jueves, 18 de enero de 2018

Pensionistas en pie



Ante las reiteradas muestras de triunfalismo que esgrime el Gobierno, sobre el asunto de las pensiones, a nuestros ancianos y ancianas no les ha quedado otro remedio que salir a las calles para reclamar el derecho a recibir una jubilación que les permita vivir con dignidad, pues la mayoría de este colectivo ha de tratar de salir adelante con unos recursos que en nada se corresponden con sus largos años de duro trabajo y hasta hacer frente a la precariedad que se ha instalado como una plaga entre sus hijos, con los que en muchos casos se ven obligados a compartir, su techo y su comida.
Indignados por las presunciones de Ejecutivo y muy particularmente con el Presidente Rajoy, que se jacta de haber sido el artífice de una subida de pensiones, que como mucho se reduce a un par de euros más al mes, mujeres y hombres de avanzada edad, se hayan resueltos a volver a la lucha, al menos para desenmascarar  la falacia que pretenden hacernos creer, desde los medios, tratando de convencernos de que se está haciendo todo lo posible, porque nuestros jubilados puedan llegar a fin de mes, sin agobios ni carencias.
Primero, se han gastado la hucha de las pensiones que heredaron de Zapatero y que ha desaparecido poco a poco, con la aquiescencia de los conservadores y ahora buscan desesperadamente una solución para poder hacer frente a los pagos mensuales que corresponden a este colectivo, sin querer admitir, que la única salida que podría arbitrarse para este fin, sería terminar, en la medida de lo posible,  con las altísimas cifras de paro que sufrimos y que los empleos fueran correspondidos con sueldos dignos que permitieran reactivar el consumo de las familias y una mayor aportación a la Hacienda Pública de los que son aún contribuyentes.
Sin asumir que el poder adquisitivo de los pensionistas ha mermado, desde que el PP llegara al poder, cerca de un diez por ciento  y que a esta pérdida considerable habría que añadirle la escandalosa subida que ha experimentado la factura energética y el pago de las medicinas retiradas por el Ejecutivo, de las recetas de la seguridad social, Rajoy no parece dispuesto a reconocer que este es otro de los grandes problemas que se le han ido de las manos y trata a los ancianos, como si todos tuvieran una tara mental, cuando se dirige a ellos con un discurso, claramente engañoso, manipulador y siniestro.
Hartos de ser acusados de ser una lacra para el país, mientras miran con asombro el enorme montante que ha desaparecido, a causa de los innumerables casos de corrupción, los jubilados han creído oportuno recordar al Presidente que las pensiones no son en absoluto un regalo que les hace el Gobierno, sino una devolución paulatina de su propia contribución a las arcas del Estado, durante el transcurso de la vida laboral, que en muchos casos traspasaron, con mucho, los cuarenta y tantos años  y que merecen una compensación, equiparable a lo que antes pusieron.
Este sistema, que se sostenía perfectamente hasta que el PP se hiciera con el poder, comenzó a empeorar con la aprobación de la espantosa Reforma Laboral que el Gobierno sacara adelante, gracias a su mayoría absoluta, al principio de su mandato y que ha dejado en la calle a cientos de miles de trabajadores y reducido a límites irrisorios los salarios de aquellos que han tenido la suerte de conservar su puesto, pero que han perdido ese estado de bienestar del que disfrutaban, antes de que se nos obligara a todos, a pagar los efectos de la interminable crisis.
Los empleos que se crean y que sirven para reducir ostensiblemente las cifras de parados, de cara a la galería, son en su mayoría no ya temporales, sino efímeros y los emolumentos percibidos a cambio de estos trabajos precarios se han equiparado a niveles asiáticos, por lo que resulta imposible que la contribución de este tipo de empleados, pueda sufragar, en modo alguno, ni el pago de las pensiones, ni el sostenimiento de los sistemas públicos en general y muy especialmente de la Sanidad o la Enseñanza.
Los pensionistas, se han convertido para los políticos en una patata caliente que se lanzan unos a otros, sin que nadie decida quedarse con ella, para intentar una solución real al problema y para el PP en general, en una inaceptable carga que no desea llevar a su espalda durante mucho más tiempo, por lo que parece normal que los jubilados pidan, en todas sus manifestaciones, un cambio urgente de Gobierno.
No se ha querido dar cuenta Rajoy de lo mucho que debe a este colectivo, de mujeres y hombres valientes, que en los peores años de la crisis, han evitado, con su decisión de compartir lo poco o lo mucho que poseen, con los hijos que han quedado en paro o han sido desahuciados de sus viviendas, un estallido social de  incalculables consecuencias y que gracias a ellos, a nuestros ancianos y ancianas, le ha sido posible poner en práctica unas políticas de recortes, que si no hubiera existido su ayuda, hubieran llevado a muchos jóvenes parados al borde de la desesperación y por ende, a la disposición de hacer lo que fuera, por evitar tales desmanes gubernamentales.
Ha hecho mal, porque como estamos viendo estos días, los hechos cometidos en el pasado, terminan por pasar factura de manera contundente y ya les digo yo, que la capacidad de perdón de los ciudadanos, sobre todo de los mayores, hace tiempo que se agotó y el concepto que quedará en su memoria sobre la actuación de este Presidente, no va a ser precisamente agradable, sobre todo por ese afán de querer hacerles creer una realidad, que sólo existe en su mente.

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