lunes, 22 de enero de 2018

La gira danesa



Desafiando las advertencias de la justicia española y haciendo un nuevo alarde de la osadía que le viene caracterizando últimamente, Puigdemont viaja a Dinamarca, dónde teóricamente, podría ser detenido si se diera curso a la orden internacional que pesa sobre su persona, aunque no parece que esa sea la intención, al menos de momento, del juez encargado de su caso, quizá por no dar   la causa independentista un motivo que la lleve a tomar decisiones in extremis, de cara a la próxima elección del nuevo President, sea quien fuere la persona finalmente elegida para ocupar el cargo o bien para evitar que Puigdemont, tras ser apresado, pudiera acogerse a la posibilidad de ser representado por otra persona, para obtener la Presidencia.
Los Partidos constitucionalistas, sin embargo, con el PSOE a la cabeza, exigen que se lleve a cabo la detención, pues visto desde fuera, la reiterada costumbre de Puigdemont de moverse indiscriminadamente de un lado a otro de Europa, más parece una mofa descarada hacia las Instituciones del Estado Español, que la lucha por unos ideales de quién se considera a sí mismo un exiliado político, obligado a estar confiscado en un incómodo retiro que por otra parte, nadie le ha impuesto.
Con los ojos fijos en la creciente ola de separatismo que está haciendo mella en Groenlandia, el ex President de la Generalitat se ha adjudicado a sí mismo el papel de una serie de causas perdidas protagonizadas por determinadas minorías europeas y no duda en desplazarse a dónde sea menester, con tal de hacer ver a la opinión pública que la idea que defiende no están extraña como la mayoría pensaría, a juzgar por los casos que se dan, en este momento, a lo largo y ancho del viejo continente.
Endiosado por la adoración que despierta entre sus fieles seguidores y resguardado por la protección que se ha creado alrededor de su persona, Puigdemont debe estar convencido de que la Justicia española acabará claudicando y permitiéndole volver, sin que se produzcan consecuencias y persiste en el pensamiento de ser coronado, allá dónde le plazca estar, como el nuevo President de Catalunya, sin que importe demasiado el cariz que han tomado los acontecimientos, para otros menos afortunados que él, que continúan en prisión preventiva, por orden de los jueces.
Alguien debería aclararle que resulta bastante difícil que su predicción se haga efectiva, pues el partido en el Gobierno, primero y el juez encargado de su caso, después, ni olvidan ni perdonan los agravios que presuntamente ha cometido contra las Instituciones del Estado español y menos aún, su precipitada huida hacia Bélgica, mientras sus compañeros en la aventura separatista eran inmediatamente encarcelados, acusados de graves delitos, que él mismo compartió plenamente, durante aquellos días en que soñaban juntos la ansiada proclamación de la República catalana, en su Parlamento.
Ya Joan Tardá apuntaba anoche, en el programa de Ana Pastor, que la única salida conveniente para solucionar los problemas que ahora mismo se dan en territorio catalán, sería que los socialistas se animaran a presentar una moción de censura contra Rajoy, por la causa que fuere y que la Formación a la que pertenece, estaría dispuesta a secundarla, sin ningún tipo de contraprestación, con tal de recuperar una normalidad, que ahora  mismo, no parece que vaya a hacerse efectiva.
Pero una cosa es lo que piensan los dirigentes de  Esquerra Republicana y otra bien distinta la que tienen en mente los del PdeCat, con el propio Puigdemont a la cabeza, pues la realidad deformada que se contempla desde el retiro de Bruselas tiene poco que ver con los acontecimientos de toda índole que se viven a diario, dentro del territorio catalán y mucho más, desde la prisión de Extremera.
No  va a ser fácil convencer a Puigdemont  de que se eche a un lado, para permitir que otro ocupe el puesto por el que ha estado luchando durante todo el proceso y menos aún, cuando nadie tiene la valentía de hablarle a la cara con claridad, quizá por temor a perder el apoyo de cientos de miles de ciudadanos que creyeron de corazón, que la independencia era posible.
Es Puigdemont, en estos momentos, el gato al que nadie se atreve a ponerle el cascabel, como en aquel cuento de los ratones y sólo un milagro, que no creo que se vaya a producir, podría apearle de la peana dorada que han creado a su alrededor, su propio ego y la enfermiza fidelidad de unos cuantos iluminados que le arropan, como capitán de ssu causa.
De momento, la ruta turística emprendida cuando se desplazó a Bruselas, continúa y ahora disfruta de una estancia en Dinamarca, sin que podamos aún aclarar cuál será el próximo destino que elija, para ir conociendo poco a poco, todas las ciudades europeas.
Quién o quiénes financian este trasiego, es para nosotros, al menos, un misterio que seguramente, algún día terminaremos por comprender, cuando pase por fin esta tormenta y recuperemos todos, ese punto de cordura que perdimos, cuando nos enzarzamos en este absurdo enfrentamiento.

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