miércoles, 30 de junio de 2010

El topo







Leo en el dominical de El País un interesante artículo de Juan José Millás sobre Alfredo Pérez Rubalcaba que no sólo me ayuda a completar la visión que de este político tenía, sino que incluso me motiva a poner en funcionamiento la imaginación, por lo curioso de alguna de las anécdotas que presenta.
Yo siempre admiré de Rubalcaba la indiscutible inteligencia de haber sobrevivido al paso del tiempo siendo capaz de encajar en los gobiernos socialistas con una perfección digna del mejor diplomático y al mismo tiempo levantando todas las ampollas posibles en los bancos de la oposición con sus cáusticos comentarios perfectamente construidos.
Está resultando además ser un Ministro de Interior igualmente competente para lidiar con la tregua de ETA, como para hacerle frente con furibunda ira consiguiendo resultados nada desdeñables en cuestión de detenciones y un bajísimo índice de atentados con vidas humanas de por medio.
Claro que acabo de saber que este señor no podía tener mayor dedicación a su cargo y la prueba evidente de esta información es que curiosamente, su vivienda se encuentra en las dependencias del ministerio, con lo cual, su convivencia con el trabajo resulta ser absoluta hasta el punto de que se queja de sus escasas salidas a la calle argumentando cierto pudor en molestar a sus escoltas,
La claustrofóbica situación de Rubalcaba seguramente dará para más de un comentario mal intencionado por parte de sus innumerables detractores. pero a los ojos de un ciudadano normal, resulta insólita y sobre todo produce una enorme tristeza.
Bajar y subir las mismas escaleras un día tras otro, de casa al despacho y del despacho a casa, ha de ser cuando menos inmensamente aburrido y sólo superable con las vicisitudes que acarrea la cartera que le acompaña, sin discusión en cuanto a su dificultad se refiere.
Se deduce por tanto, que sus escapadas hasta el Congreso seguramente serán un acontecimiento festivo dentro de su espantosa soledad. He aquí el motivo de su imparable verborrea cuando se encuentra en el uso de la palabra y también de su talante abierto con la prensa ya que encontrarse en compañía de otros seres humanos será como mínimo. deseable para quien eligió tan ascética vida ciertamente un poco oscurantista.
Me pregunto en qué ocupará su tiempo y si preparará con minuciosidad su discurso en esos ratos libres y a quién consultará cuando le asalten las dudas sobre las decisiones a tomar en el desempeño de sus funciones.
A una se le antoja una especie de topo de la resistencia antifranquista y la primera visión que acude a la mente es la de una habitación iluminada por luz artificial. rodeada por un sinfín de libros, sin otra conexión con el exterior que una ventana desde donde mirar la calle cuya seguridad también depende de su tino y gobierno.
Aunque doy por sentado que al menos tendrá un teléfono para hablar con el Presidente y hasta puede que una línea directa con Moncloa a donde por cierto, según palabras textuales, le horrorizaría volver.




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