miércoles, 17 de enero de 2018

Fuentes de conflictos


En un clima de considerable emotividad, los independentistas catalanes consiguen nombrar Presidente de la mesa del Parlament al representante de Esquerra Republicana, Roger Torrent, que acepta el cargo frente a unas cuántas sillas vacías, adornadas por grandes lazos amarillos que reclaman la libertad de los presos y la vuelta de los presuntos exiliados en Bruselas y para ellos son, precisamente, las primeras palabras de este jovencísimo Presidente, que requiere también que pueda hacerse efectivo el mandato de la ciudadanía, en un intento de que se olvide lo pasado, para empezar de cero, esta nueva andadura  que se presenta, desde el principio, convulsiva y difícil.
Los constitucionalistas, que se ven rabiosamente desbancados por los mismos a los que combatieron denodadamente, hasta la aplicación del 155, por parte del  Gobierno  español, tendrán que admitir que todos los esfuerzos que han hecho para conseguir dar un giro de 180 grados en la política catalana, han resultado ser absolutamente inútiles, a pesar de que Ciudadanos haya ganado las elecciones e Inés Arrimadas se haya convertido en la líder de la nueva derecha catalana, arruinando las perspectivas del PP, al que la Sociedad en general, considera como el principal artífice de que las cosas hayan llegado hasta un punto de puro y duro enfrentamiento.
Seguimos, aunque las cosas hayan cambiado en cierto sentido, exactamente en el mismo lugar en el que nos encontrábamos antes de que se produjera la proclamación de la efímera República y aunque ya no veamos las mismas caras y la mayoría de los líderes que protagonizaron el proces, estén en prisión, en Bruselas o hayan decidido retirarse de la vida política, el canto de Els segador, coreado con énfasis por las filas separatistas, nos recuerda que la solución del problema no ha llegado y que los argumentos esgrimidos con anterioridad sobrevuelan el Parlament, con la misma fuerza que hace sólo unos meses.
Entretanto, el juicio de la Gurtel en Valencia se aplaza sorpresivamente hasta el viernes, pues se especula con la posibilidad de que Pedro Crespo y el bigotes pudieran estar negociando un acuerdo con la fiscalía, similar al alcanzado por Correa y a Ricardo Costa se le viene encima un terremoto con el que no contaba, por lo que su defensa deberá darse prisa si quiere rebatir con cierta seriedad el argumento que le coloca como único responsable de la recepción del dinero procedente de las comisiones cobradas a los empresarios ilegalmente y tendrá, seguramente, que  tratar de probar que la Cúpula de Génova y Camps, conocían y aceptaban como válidos, todos y cada uno de sus movimientos.
El rostro de Costa, que no ha querido pronunciarse ante la prensa, sobre esta última jugada, que ya se da como segura para el próximo viernes, denotaba esta mañana una insoportable inquietud, que no podía ocultar tras la media sonrisa que trataba vanamente de esbozar, detrás de su silencio.
Mal se le ponen las cosas al PP de Rajoy, en Catalunya y en Valencia, pues mientras los independentistas se jactan de su innegable triunfo sobre las fuerzas españolistas, Correa, Crespo y el bigotes, encuentran un apoyo tácito a sus versiones, por parte de la fiscalía y  lo que era una sombra de sospecha de corrupción, va cobrando cuerpo, amenazando seriamente la estabilidad de todo el  Gobierno.
Tan desolador es el panorama que se augura  para la Formación conservadora, en los próximos tiempos, que si la izquierda estuviera unida y dispuesta a dar un paso adelante para hacerse con el poder, no encontraría un momento mejor para hacerlo.
Pero mucho me temo que será Albert Rivera quién rentabilice esta debilidad gubernamental, atrayendo a su causa a una buena parte de electores, cansados hasta el hartazgo, de guerras  partidistas, conflictos irresolubles, casos de corrupción y discursos famélicos, que lo único que desean es alcanzar estabilidad y que careciendo de ideología, han empezado a creer en el empuje de Ciudadanos, aunque sea de derechas.
La verborrea imparable de Rivera, su afán por hacer creíble el discurso que muchos quieren oír y la impagable ayuda que le ha prestado Arrimadas en Catalunya,  presagian una carrera de fondo hasta la Moncloa, que  hace sólo unos meses, era un puro espejismo.
Sánchez e Iglesias, han protagonizado demasiados desacuerdos, terminando con la paciencia de una buena parte de la población, a la que han defraudado hondamente.
No todo el mundo tiene convicciones inamovibles y en política, los que deciden el futuro son, seguramente por desgracia, los que suelen guardar
silencio.


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