Después de las Navidades, los resultados de las primeras
encuestas sobre intención de voto, revelan, por primera
vez en mucho tiempo, un importante descenso del PP y colocan al Partido de Albert
Rivera, como el preferido por los electores, siguiendo la estela de lo ocurrido
hace sólo unos días, en Catalunya.
Tampoco el PSOE, y menos aún, Podemos, salen nada favorecidos
de esta consulta, por lo que el panorama político, en el caso de que se
celebraran ahora mismo nuevos comicios, cambiaría de manera radical,
perjudicando seriamente a las izquierdas.
Este trasvase de votos, tiene mucho que ver con la posición que
cada Formación ha defendido durante la crisis de Catalunya y pone en evidencia
que las preferencias de los ciudadanos tienen poco o nada que ver con las
inclinaciones ideológicas y mucho con la manera en que se actúe en cada uno de
los momentos de importancia que vivimos, quizá porque el ritmo vertiginoso en
el que nos movemos, condiciona fuertemente la naturaleza de nuestros
pensamientos.
Así, se castiga al PP por haber permitido que las cosas
llegaran en Catalunya hasta dónde han llegado, sin haber hecho absolutamente
nada por solucionar mucho antes la crisis, hasta que se ha visto forzado por
unas circunstancias, cuya gravedad ha traspasado todos los límites que habíamos
conocido hasta ahora, desde el comienzo de la Democracia.
Se premia la tenacidad
de los seguidores de Rivera, defendiendo a capa y espada la aplicación de
medidas drásticas, prácticamente desde que la crisis derivara tan
peligrosamente y también, la presión ejercida sobre los populares hasta
forzarles a llevar a la práctica, in extremis, el artículo 155, que era lo que
realmente deseaban todos y cada uno de los votantes españolistas en Catalunya y
que se vieron defraudados por la inoperancia del Ejecutivo de Rajoy, que
esperaba ilusoriamente y como siempre, que el tiempo y el aburrimiento, le
solucionaran también, este problema.
Arrastra Ciudadanos, a
ese sector de votantes itinerantes que fluctúan entre el ala derecha del PSOE y
cualquiera que les ofrezca una alternativa que consideren aparentemente un poco
más progresista y que parecen haber encontrado en la firmeza de los de Rivera,
durante el llamado proceso, un apoyo que acalle una conciencia que nunca les
habría permitido votar al PP, por diversas razones, pero a quienes les parece
que Ciudadanos podría ser una buena opción, para no romper del todo con los
esquemas de la política tradicional y lejos, al menos de momento, de los sucios
asuntos de corrupción que acucian a conservadores y socialistas.
Los votantes de izquierdas, implacables como viene siendo costumbre,
con los errores cometidos por su propia gente, se habrían dividido en dos
bloques bien diferenciados que se empeñan denodadamente en agrandar la brecha
que ya separaba anteriormente a PSOE y a Podemos y no perdonan, al primero
haberse alineado con las tesis de la derecha, apoyando abiertamente la
aplicación del 155 en Catalunya y al segundo, su aparente indefinición durante
el recrudecimiento de la crisis o bien, acusándole de cobardía, al no haber
sabido o querido explicar con suficiente claridad, por qué no tomaban partido
por alguno de los dos bandos en contienda.
Así que el panorama que auguran las primeras encuestas del
año, asesta un mazazo casi definitivo a las esperanzas de la izquierda, que
hace sólo unos meses podría, de haber querido limar asperezas partidistas,
terminar con el reinado de Mariano Rajoy, para emprender un camino que nos
alejara para siempre de la regresión que hemos sufrido, inexorablemente, pero
que dejó pasar aquella oportunidad, poniendo por encima de la necesidad de
afrontar los problemas de manera unitaria, los intereses particulares de cada
Formación, como ha solido ocurrir en este país, en varias ocasiones,
históricamente.
Con la batalla aparentemente perdida, no queda a Sánchez e
Iglesias otra opción que rendirse ante la evidencia de que Rivera les va
ganando la batalla, por goleada, e ir acostumbrándose a la idea de que su infinita
ambición, le hará luchar denodadamente por ir ganando puestos en su carrera
hacia la Presidencia de la Nación, que seguramente conseguirá, si los
gravísimas equivocaciones cometidas, no se remedian.
Con un PP roto, acuciado por los problemas de corrupción,
agotado por los malos resultados obtenidos en las elecciones catalanas y con el
fantasma del independentismo pisándole los talones tácitamente, el triunfo del joven
Rivera, como representante de la nueva derecha, no sólo estaría asegurado, sino
que además, sería celebrado, no sólo por el sector empresarial y por Europa,
sino también por ciertos sectores del propio Partido Popular, que no dudan en
manifestar su descontento con la manera de hacer política, del flemático Rajoy y
su equipo.
Evidentemente, haríamos mal en aceptar, sin pelear, los
resultados de estas primeras encuestas, pero su publicación, sí que podría
considerarse como un serio aviso a navegantes que en modo alguno debe ser
desoído, por ninguno de aquellos que hace sólo unos meses aspiraban a conseguir
un cambio radical, en el sistema de gobierno.
Sería un error imperdonable para la izquierda, no hacer una autocrítica feroz de lo ocurrido
durante este último año en el país y sobre todo, permitir, por meras cuestiones
partidistas, que Rivera avanzara, sin oposición, hacia Moncloa, triunfalmente.

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