable de que un hombre de color haya conseguido sentarse en un despacho oval creado, en exclusividad, para disfrute de superhéroes de razas superiores, pero es seguro, que de no ser por la permisividad que caracteriza esta sociedad que continuamente imitamos, el acceso a los instrumentos utilizados para acabar con la vida de las personas, se lo habría puesto mucho mas difícil al autor o autores de una locura que, armada hasta los dientes, resulta doblemente peligrosa, aunque estos individuos, seguramente, no habrán fumado un solo cigarrillo jamás y probablemente, frecuentan alguna de las múltiples Iglesias que salpican los estados de la poderosa América.




1 comentario:

  1. El incidente es trágico y lamentable, por supuesto, pero después de que ocurren este tipo de cosas, a uno se le queda involuntariamente una cierta sensación de estar contemplando continuamente el escenario de lo que la cultura yanki nos quiere retransmitir hoy. Una porción de pánico nunca viene mal en una época de crisis, y mucho menos si es aderezada por algunos tintes ultraconservadores que siempre están preparados para subirse a cualquier tren. Que Dios nos coja confesados... o quien sea...

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