Desafiando las advertencias de la justicia española y
haciendo un nuevo alarde de la osadía que le viene caracterizando últimamente,
Puigdemont viaja a Dinamarca, dónde teóricamente, podría ser detenido si se
diera curso a la orden internacional que pesa sobre su persona, aunque no
parece que esa sea la intención, al menos de momento, del juez encargado de su
caso, quizá por no dar la causa independentista
un motivo que la lleve a tomar decisiones in extremis, de cara a la próxima
elección del nuevo President, sea quien fuere la persona finalmente elegida
para ocupar el cargo o bien para evitar que Puigdemont, tras ser apresado,
pudiera acogerse a la posibilidad de ser representado por otra persona, para
obtener la Presidencia.
Los Partidos constitucionalistas, sin embargo, con el PSOE a
la cabeza, exigen que se lleve a cabo la detención, pues visto desde fuera, la
reiterada costumbre de Puigdemont de moverse indiscriminadamente de un lado a
otro de Europa, más parece una mofa descarada hacia las Instituciones del
Estado Español, que la lucha por unos ideales de quién se considera a sí mismo
un exiliado político, obligado a estar confiscado en un incómodo retiro que por
otra parte, nadie le ha impuesto.
Con los ojos fijos en la creciente ola de separatismo que
está haciendo mella en Groenlandia, el ex President de la Generalitat se ha
adjudicado a sí mismo el papel de una serie de causas perdidas protagonizadas
por determinadas minorías europeas y no duda en desplazarse a dónde sea
menester, con tal de hacer ver a la opinión pública que la idea que defiende no
están extraña como la mayoría pensaría, a juzgar por los casos que se dan, en
este momento, a lo largo y ancho del viejo continente.
Endiosado por la adoración que despierta entre sus fieles
seguidores y resguardado por la protección que se ha creado alrededor de su
persona, Puigdemont debe estar convencido de que la Justicia española acabará
claudicando y permitiéndole volver, sin que se produzcan consecuencias y
persiste en el pensamiento de ser coronado, allá dónde le plazca estar, como el
nuevo President de Catalunya, sin que importe demasiado el cariz que han tomado
los acontecimientos, para otros menos afortunados que él, que continúan en
prisión preventiva, por orden de los jueces.
Alguien debería aclararle que resulta bastante difícil que su
predicción se haga efectiva, pues el partido en el Gobierno, primero y el juez
encargado de su caso, después, ni olvidan ni perdonan los agravios que
presuntamente ha cometido contra las Instituciones del Estado español y menos
aún, su precipitada huida hacia Bélgica, mientras sus compañeros en la aventura
separatista eran inmediatamente encarcelados, acusados de graves delitos, que
él mismo compartió plenamente, durante aquellos días en que soñaban juntos la
ansiada proclamación de la República catalana, en su Parlamento.
Ya Joan Tardá apuntaba anoche, en el programa de Ana Pastor,
que la única salida conveniente para solucionar los problemas que ahora mismo
se dan en territorio catalán, sería que los socialistas se animaran a presentar
una moción de censura contra Rajoy, por la causa que fuere y que la Formación a
la que pertenece, estaría dispuesta a secundarla, sin ningún tipo de
contraprestación, con tal de recuperar una normalidad, que ahora mismo, no parece que vaya a hacerse efectiva.
Pero una cosa es lo que piensan los dirigentes de Esquerra Republicana y otra bien distinta la
que tienen en mente los del PdeCat, con el propio Puigdemont a la cabeza, pues
la realidad deformada que se contempla desde el retiro de Bruselas tiene poco
que ver con los acontecimientos de toda índole que se viven a diario, dentro
del territorio catalán y mucho más, desde la prisión de Extremera.
No va a ser fácil
convencer a Puigdemont de que se eche a
un lado, para permitir que otro ocupe el puesto por el que ha estado luchando
durante todo el proceso y menos aún, cuando nadie tiene la valentía de hablarle
a la cara con claridad, quizá por temor a perder el apoyo de cientos de miles
de ciudadanos que creyeron de corazón, que la independencia era posible.
Es Puigdemont, en estos momentos, el gato al que nadie se
atreve a ponerle el cascabel, como en aquel cuento de los ratones y sólo un
milagro, que no creo que se vaya a producir, podría apearle de la peana dorada
que han creado a su alrededor, su propio ego y la enfermiza fidelidad de unos
cuantos iluminados que le arropan, como capitán de ssu causa.
De momento, la ruta turística emprendida cuando se desplazó a
Bruselas, continúa y ahora disfruta de una estancia en Dinamarca, sin que
podamos aún aclarar cuál será el próximo destino que elija, para ir conociendo poco
a poco, todas las ciudades europeas.
Quién o quiénes financian este trasiego, es para nosotros, al
menos, un misterio que seguramente, algún día terminaremos por comprender,
cuando pase por fin esta tormenta y recuperemos todos, ese punto de cordura que
perdimos, cuando nos enzarzamos en este absurdo enfrentamiento.

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