En
un clima de considerable emotividad, los independentistas catalanes consiguen
nombrar Presidente de la mesa del Parlament al representante de Esquerra
Republicana, Roger Torrent, que acepta el cargo frente a unas cuántas sillas
vacías, adornadas por grandes lazos amarillos que reclaman la libertad de los
presos y la vuelta de los presuntos exiliados en Bruselas y para ellos son,
precisamente, las primeras palabras de este jovencísimo Presidente, que requiere
también que pueda hacerse efectivo el mandato de la ciudadanía, en un intento de
que se olvide lo pasado, para empezar de cero, esta nueva andadura que se presenta, desde el principio,
convulsiva y difícil.
Los
constitucionalistas, que se ven rabiosamente desbancados por los mismos a los
que combatieron denodadamente, hasta la aplicación del 155, por parte del Gobierno español, tendrán que admitir que todos los
esfuerzos que han hecho para conseguir dar un giro de 180 grados en la política
catalana, han resultado ser absolutamente inútiles, a pesar de que Ciudadanos
haya ganado las elecciones e Inés Arrimadas se haya convertido en la líder de
la nueva derecha catalana, arruinando las perspectivas del PP, al que la
Sociedad en general, considera como el principal artífice de que las cosas
hayan llegado hasta un punto de puro y duro enfrentamiento.
Seguimos,
aunque las cosas hayan cambiado en cierto sentido, exactamente en el mismo
lugar en el que nos encontrábamos antes de que se produjera la proclamación de
la efímera República y aunque ya no veamos las mismas caras y la mayoría de los
líderes que protagonizaron el proces, estén en prisión, en Bruselas o hayan
decidido retirarse de la vida política, el canto de Els segador, coreado con
énfasis por las filas separatistas, nos recuerda que la solución del problema
no ha llegado y que los argumentos esgrimidos con anterioridad sobrevuelan el
Parlament, con la misma fuerza que hace sólo unos meses.
Entretanto,
el juicio de la Gurtel en Valencia se aplaza sorpresivamente hasta el viernes,
pues se especula con la posibilidad de que Pedro Crespo y el bigotes pudieran
estar negociando un acuerdo con la fiscalía, similar al alcanzado por Correa y
a Ricardo Costa se le viene encima un terremoto con el que no contaba, por lo que
su defensa deberá darse prisa si quiere rebatir con cierta seriedad el
argumento que le coloca como único responsable de la recepción del dinero procedente
de las comisiones cobradas a los empresarios ilegalmente y tendrá, seguramente,
que tratar de probar que la Cúpula de
Génova y Camps, conocían y aceptaban como válidos, todos y cada uno de sus movimientos.
El
rostro de Costa, que no ha querido pronunciarse ante la prensa, sobre esta
última jugada, que ya se da como segura para el próximo viernes, denotaba esta
mañana una insoportable inquietud, que no podía ocultar tras la media sonrisa
que trataba vanamente de esbozar, detrás de su silencio.
Mal
se le ponen las cosas al PP de Rajoy, en Catalunya y en Valencia, pues mientras
los independentistas se jactan de su innegable triunfo sobre las fuerzas
españolistas, Correa, Crespo y el bigotes, encuentran un apoyo tácito a sus
versiones, por parte de la fiscalía y lo
que era una sombra de sospecha de corrupción, va cobrando cuerpo, amenazando
seriamente la estabilidad de todo el Gobierno.
Tan
desolador es el panorama que se augura para la Formación conservadora, en los próximos
tiempos, que si la izquierda estuviera unida y dispuesta a dar un paso adelante
para hacerse con el poder, no encontraría un momento mejor para hacerlo.
Pero
mucho me temo que será Albert Rivera quién rentabilice esta debilidad gubernamental,
atrayendo a su causa a una buena parte de electores, cansados hasta el hartazgo,
de guerras partidistas, conflictos irresolubles,
casos de corrupción y discursos famélicos, que lo único que desean es alcanzar
estabilidad y que careciendo de ideología, han empezado a creer en el empuje de
Ciudadanos, aunque sea de derechas.
La
verborrea imparable de Rivera, su afán por hacer creíble el discurso que muchos
quieren oír y la impagable ayuda que le ha prestado Arrimadas en Catalunya, presagian una carrera de fondo hasta la
Moncloa, que hace sólo unos meses, era
un puro espejismo.
Sánchez
e Iglesias, han protagonizado demasiados desacuerdos, terminando con la
paciencia de una buena parte de la población, a la que han defraudado
hondamente.
No
todo el mundo tiene convicciones inamovibles y en política, los que deciden el
futuro son, seguramente por desgracia, los que suelen guardar
silencio.

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