jueves, 3 de junio de 2010

Yo,tú, todos...





Crecen las apuestas acerca del contenido de la reforma laboral anunciada por el presidente del gobierno en unas desacertadas declaraciones en las que amenaza con un nuevo decreto, se llegue o no a un acuerdo entre los agentes sociales. Estamos a la expectativa porque más que un anuncio cordial de cambios, las circunstancias parecen contener el chantaje velado de un nuevo recorte de derechos.
Existe además una animadversión latente hacia los portavoces sindicales que verdaderamente, se han dedicado a dormir en los laureles durante demasiado tiempo y es por eso que el ciudadano de a pie se muestra por sistema, diametralmente enfrentado con cualquier proposición que salga de las centrales mayoritarias, sean o no justas sus demandas.
Es lo que tiene haber bebido los vientos del poder en una época de relativa bonanza. Transigir con las imposiciones de unas subidas salariales mínimas o la precariedad en el empleo temporal a cambio de vivir cómodamente subvencionados, les ha restado práctica en el combate y ahora pagan de golpe su desinterés, inmersos en un mar en el que toda su credibilidad ha quedado en entredicho.
Se niegan los funcionarios a seguirlos en su convocatoria de paro del próximo día ocho alegando que no regalarán una parte de su sueldo al gobierno y a la misma razón apelan las capas sociales para negarse a la huelga general que se intuye cercana, pero en el fondo, el argumento que flota en el aire es el de la desconfianza hacia unos representantes que nunca jugaron con acierto el papel que les correspondía en esta comedia.
Desde que los sindicatos dejaron de nutrirse de individuos ideológicamente comprometidos que actuaban de forma altruista por garantizar y mejorar los derechos de los trabajadores y sus filas se llenaron de pícaros a la caza de una seguridad en el empleo, perdieron el sentido con el que fueron creados para asentarse en un conformismo inaceptable que ahora da los frutos esperados. Su imagen ha caído en un desgaste casi tan fuerte como el del gobierno y es fácil adivinar que probablemente se encuentren en un mismo abismo del que será difícil resurgir.
Para los empresarios, estos agentes serían similares a un perro que durante años ha mostrado absoluta docilidad y que un día trata de sacar los dientes amenazando a un amo cuya inmediata reacción es la de esbozar una sonrisa. Para el presidente de turno, son las ovejas que han seguido el camino marcado y que desesperadamente tratan hoy de tomar un desvío para no despeñarse en el barranco.
Todos están convencidos de la inutilidad de un esfuerzo atropellado y sin respaldo popular, así que los primeros no se apean de sus exigencias, que saben prácticamente ganadas y el otro, ahogado por la situación, los ignora aplicando el decreto seguro de que no tienen poder de convocatoria.
En medio del remolino, aguardamos con impaciencia las resoluciones que sabemos a ciencia cierta, mermarán nuestra calidad de vida y desacostumbrados a vivir situaciones que requieran un combate por nuestra parte para asegurar la subsistencia, incluso nos asalta la idea de que las cosas no podrán ir peor.
No obstante, la inmovilidad no es aconsejable para los débiles y habremos de considerar que alguna vez habrá que decir basta a los atropellos que con nosotros se cometen e intentar reconducir la situación hacia terrenos más beneficiosos aunque sea representándonos a nivel individual o como grupos efectivos creados para el momento.
No cometamos el error de pensar que un cambio en el gobierno terminará con la crisis ni caigamos en la tentación de resguardarnos a la espera de que alguna mano benefactora nos sacará las castañas del fuego sin pedir nada a cambio, porque eso no sucederá jamás.
No hay otro amparo que el que seamos capaces de prestarnos los unos a los otros y no existe otra voz que la nuestra para gritar el hartazgo que nos provoca la desfachatez con que los poderosos afrontan la dificultad, que no es la suya, sino desgraciadamente, la nuestra.
Así que habrá que afrontar la nueva etapa construyendo una singular asociación en la que yo, tú, todos, aportemos ideas efectivas que nos desliguen de la manipulación para convertirnos en protagonistas. Nadie mejor que los afectados para defender nuestras reivindicaciones de justicia.















No hay comentarios:

Publicar un comentario