Visita el Presidente El Vaticano, no se sabe si movido por un arranque furibundo de abrazar la religión católica esperando encontrar en ella una remisión para sus múltiples pecados contra la clase obrera.
Estrecha fraternalmente las manos de Benedicto XVI exhibiendo la mejor de sus sonrisas, evidenciando un olvido cabal de todos los malos ratos que le han hecho pasar las declaraciones de los cardenales, encabezados por Rouco Varela y no sé yo si también su anterior anticlericalismo, en tantas ocasiones manifiesto, cuando hacía referencia a la injerencia de la Iglesia en los asuntos del Estado.
Se intuye una renovación del Concordato vista la faz amable del pontífice o, quizá, apoyado en el giro a la derecha que la política socialista parece haber iniciado, se va creando una sospechosa cercanía en posturas anteriormente encontradas.
No se le notan a Zapatero las horas nocturnas dedicadas a la negociación de su Reforma Laboral ni el fracaso de las mismas y aparece con un talante cordial sorprendente para quien tiene al país en vilo con su pluma de firmar decretos.
Ya que ha tenido la gentileza de viajar hasta allí, podría pedir consejo al jefe del único Estado europeo que no ha entrado en la crisis y poner en práctica una política similar en el nuestro teniendo muy en cuenta la saneada economía que esta nación disfruta y el nulo índice de paro que padece.
Es posible que el Papa, asesorado por quienes llevaron las Cajas de Ahorro andaluzas durante tanto tiempo, fuera capaz de encontrar una salida más que airosa a los acuciantes problemas que sufrimos además de contar con la ayuda divina que todo lo puede. Y en última instancia, dada su infinita misericordia, ejercer de banquero fiador con nuestras necesidades sin que hubiera que recurrir a la no muy cristiana costumbre de rebajar salarios de honrados trabajadores ni congelar las pensiones de los ancianos.
A lo mejor ha encontrado el Presidente una alianza provechosa que lo aleje de la madrastra europea que lo zarandea por las solapas afeándole a diario sus comportamientos y ha elegido el camino del perdón para ser admitido en un club mucho más exclusivo en el que no existen discordias ni pendencias.
E incluso puede que esta derivación repentina satisfaga íntegramente al señor Rajoy, y sobre todo al muy católico señor Trillo, asombrándonos pronto a todos con una manifestación conjunta cuyo lema será la santificación de las ideologías.
Quizá haya que prometer la obligatoriedad de la asignatura de religión en los colegios, la retirada de la ley del aborto o la creación de un Ministerio de Asuntos Eclesiásticos encabezado por unos cuantos cardenales de ideas decimonónicas vestidos con sus mejores galas, pero eso son pecados veniales que se solucionan con el rezo de tres o cuatro Ave Marías.
Estrecha fraternalmente las manos de Benedicto XVI exhibiendo la mejor de sus sonrisas, evidenciando un olvido cabal de todos los malos ratos que le han hecho pasar las declaraciones de los cardenales, encabezados por Rouco Varela y no sé yo si también su anterior anticlericalismo, en tantas ocasiones manifiesto, cuando hacía referencia a la injerencia de la Iglesia en los asuntos del Estado.
Se intuye una renovación del Concordato vista la faz amable del pontífice o, quizá, apoyado en el giro a la derecha que la política socialista parece haber iniciado, se va creando una sospechosa cercanía en posturas anteriormente encontradas.
No se le notan a Zapatero las horas nocturnas dedicadas a la negociación de su Reforma Laboral ni el fracaso de las mismas y aparece con un talante cordial sorprendente para quien tiene al país en vilo con su pluma de firmar decretos.
Ya que ha tenido la gentileza de viajar hasta allí, podría pedir consejo al jefe del único Estado europeo que no ha entrado en la crisis y poner en práctica una política similar en el nuestro teniendo muy en cuenta la saneada economía que esta nación disfruta y el nulo índice de paro que padece.
Es posible que el Papa, asesorado por quienes llevaron las Cajas de Ahorro andaluzas durante tanto tiempo, fuera capaz de encontrar una salida más que airosa a los acuciantes problemas que sufrimos además de contar con la ayuda divina que todo lo puede. Y en última instancia, dada su infinita misericordia, ejercer de banquero fiador con nuestras necesidades sin que hubiera que recurrir a la no muy cristiana costumbre de rebajar salarios de honrados trabajadores ni congelar las pensiones de los ancianos.
A lo mejor ha encontrado el Presidente una alianza provechosa que lo aleje de la madrastra europea que lo zarandea por las solapas afeándole a diario sus comportamientos y ha elegido el camino del perdón para ser admitido en un club mucho más exclusivo en el que no existen discordias ni pendencias.
E incluso puede que esta derivación repentina satisfaga íntegramente al señor Rajoy, y sobre todo al muy católico señor Trillo, asombrándonos pronto a todos con una manifestación conjunta cuyo lema será la santificación de las ideologías.
Quizá haya que prometer la obligatoriedad de la asignatura de religión en los colegios, la retirada de la ley del aborto o la creación de un Ministerio de Asuntos Eclesiásticos encabezado por unos cuantos cardenales de ideas decimonónicas vestidos con sus mejores galas, pero eso son pecados veniales que se solucionan con el rezo de tres o cuatro Ave Marías.

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