domingo, 13 de junio de 2010

La venda en la boca




Hoy nuestros ojos se detienen en Italia y se alinea nuestra mirada con la prensa de este país en la unánime repulsa levantada por la llamada ley mordaza.
Un aire de fascismo incipiente se cuela a hurtadillas en Europa reprimiendo la libertad de expresión, tan nociva contra quienes tienen tanto que callar y tan útil para los que creemos en el derecho a la información de los ciudadanos de un mundo libre.
Siempre el primer paso de una dictadura es tratar de silenciar la disidencia creando la ilusión de que todo marcha conforme a su conveniencia absolutista.
Tras los escándalos demostrados de corrupción que han salpicado la política italiana, empezando por su impresentable cabeza visible, era de esperar este as sacado de la manga que rememora los tristes episodios vividos, las desastrosas alianzas con el nazismo y que pretenden convertir en otro Dux a un personaje esperpéntico pagado de si mismo en su ascensión imparable hacia el poder omnipresente.
Los periódicos salen a la calle con una portada blanca simbolizando la férrea censura que contra la palabra se impone y los jueces más afectados por la ley se duelen del recorte en sus investigaciones sintiéndose maniatados frente al crimen organizado de las mafias.
Un telón oscuro de perversiones se cierne sobre la sociedad italiana privándola de conocer los entresijos de las tramas corruptas que arruinan la limpieza de sus representantes dando lugar a convertir en algo rutinario enriquecimientos ilegales a costa del empobrecimiento de la nación.
Queda la prensa relegada a ser mera correa de transmisión de los poderes fácticos y los profesionales que la ejercen a convertirse en marionetas al servicio de los políticos perdiendo la independencia que le da credibilidad.
No debe Europa consentir que la semilla se extienda, e igual que llama a consulta a los Presidentes para cuestiones económicas, debe atar corto al señor Berlusconi en estos sueños de grandeza que podrían suscitar imitaciones nada deseables.
Claramente, el uso de la palabra es fuente de poder necesario para contrarrestar la fuerza bruta del Capital sobre los pueblos y el único vehículo que queda a las clases trabajadoras para exigir la aplicación igualitaria de las leyes, bastante generosas de por sí con los poderosos.
Este atentado insidioso contra la libertad de expresión nos lleva al desamparo de una ignorancia impropia de la época en que vivimos y va abriendo camino a un totalitarismo casi teocrático en el que nunca se sabe cual será el próximo en caer.
Desgraciadamente, ya vivimos las consecuencias de unos regímenes cuyos comienzos fueron estos. Después vinieron la xenofobia y la violencia contra todos aquellos que se atrevieron a pensar de una manera diferente.
Creíamos que habían quedado claras las pautas a seguir para que la historia no volviera jamás a repetirse, pero viso lo visto, parece que un reducto indestructible de aquel fantasma sigue presente entre nosotros y desgraciadamente, incluso se mueve por los pasillos más lujosos de nuestras propias casas.
Yo invito a quienes como yo gozan de total independencia, a gritar alto y claro desde los medios a su alcance, a favor de los que se ven obligados a soportar la mordaza del yugo fascista que silencia la voz de los informadores italianos. Para que esta libre expresión de nuestras ideas plasmada a diario en el papel, no pueda ser acallada jamás ni transgredido nuestro derecho a transcribir la verdad.

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