Sería de suponer que las organizaciones internacionales se crearon con la intención de administrar justamente el derecho que asiste a sus miembros y velar por la seguridad de los mismos ejerciendo papeles de mediación si se produjera algún conflicto.
Si uno tiene la suerte de haber nacido en una de las llamadas grandes potencias podrá considerarse sin duda ciudadano de primera y gozará abiertamente de todos los privilegios que estas organizaciones internacionales ofrecen pero si el azar te situó en un país de menor poder adquisitivo, ten por seguro que habrás de salir de los problemas sin ayuda de nadie.
Avergüenzan las declaraciones de las Naciones Unidas y la OTAN ante los gravísimos acontecimientos ocurridos entre Israel y los barcos de ayuda humanitaria atacados en aguas internacionales bajo bandera turca y que representan una clara violación de la paz que agrava las relaciones con los países árabes aportando un móvil evidente para el cierre absoluto de las negociaciones abiertas.
A pesar de que los dos Estados implicados en los hechos son miembros de los organismos antes mencionados, la falta de contundencia en la condena de los mismos y no hacer mención a Israel en los comunicados emitidos inclina la balanza como siempre, del lado del poderoso y pone en tela de juicio la validez de estas corporaciones a todas luces inoperantes si el capital no te tocó con su varita mágica.
No es de extrañar que se alcen voces en contra de este desprecio por los débiles que ignora el amparo que merece quien es objeto de ataque injustificado por el ejército mejor armado del planeta y tampoco causa asombro que los implicados en esta guerra tácita de duración eterna, amenacen con el endurecimiento de sus posturas frente a un Occidente caduco esclavo del poder absolutista de unos cuantos.
Cansa la reiterada indiferencia de los poderosos y como cuando se trata de sus asuntos la maquinaria se moviliza para socorrerlos implicando a los gobiernos en acciones bélicas con excusas que a veces son demostradamente falsas, como en el caso de Irak.
Pero si los que han de ser garantes de la paz se alían con quienes promocionan sus industrias de armamento con la creación indiscriminada de guerras e invasiones de territorios ajenos ¿en qué puede confiar el ciudadano y qué opciones le aguardan en un futuro que pudiera torcerse?
Seguramente la fragilidad de la memoria nos hará olvidar pronto esta desconsideración que ahora nos abruma y ensombrece nuestras expectativas ahondando en la idea de que en el fondo, formamos parte de una población de tercera división expuesta de por vida a las vejaciones caprichosas de los que nos manejan, pero haremos muy mal en no divulgar la verdad mientras ocurre delante de nuestros pasmados ojos y en no reflexionar sobre las consecuencias de estar sometidos a los designios de quienes no nos representan, a pesar de sus siglas.
Quizá convendría crear una división de inferior categoría donde la igualdad fuera un hecho entre los pueblos y las heridas se atendieran con la misma urgencia que se atienden las de los ricos.

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