domingo, 14 de enero de 2018

Inquietantes encuestas



Después de las Navidades, los resultados de las primeras encuestas   sobre intención de voto, revelan, por primera vez en mucho tiempo, un importante descenso del PP y colocan al Partido de Albert Rivera, como el preferido por los electores, siguiendo la estela de lo ocurrido hace sólo unos días, en Catalunya.
Tampoco el PSOE, y menos aún, Podemos, salen nada favorecidos de esta consulta, por lo que el panorama político, en el caso de que se celebraran ahora mismo nuevos comicios, cambiaría de manera radical, perjudicando seriamente a las izquierdas.
Este trasvase de votos, tiene mucho que ver con la posición que cada Formación ha defendido durante la crisis de Catalunya y pone en evidencia que las preferencias de los ciudadanos tienen poco o nada que ver con las inclinaciones ideológicas y mucho con la manera en que se actúe en cada uno de los momentos de importancia que vivimos, quizá porque el ritmo vertiginoso en el que nos movemos, condiciona fuertemente la naturaleza de nuestros pensamientos.
Así, se castiga al PP por haber permitido que las cosas llegaran en Catalunya hasta dónde han llegado, sin haber hecho absolutamente nada por solucionar mucho antes la crisis, hasta que se ha visto forzado por unas circunstancias, cuya gravedad ha traspasado todos los límites que habíamos conocido hasta ahora, desde el comienzo de la Democracia.
 Se premia la tenacidad de los seguidores de Rivera, defendiendo a capa y espada la aplicación de medidas drásticas, prácticamente desde que la crisis derivara tan peligrosamente y también, la presión ejercida sobre los populares hasta forzarles a llevar a la práctica, in extremis, el artículo 155, que era lo que realmente deseaban todos y cada uno de los votantes españolistas en Catalunya y que se vieron defraudados por la inoperancia del Ejecutivo de Rajoy, que esperaba ilusoriamente y como siempre, que el tiempo y el aburrimiento, le solucionaran también, este problema.
Arrastra  Ciudadanos, a ese sector de votantes itinerantes que fluctúan entre el ala derecha del PSOE y cualquiera que les ofrezca una alternativa que consideren aparentemente un poco más progresista y que parecen haber encontrado en la firmeza de los de Rivera, durante el llamado proceso, un apoyo que acalle una conciencia que nunca les habría permitido votar al PP, por diversas razones, pero a quienes les parece que Ciudadanos podría ser una buena opción, para no romper del todo con los esquemas de la política tradicional y lejos, al menos de momento, de los sucios asuntos de corrupción que acucian a conservadores y socialistas.
Los votantes de izquierdas, implacables como viene siendo costumbre, con los errores cometidos por su propia gente, se habrían dividido en dos bloques bien diferenciados que se empeñan denodadamente en agrandar la brecha que ya separaba anteriormente a PSOE y a Podemos y no perdonan, al primero haberse alineado con las tesis de la derecha, apoyando abiertamente la aplicación del 155 en Catalunya y al segundo, su aparente indefinición durante el recrudecimiento de la crisis o bien, acusándole de cobardía, al no haber sabido o querido explicar con suficiente claridad, por qué no tomaban partido por alguno de los dos bandos en contienda.
Así que el panorama que auguran las primeras encuestas del año, asesta un mazazo casi definitivo a las esperanzas de la izquierda, que hace sólo unos meses podría, de haber querido limar asperezas partidistas, terminar con el reinado de Mariano Rajoy, para emprender un camino que nos alejara para siempre de la regresión que hemos sufrido, inexorablemente, pero que dejó pasar aquella oportunidad, poniendo por encima de la necesidad de afrontar los problemas de manera unitaria, los intereses particulares de cada Formación, como ha solido ocurrir en este país, en varias ocasiones, históricamente.
Con la batalla aparentemente perdida, no queda a Sánchez e Iglesias otra opción que rendirse ante la evidencia de que Rivera les va ganando la batalla, por goleada, e ir acostumbrándose a la idea de que su infinita ambición, le hará luchar denodadamente por ir ganando puestos en su carrera hacia la Presidencia de la Nación, que seguramente conseguirá, si los gravísimas equivocaciones cometidas, no se remedian.
Con un PP roto, acuciado por los problemas de corrupción, agotado por los malos resultados obtenidos en las elecciones catalanas y con el fantasma del independentismo pisándole los talones tácitamente, el triunfo del joven Rivera, como representante de la nueva derecha, no sólo estaría asegurado, sino que además, sería celebrado, no sólo por el sector empresarial y por Europa, sino también por ciertos sectores del propio Partido Popular, que no dudan en manifestar su descontento con la manera de hacer política, del flemático Rajoy y su equipo.
Evidentemente, haríamos mal en aceptar, sin pelear, los resultados de estas primeras encuestas, pero su publicación, sí que podría considerarse como un serio aviso a navegantes que en modo alguno debe ser desoído, por ninguno de aquellos que hace sólo unos meses aspiraban a conseguir un cambio radical, en el sistema de gobierno.
Sería un error imperdonable para la izquierda,  no hacer una autocrítica feroz de lo ocurrido durante este último año en el país y sobre todo, permitir, por meras cuestiones partidistas, que Rivera avanzara, sin oposición, hacia Moncloa, triunfalmente.

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