martes, 1 de junio de 2010

El sufridor tiránico





No es fácil para un grupo determinado recuperar la estima de otros y en ocasiones, hay que hacer un considerable esfuerzo para alzarse hasta un puesto honorable en el panorama mundial en el que una vez instalado, se goza del respeto de los demás, sobre todo si las acciones con que se acompaña la subida no representan ningún daño para terceros.
Israeel parece haber perdido la memoria de su propio sufrimiento y los diversos avatares que se ha visto obligada a realizar hasta encontrar un lugar en el que asentarse como pueblo y ser tenida en consideración en el orden universal de los estados. Lo tenía fácil porque el horror del holocausto ocupaba el numero uno en la lista de aberraciones provocadas por la humanidad y quienes lo padecieron se suponían en posesión de la razón y merecedores de cualquier tipo de misericordia.
Pero he aquí que tal vez llevados por la necesidad acuciante de que ningún hecho parecido pueda jamás volver a repetirse, hace un blindaje férreo de sus fronteras y casi desde el mismo momento en que ocupa sus actuales territorios se enzarza en una interminable guerra absolutamente desigual que masacra de una manera muy similar a su propia experiencia a todos aquellos que se atreven a poner en tela de juicio la legalidad de sus acciones.
No puede ser tan sencillo apearse de un suceso tan desgarrador como el que sufrieron y resulta cuanto menos extraño, que la mirada de los herederos de la supervivencia de aquella masacre indiscriminada, no demuestren la menor conmiseración por los débiles y repitan posiciones de dominio que recuerdan al fascio con la creación de recintos amurallados donde segregar al considerado enemigo o el aislamiento de una población civil arrastrada sin consideración, a la pobreza extrema.
Colma el vaso el violentísimo ataque perpetrado contra los buques de ayuda humanitaria que buscaban llevar un poco de consuelo a la franja de Gaza y cuyo pasaje formado por simples cooperantes, se ha visto prácticamente arrasado por una acción típicamente bélica a todas luces incomprensible y desproporcionada.
De nada servirá la indignación internacional ni las llamadas a consulta de los embajadores si no se ahonda en la profundidad del problema y se acaba con la prepotencia inaceptable de este desmemoriado Israel y con las demostraciones diarias de su odio ancestral hacia Palestina. Esta claro que no hay bandera que detenga su paso marcial ni razón que convenza a sus dirigentes, por muy inocente que sea.
No sería extraño que estos disparatados incidentes volvieran a colocar al pueblo judío en el punto de mira de quienes ya una vez lo consideraron un peligro para el orden del universo y que renazca un antisionismo exagerado que conlleve la tentación de hacerlo desaparecer de la faz de la tierra.
Si realmente en algún momento asumieron su historia y se propusieron superarla mirando a un futuro mucho mas limpio que se alejara para siempre de unos esquemas de difamación contra su idiosincrasia, el camino seguido no es el correcto ya que nadie merece el respeto que niega a los demás y desde luego, ningún pueblo merece la dominación o ser desterrado de por vida a la desesperanza.

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