Mientras la oposición al completo pide la dimisión de
Gregorio Serrano, a causa de la pésima gestión llevada a cabo durante las
copiosas nevadas de los últimos días, el año parlamentario se inicia con la comparecencia
de Rodrigo Rato ante la Comisión de Investigación por el Rescate a la Banca y
nos ha deparado, durante la mañana de
hoy , toda una suerte de impagables sorpresas, debido a la actitud que ha
decidido adoptar, en relación con los hechos que se discutían y también con los diputados encargados de
participar en el turno de preguntas y respuestas.
Sensiblemente contrariado desde el inicio mismo de su
intervención y demostrando cierto afán de venganza hacia el que fuera, en otro
tiempo, su propio Partido, el considerado como Superministro durante la época
de Aznar, ha tratado de eludir cualquier tipo de responsabilidad en todos los
asuntos que tiene pendientes con la justicia, recurriendo, como solía ser
costumbre en las filas conservadoras, cuando él formaba parte del Gobierno, a una teoría de
conspiración que implicaría directamente a De Guindos y Gallardón, los ha citado
textualmente, en una trama dirigida a conseguir su encarcelamiento inmediato,
sin que haya aclarado en ningún momento, el motivo que le lleva a mantener una
acusación de tal calibre.
Ofendido por el tono en que los diputados se han dirigido a
su persona y muy fundamentalmente con el empleado por el representante
socialista, a Rato no le han dolido prendas en renegar de los que hasta hace
bien poco fueran sus compañeros de filas, atreviéndose incluso a decir que fue
informado, tres días antes de que se produjera su detención, por un Director de
un medio de comunicación, un periodista y también, por Fátima Báñez, que
aconsejó a su secretaria que se apartara de su lado, confesándole que su Jefe
estaba a punto de tener graves problemas con Hacienda.
Ninguneando a los participantes en la Comisión y poniendo en
duda sus conocimientos sobre Economía, empleando aquella soberbia tan característica
de las primeras figuras del PP, en sus mejores tiempos, Rato, no sólo se ha
atrevido a negar la presunta posesión de cuentas en Paraísos fiscales, su
acogimiento a la amnistía fiscal de Montoro y todas las demás acciones que se
le achacan en los procesos que tiene abiertos por la justicia, sino que ha
rechazado, además, la existencia de la burbuja inmobiliaria y defendido su
gestión al frente de Bankia, de cuya caída ha culpado directamente, al Ministro
de Guindos.
Refiriéndose a las pérdidas sufridas por los inversores, como
simples problemas de mercado y enfatizando en el desconocimiento de en qué se
empleaba el dinero de las tarjetas Black que se repartieron en Bankia, Rato ha
dejado meridianamente claro que no sólo no se arrepiente de ninguna de sus
acciones, sino que se encuentra en disposición de desafiar al Gobierno en pleno
de Mariano Rajoy, del que debe saber muchas cosas que, por supuesto, se nos
escapan, al resto de los mortales.
En ningún momento, ha dado Rodrigo Rato sensación de
inseguridad o temor a lo que pudiera ocurrirle en un futuro no demasiado
lejano, sino que, contrariamente a lo que se podría haber esperado, dada la
situación personal que atraviesa, ha mantenido una altivez impropia de una
persona que arrastra una carga enorme de problemas personales con la justicia y
que ha perdido todo el brillo de aquella imagen con que le presentara el que
fuera su Presidente, en otro tiempo.
La impresión que hemos tenido los que nos hemos parado a
escuchar una buena parte de su comparecencia, podría tener que ver con que Rato
parece convencido de salir absuelto de todas las causas que tiene pendientes y
que se encuentra plenamente dispuesto a pelear por la recuperación de una
credibilidad que le ha sido, según él, arrebatada por miembros relevantes del
que fuera su propio Partido, aunque para ello fuera necesario traspasar ciertos
límites de confidencialidad, que no mucha gente se atrevería a cruzar, como ya
ocurriera en el caso de Bárcenas y otros muchos que todos conocemos.
Lo que quiero decir es que Rato parece dispuesto a hablar,
seguramente alentado por el ala más recalcitrante del PP, caída ahora en
desgracia, pero dispuesta siempre a intervenir contra el modo de gobernar de
Rajoy y los suyos y que ha quedado en
evidencia con los resultados obtenidos en Catalunya y con la fulgurante ascensión
de Ciudadanos que bien podría trasladarse a nivel nacional, en la celebración
de próximos comicios.
Esta intervención de hoy, abre la veda del silencio impuesto
hasta ahora a la gente del PP relacionada directamente con casos de corrupción
y podría representar un antes y un después en los oscuros asuntos que se han
venido cocinando en las trastiendas de este Partido, abiertamente dividido en
dos bloques diametralmente opuestos, cuya confrontación podría empezar a
recrudecerse.
Rato, que se ha atrevido a poner nombres y apellidos a
determinados pesos pesados conservadores, aunque haya sido para esgrimir
extraños argumentos conspiratorios, no se rinde. Lo dicen su gesto arrogante y
su mirada sin parpadeos.

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