jueves, 25 de enero de 2018

Un respiro efímero



Guardándose la espalda, el Partido Popular interpone un recurso ante el Tribunal Constitucional, oponiéndose a la candidatura de Puigdemoint para ocupar la Presidenccia de la Generalitat, apoyándose en el argumento de las circunstancias que se dan alrededor de este personaje y muy fundamentalmente en el hecho de que en estos momentos, en España, se le considera como un prófugo de la Justicia.
No quiere esperar el PP a ver qué sucede en los próximos días, en el Parlament de Catalunya y temiéndose que vuelva a forzarse una situación en la que se le conceda a Puigdemont la posibilidad de gobernar a distancia y  a quienes le acompañan en Bruselas, la oportunidad de delegar el voto en otras personas que sí estén presentes, da un paso al frente adelantándose a cualquiera que sea la decisión que se tome a este respecto, confiando en que el Constitucional ponga freno a las intenciones veladas que se adivinan, por parte de los independentistas, en los próximos días.
No sale, como suele suceder, Mariano Rajoy, a  contar estas novedades a la prensa y, por ende, a los ciudadanos, sino que vuelve a delegar en Soraya Sáenz de Santamaría, a quien ha convertido en una sparring, que  para los golpes que podrían socavar la naturaleza de sus decisiones y también, seguramente, para evitar la posibilidad de que alguno de los profesionales presentes en la rueda de prensa, pudiera preguntarle sobre lo ocurrido ayer en el juicio de la Gurtel, cuestión para la que, con toda certeza, no le vale ninguna respuesta.
Como si nada hubiera ocurrido y alegando que lo declarado por Costa, no es más que una estrategia de defensa, a la que por supuesto, tiene derecho, la postura de los conservadores sobre este tema, vuelve  a ser la de enrocarse en un elocuente silencio y distraer la atención hacia otros problemas diferentes, en este caso, el de Catalunya, como estamos viendo, en este momento.
Convencidos de que esta vez, a pesar de la gravedad de los hechos, tampoco ocurrirá nada y de que podrán continuar disfrutando de una impunidad que en cierto modo, se está convirtiendo en eterna, los populares miran hacia otro lado, negando la evidencia y ni siquiera se atreven a dar de baja en su militancia a Francisco Camps, al que Mariano Rajoy, hace algún tiempo, declarara públicamente  su amor incondicional, en una plaza de toros abarrotada de público que acudía a uno de los actos financiado ilegalmente.
Conviene más, estirar el tema de Puigdemont y sus veleidades cotidianas, en Bruselas o allá dónde se encuentre y echar más leña aún, si cabe, al enconado problema catalán, demostrando claramente que no existe, por su parte, ninguna voluntad de poder alcanzar un acuerdo.
La jugada, anunciada con toda solemnidad por la Vice Presidenta del Gobierno, dirige escrupulosamente la mirada de los medios de comunicación, exactamente hacia dónde se quiere y entierra, con mano artesana, los gravísimos hechos acaecidos ayer, ofreciendo un respiro transitorio a quienes debieran estar hoy respondiendo por su responsabilidad política en el asunto de la Gurtel, que por cierto, dicen desconocer, como si no entrara dentro de sus funciones, la obligación de estar informados al detalle, de lo que ocurre en su propio Partido.
Los ciudadanos, que vemos la maniobra como una repetición de otras muchas que ya se utilizaron anteriormente, nos preguntamos sin embargo, qué hace la oposición, mientras vemos con asombro, cómo algún que otro líder de Ciudadanos aplaude la decisión del Ejecutivo, a pesar de confesar abiertamente que conocían desde hace años, lo que estaba ocurriendo en Valencia.
Correspondería, por tanto, a los medios, no permitir que ningún Partido político se desprendiera del equipaje que constituye la prueba de su flagrante participación en asuntos oscuros de corrupción, mientras se desvía la atención a otros hechos y aunque es sabido que el problema catalán tiene la importancia que tiene, la actualidad de hoy, tendría que estar centrada en las declaraciones de Costa y no en las intenciones de Puigdemont, que poco o nada importan a la Sociedad en general, hastiada de la duración de este conflicto.
Exigir al gobierno que separe los temas escrupulosamente y que ofrezca a los ciudadanos, con urgencia, una explicación aceptable sobre su participación en lo sucedido en Valencia, tendría que ser, obligatoriamente inaplazable, pues no basta con acudir a la manida táctica del desconocimiento, para eludir responsabilidades, en este caso penales, que debieran ser asumidas por los dirigentes del PP, como por cualquier otra persona que hubiera incurrido en delito.
No se entiende, que el PSOE de Pedro Sánchez no haya pedido ya dimisiones, ni que los ciudadanos de Rivera se apunten a la estrategia de dejar pasar el tiempo. Esta clase de líderes, que permanecen inmóviles, mientras suceden cosas de este calado en su propio país, no merecen, perdónenme sus votantes, ni siquiera que se piense en ellos como posibles candidatos a la Presidencia.

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