lunes, 29 de enero de 2018

Conjeturas



A estas horas de la tarde y con un viento endiablado recorriendo una gran parte de la península, todas las miradas de los medios se dirigen al Parlament  catalán, en dónde mañana se  intentará por todos los medios celebrar una Sesión de investidura, sin que por el momento se sepa cuáles son las intenciones del único candidato  propuesto, Carles Puigdemont , después de la resolución que adoptara el Tribunal Constitucional, la noche del pasado sábado.
Todas las conjeturas que podamos hacer entre este momento y las tres de la tarde del día de mañana, son meramente especulativas y nadie se atreve a aventurar afirmaciones sobre cuál será la postura que finalmente adopte el ex President de la Generalitat o si finalmente asumirá el riesgo que podría suponer  para él salir de Bruselas y regresar a España, para hacer frente a las cuentas que tiene pendientes con la justicia.
La jornada de mañana será, sin ningún género de dudas, una de las más extrañas de cuántas hemos vivido, en la vida parlamentaria de este país, desde que se instaurara la Democracia y desafía todas las reglas conocidas hasta ahora por los ciudadanos, tiñendo de una sórdida anormalidad, un proceso que debiera ser rutinario y esperanzador, como ha venido sucediendo en todas nuestras Comunidades, cada vez que se elige un nuevo Presidente.
Tanto se ha tensado la cuerda, tanto se ha enrevesado este proceso que incumbe sobre todo a los que habitan en tierras catalanas y tantas cosas han sucedido en tan sólo el último año, que resulta prácticamente imposible arriesgar un cálculo aproximado de lo que podría suceder en la Sesión prevista para mañana o predecir, simplemente, si al menos llegará a celebrarse, si finalmente Puigdemont decide no regresar, como parece probable, aunque no se podría descartar tampoco, porque nada es seguro en estos tiempos.
La posición adoptada por los partidos independentistas, descabezados en su totalidad, por el exilio de unos y la prisión de otros, es sin embargo, firme y serena y al menos, de cara a la galería, no parecen estar dispuestos a elegir otro candidato que no sea el acordado, por lo que esta investidura podría alargarse, quizá, demasiado tiempo.
Estas horas de reflexión, de tensa espera, que todos aprovechan para reafirmarse en lo dicho con anterioridad y para lanzar dardos envenenados contra sus oponentes en esta absurda lucha de banderas y patrioterismo, deben estar siendo vividas por los catalanes en general, piensen como piensen, con grandes dosis de incertidumbre, pues si la investidura no se materializara en la jornada de mañana, la aplicación del 155 podría prolongarse, sine die, impidiendo una vuelta a la normalidad que resulta ser absolutamente necesaria para que las Instituciones y Organismos catalanes recuperen un ritmo que perdieron y  que es vital para salir adelante.
En su línea, el Presidente del Gobierno español deja que el tiempo transcurra, medianamente satisfecho por el fallo del Constitucional, pero sin hacer nada más, que forzar una vigilancia policial exhaustiva de fronteras, calles y hasta cloacas, en un intento desesperado de impedir que Puigdemont pudiera presentarse por sorpresa en un Parlament, en el que seguramente se le permitiría hacerse fuerte, rodeado por una multitud de personas dispuestas a no dejar que detuvieran, al que consideran como mártir de su causa.
Echando la vista atrás, este tipo de acciones no le han salido demasiado bien a Rajoy y la colocación de las urnas el uno de octubre, fue una prueba más que evidente de su fracaso, por lo que si fuera ésta la opción elegida por los separatistas, su prestigio personal quedaría seriamente dañado, probablemente esta vez, de manera irrecuperable.
Por otro lado, están los tribunales, que han vuelto a negar a Junqueras y a Jordi Sánchez la posibilidad de poder hacer acto de presencia en el pleno, pero que quizá, sintiéndose burlados por las mil circunstancias acaecidas de un tiempo acá y resentidos contra el modo de actuar que ha caracterizado a un separatismo que no acepta sus decisiones, harán todo lo posible porque se cumpla estrictamente la Ley, sin ninguna contemplación hacia Puigdemont, represente lo que represente.
El PSC, herido por los resultados obtenidos en las pasadas elecciones, ha dado hoy un paso al frente, en un intento de anticiparse a la hecatombe que se prevé para mañana y se ha atrevido a pedir, naturalmente en contra de lo que opinan quiénes simpatizan con la causa independentista, un aplazamiento de la Sesión prevista, aunque esta petición, podría volverse en contra de las aspiraciones en Catalunya, de este Partido.
La expectación, que no puede ser mayor, preocupa y mucho por las contingencias que pudieran producirse a partir de mañana y no puede, sino generar además, una cierta inquietud, en lo que atañe al futuro de esta Catalunya a la que tanto respetamos y queremos, aunque las cosas se hayan torcido entre nosotros, últimamente.
Lo único que se puede hacer es esperar, a ver cómo se desarrollan los acontecimientos y en estos momentos, rogar que alguna de las partes ponga un poco de voluntad en recuperar la cordura, para poder salir de este agujero negro que nos absorbe a todos, querámoslo o no, sin que se adivine una brizna de luz que nos aporte un poco de esperanza, en este desierto.



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