miércoles, 16 de junio de 2010

Curiosa coincidencia

Una nebulosa de mágicos efectos envuelve al país en un día tan señalado, adormeciendo la rabia contenida que provocan las medidas políticas incitando a un patriotismo barriobajero que causa más sonrojo que envanecimiento.
Se paraliza la circulación y se produce un recogimiento familiar enfrente del televisor para celebrar el hecho trascendental de que la selección española de fútbol juega su primer partido en el mundial de Sudáfrica.
Los medios de comunicación empujan literalmente de las portadas cualquier noticia verdaderamente importante y publican a todo color fotografías de jugadores en el último entrenamiento manifestando esa actitud triunfalista que tantos disgustos suele ocasionar cuando de un mero juego se trata.
Para esto, no nos importa salir a horas intempestivas a la calle haciendo gala de nuestra clara procedencia simiesca mientras vociferamos himnos de difícil catadura, ni nos avergüenza la chabacanería de maquillar nuestros rostros con los colores patrios , ni coronar nuestras supuestas cabezas pensantes con toda suerte de pelucas, cuernos o antenitas adosadas a unos escandalosos muelles que vienen y van fastidiando a quienes se nos cruzan en el camino.
Para esto, nadie nos ha de convocar. Vamos solitos a sumarnos a las hordas ramplonas que se bañan en las fuentes ornamentales de las ciudades, sin necesidad de llamamientos o reuniones informativas en las que se explique el motivo de tan llamativa aglomeración humana.
Para esto, algunos viven y se mueven. No hablan de otra cosa y ni siquiera adquieren otra lectura que la prensa especializada en la materia o los álbumes en los que reunir a las figuras relevantes en los campos o las camisetas y abalorios que acompañan el negocio del siglo.
Y como nada es casual, qué curiosa coincidencia que el texto de la Reforma Laboral aparezca precisamente en la misma fecha en que se celebra un partido de tanta relevancia para esta Nación perdidamente entregada a su equipo.
Todo tiene su aquel y conociendo seguramente el gobierno el efecto adormecedor de conciencias que este demoledor espectáculo lleva consigo, habrá pensado, no sin razón, que el deterioro producido entre los trabajadores por el decreto que nos muestra, habrá sin duda pasado a un segundo plano en una jornada como esta y que mañana vendrán seguramente otras noticias quedando quizá en un segundo plano de actualidad lo acaecido hoy, así que miel sobre hojuelas.
Sería de desear, poner el mismo énfasis en la defensa de nuestros intereses, la misma celeridad en tomar las calles sin necesidad de avisos previos, el mismo celo en hacer notar nuestra presencia –esta vez de luto riguroso y en silencio- delante de las puertas de los Ayuntamientos de nuestras ciudades.
Porque la algarabía que hoy celebramos, mañana, cuando pase el efecto de la pócima, no será otra cosa que el entierro de nuestros derechos y el comienzo de un camino amargo del que sabe Dios si volveremos a salir.

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