martes, 9 de enero de 2018

La guerra de Rato



Mientras la oposición al completo pide la dimisión de Gregorio Serrano, a causa de la pésima gestión llevada a cabo durante las copiosas nevadas de los últimos días, el año parlamentario se inicia con la comparecencia de Rodrigo Rato ante la Comisión de Investigación por el Rescate a la Banca y nos ha deparado, durante  la mañana de hoy , toda una suerte de impagables sorpresas, debido a la actitud que ha decidido adoptar, en relación con los hechos que se discutían  y también con los diputados encargados de participar en el turno de preguntas y respuestas.
Sensiblemente contrariado desde el inicio mismo de su intervención y demostrando cierto afán de venganza hacia el que fuera, en otro tiempo, su propio Partido, el  considerado como Superministro durante la época de Aznar, ha tratado de eludir cualquier tipo de responsabilidad en todos los asuntos que tiene pendientes con la justicia, recurriendo, como solía ser costumbre en las filas conservadoras, cuando él  formaba parte del Gobierno, a una teoría de conspiración que implicaría directamente a De Guindos y Gallardón, los ha citado textualmente, en una trama dirigida a conseguir su encarcelamiento inmediato, sin que haya aclarado en ningún momento, el motivo que le lleva a mantener una acusación de tal calibre.
Ofendido por el tono en que los diputados se han dirigido a su persona y muy fundamentalmente con el empleado por el representante socialista, a Rato no le han dolido prendas en renegar de los que hasta hace bien poco fueran sus compañeros de filas, atreviéndose incluso a decir que fue informado, tres días antes de que se produjera su detención, por un Director de un medio de comunicación, un periodista y también, por Fátima Báñez, que aconsejó a su secretaria que se apartara de su lado, confesándole que su Jefe estaba a punto de tener graves problemas con Hacienda.
Ninguneando a los participantes en la Comisión y poniendo en duda sus conocimientos sobre Economía, empleando aquella soberbia tan característica de las primeras figuras del PP, en sus mejores tiempos, Rato, no sólo se ha atrevido a negar la presunta posesión de cuentas en Paraísos fiscales, su acogimiento a la amnistía fiscal de Montoro y todas las demás acciones que se le achacan en los procesos que tiene abiertos por la justicia, sino que ha rechazado, además, la existencia de la burbuja inmobiliaria y defendido su gestión al frente de Bankia, de cuya caída ha culpado directamente, al Ministro de Guindos.
Refiriéndose a las pérdidas sufridas por los inversores, como simples problemas de mercado y enfatizando en el desconocimiento de en qué se empleaba el dinero de las tarjetas Black que se repartieron en Bankia, Rato ha dejado meridianamente claro que no sólo no se arrepiente de ninguna de sus acciones, sino que se encuentra en disposición de desafiar al Gobierno en pleno de Mariano Rajoy, del que debe saber muchas cosas que, por supuesto, se nos escapan, al resto de los mortales.
En ningún momento, ha dado Rodrigo Rato sensación de inseguridad o temor a lo que pudiera ocurrirle en un futuro no demasiado lejano, sino que, contrariamente a lo que se podría haber esperado, dada la situación personal que atraviesa, ha mantenido una altivez impropia de una persona que arrastra una carga enorme de problemas personales con la justicia y que ha perdido todo el brillo de aquella imagen con que le presentara el que fuera su Presidente, en otro tiempo.
La impresión que hemos tenido los que nos hemos parado a escuchar una buena parte de su comparecencia, podría tener que ver con que Rato parece convencido de salir absuelto de todas las causas que tiene pendientes y que se encuentra plenamente dispuesto a pelear por la recuperación de una credibilidad que le ha sido, según él, arrebatada por miembros relevantes del que fuera su propio Partido, aunque para ello fuera necesario traspasar ciertos límites de confidencialidad, que no mucha gente se atrevería a cruzar, como ya ocurriera en el caso de Bárcenas y otros muchos que todos conocemos.
Lo que quiero decir es que Rato parece dispuesto a hablar, seguramente alentado por el ala más recalcitrante del PP, caída ahora en desgracia, pero dispuesta siempre a intervenir contra el modo de gobernar de Rajoy y los suyos y que  ha quedado en evidencia con los resultados obtenidos en Catalunya y con la fulgurante ascensión de Ciudadanos que bien podría trasladarse a nivel nacional, en la celebración de próximos comicios.
Esta intervención de hoy, abre la veda del silencio impuesto hasta ahora a la gente del PP relacionada directamente con casos de corrupción y podría representar un antes y un después en los oscuros asuntos que se han venido cocinando en las trastiendas de este Partido, abiertamente dividido en dos bloques diametralmente opuestos, cuya confrontación podría empezar a recrudecerse.
Rato, que se ha atrevido a poner nombres y apellidos a determinados pesos pesados conservadores, aunque haya sido para esgrimir extraños argumentos conspiratorios, no se rinde. Lo dicen su gesto arrogante y su mirada sin parpadeos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario