jueves, 24 de junio de 2010

La tórrida estación





Nos asalta de nuevo el verano, esta vez dejando atrás un crudo invierno de catástrofes naturales desatadas y el recuerdo de varios meses sin sol en un país acostumbrado a la benigna luminosidad de las tardes y a la brillantez de la luna asomada a los cielos rasos de los periodos de sequía.
Se nota además de en la climatología, en la soledad de las calles a primera hora de la mañana sin el barullo que acarrea la entrada a los colegios y sin la dulce risa de los niños que abordan desde ayer un nuevo periodo vacacional, para desesperación de sus padres trabajadores.
Se adivina a la vuelta de la esquina el letargo habitual que paraliza las instituciones durante esta época y la pereza se refleja en los rostros cansados de todo un año de esfuerzo y que caminan a sus ocupaciones sin esperar otra cosa que la llegada masiva de su emigración a los lugares de veraneo para olvidar la rutina de las obligaciones y disfrutar del merecido descanso.
Se empieza a ver gente nueva en las tiendas y los ambulatorios supliendo a los titulares de las plazas y en breve empezará el trasiego de los coches cargados de maletas alborotando la tranquilidad de las autopistas mientras los que de momento nos quedamos en casa, gozamos de la `placidez de las grandes ciudades desiertas y del silencio de las avenidas inusitadamente abandonadas e idóneas para el paseo matutino.
Por un par de meses olvidaremos los problemas que nos atañen, la gravedad de la crisis que padecemos, las reformas laborales, el pensionazo y hasta la rebaja salarial que sufrimos en el ejercicio de la última legislatura socialista.
Esperarán como si de asignaturas pendientes se tratasen, el nunca terminado de aprobar Estatuto de Cataluña, la renovación del Poder judicial, la remodelación del gobierno y la huelga general anunciada por los sindicatos y cada cual según sus posibilidades, hará un necesario ejercicio de desmemorización para centrarse únicamente en pasar el tiempo cerca de los que quiere o aprovecharlo para establecer nuevos contactos que a veces se hacen duraderos y otras se pierden fugaces en el amplio baúl de los recuerdos.
Veremos a nuestros políticos en las playas, las sierras o sus pueblos de origen, a la familia real en Mallorca posando con su innumerable prole en la puerta de la Catedral o en las regatas, a las famosas luciendo palmito en la imprescindible Marbella y a los equipos futboleros jugando torneos de verano como entrenamiento para la liga próxima.
Los niños volverán a sus campamentos para reencontrarse con los amigos del año anterior, los adolescentes a sus intercambios en el extranjero para perfeccionar la maldita lengua bárbara que destierra a nuestro castellano en la supremacía mundial de los idiomas, los mayores a la frescura del chiringuito, a las sardinas asadas o a los senderos de nuestros preciosos montes, pero todos igualmente entregados a la desconexión y a la cura del estrés que sacude la espalda y el corazón en otros periodos del año.
Será imprescindible pues, entrar en este paréntesis de flojedad que en cierto modo nos libera de las angustias contenidas y de la terrible preocupación por el futuro incierto.
Quizá habrá que inventar algún cóctel exótico para seguir rellenando esta página, o colarse en alguna fiesta para comentar las últimas tendencias de la moda e incluso cambiar el comentario de la inexistente política veraniega por una especie de diario de viaje para describir los lugares que decida visitar.
Yo soy un ser camaleónico y me adapto a todo.




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