La contundencia de las declaraciones de los acusados del caso
Gurtel en Valencia y la de los nueve empresarios que han reconocido el pago de
comisiones al PP, a cambio de la concesión de obras públicas y la emisión de
facturas falsas, como parte de una trama que recuerda las prácticas mafiosas,
al parecer, carecen de importancia para los encargados de seleccionar los contenidos de los
informativos de la Televisión Pública que sufragamos entre todos, pues en medio
de la tormenta mediática que se ha declarado estos días, en relación con este
gravísimo asunto de corrupción, el Ente
ha mantenido un sospechoso silencio, que hace cada vez más evidente la existencia
de una presunta manipulación reiterada, por parte del gobierno.
Mientras el resto de los medios dedicaban sus portadas en
masa a lo ocurrido en este importante juicio, que coloca al Partido conservador
entre las cuerdas y que recuerda a la ciudadanía que los asuntos de esta índole
parecían ser una constante en muchas de las masivas campañas electorales que el
PP protagonizara, en sus mejores tiempos, TVE, abría su informativo principal,
con la noticia del temporal que azotaba a Holanda y apenas dedicaba unas
palabras banales a lo sucedido ese día en una sala de juicios, rodeada por un
hervidero de periodistas que afortunadamente, ofrecieron una información
fidedigna, de lo que allí estaba sucediendo.
Como si España fuera una República bananera, en la que la
sólo se conoce la verdad que quiere relatar una prensa oficial al servicio de
un único Partido, Televisión Española hace alarde de un servilismo feroz que no
permite a sus trabajadores ejercer la profesión del periodismo con dignidad,
manteniéndoles amordazados en todas aquellas noticias que perjudiquen de algún
modo la buena imagen de la Formación que dirige Mariano Rajoy, poniendo en duda
la inteligencia de unos espectadores, estupefactos ante la manipulación de la
realidad que les ofrece un Ente que, teóricamente, nos pertenece a todos.
Muchas veces hemos oído a estos profesionales quejarse amargamente
de la situación que se ven obligados a
soportar, para conservar sus puestos de trabajo y reclamando la posibilidad de poder
informar con libertad de las noticias que se producen en el país en el que vivimos,
sin que estas peticiones hayan sido en absoluto tenidas en cuenta por quienes
dirigen la televisión pública, como demuestra el tratamiento que se da a
cualquier novedad que afecte directamente a la buena imagen del PP o a la de
cualquiera de sus principales dirigentes.
Absolutamente avergonzados por el descaro con que se atreven
a emitir, un día y otro, los informativos pertinentes, los ciudadanos hace
tiempo que decidieron orientar sus preferencias hacia otras cadenas, en las que
la imparcialidad y el buen ejercicio del periodismo constituyen la primera
obligación de los informadores y dando por sentado, que mientras Mariano Rajoy permanezca
en el poder, el Ente público habrá de estar, necesariamente al servicio de la
Formación que dirige.
Como ya ocurriera en Tele Madrid, durante la etapa de Esperanza
Aguirre, los informativos de Televisión Española y más aún si cabe, los de
Veinticuatro Horas o Informe Semanal, se han transformado en unos espacios tediosos,
presentados por unas figuras siniestras, hieráticas y carentes de emotividad, que
se limitan a leer lo pactado con sus dirigentes, sin ningún entusiasmo y sin
atisbo alguno de credibilidad ante la audiencia y que siguiendo fielmente la
voz de su amo, roban a la poca audiencia que les queda, la oportunidad de ser informada de la verdadera actualidad y
por tanto, la ocasión de formar su propia opinión sobre sucesos que en la
mayoría de los casos, le afectan de forma directa.
El tratamiento dado al juicio de la Gurtel de Valencia, ha
traspasado todos los límites imaginables en esta materia y aunque ya estábamos
acostumbrados a que estas cosas sucedieran a diario delante de nuestros ojos, con
total impunidad y sin sonrojos, no podemos, ni debemos callar, si queremos
realmente recuperar una televisión pública digna, de la que podamos sentirnos
orgullosos, como contribuyentes reales que somos, de su funcionamiento.
Porque aunque el evidente silencio de TVE sobre esta y otras
materias, no nos haya impedido conocer, a través de otros medios, la verdad,
mantener con dinero público un Organismo dedicado a ofrecer una información sesgada,
tendenciosa y sin calidad alguna, parece una aventura abocada directamente al
fracaso, por lo que resulta urgente que los gobiernos dejen de elegir, como
hasta ahora, a los directivos de esta Empresa,
que genera pérdidas millonarias a las arcas del Estado al que pertenecemos,
desde hace demasiado tiempo.
No se puede, sino condenar esta degeneración del periodismo y
también de un Sistema que permite a los políticos en el poder, utilizar
tácitamente a su favor, los medios de comunicación que pertenecen al Estado y
no a un determinado Partido.
Imprescindible, para estos medios, aceptar el principio de
imparcialidad tan necesario para una buena práctica del manejo de la información
y contar con verdaderos profesionales que hagan cierta la afirmación de que la
prensa es el cuarto poder, capaz, con la verdad, de derribar gobiernos cuando
lo merecen, como ha ocurrido en otros
lugares del mundo.

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