martes, 16 de enero de 2018

Mirando hacia atrás con ira


La inmensa tela de araña que constituye el caso Gurtel y la enmarañada trama que encierra en la oscuridad de las trastiendas en las que transcurrieron los acontecimientos, parece ir aclarándose, a pequeños pasos, en el transcurso de los juicios que se van celebrando poco a poco y ofrece un panorama que varía considerablemente en cada momento, avanzando y retrocediendo, según cambian las versiones de los implicados, que en muchos casos han decidido, tras verle las orejas al lobo, prestar su colaboración, con el propósito de rebajar la cuantía de las penas a las que se enfrentan, por los hechos que presuntamente, cometieron.
Muchos, como es el caso de Correa, miran hacia atrás con ira,  desengañados de la actitud que para con ellos ha tenido un Partido Popular, con cuyos dirigentes se codearon, al más alto nivel, en otro tiempo y que les ha ido abandonando a su suerte, convirtiéndoles en una especie de apestados a los que han llegado a negar conocer y a los que no han dudado en tildar de mentirosos, con la mera intención de salir indemnes, de tan enrevesada corruptela.
El área valenciana de la Gurtel está deparando muchas y variadas sorpresas, que cercan cada vez con mayor intensidad a la cúpula de los conservadores, colocándolos en una dificilísima situación de la que les va a resultar  casi imposible escapar, ahora que nueve empresarios se han decidido a contar en la sala, los avatares que rodearon a sus experiencias con la adjudicación de obras públicas y reconocido explícitamente el pago de cuantiosas comisiones, para la consecución de las mismas.
También Ricardo Costa, el que fuera número dos de Francisco Camps, en su etapa como President de la Generalitat valenciana, ha terminado por encontrar una vía de escape, tras el descalabro sufrido en el juicio de los trajes, en el que su jefe salió absuelto y queriendo curarse en salud, parece que va a declarar que el asunto de las comisiones se ponía siempre en manos de la Cúpula de Madrid, aunque todos eran conscientes en Valencia, de lo que estaba ocurriendo.
Esta intención, vuelve a poner en el punto de mira a Camps, como responsable principal que fuera, de los asuntos de la Comunidad que regentaba, a la vez que lanza un dardo envenenado a Rajoy y su equipo, que ya no saben cómo desembarazarse de la contundencia de unos argumentos, que les señalan directamente como implicados en este oscuro asunto que parece no tener fin, a juzgar por lo que estamos conociendo.
La declaración de los empresarios, viene a dar toda la razón a lo que Correa está defendiendo últimamente, aunando unos criterios con los que sólo difieren los representantes de un Partido Popular, que sin embargo, no podrá nunca negar la ostentación que demostrara en aquellas Campañas electorales que culminaban en la Plaza de toros de Valencia y en las que Rajoy intervenía, al más puro estilo americano, como una  estrella de cine, mientras era aclamado por un sinfín de cargos locales, que luego han terminado teniendo serios problemas con la justicia.
Algunos de estos cargos, que han sido después repudiados por el que fuera su Partido hasta límites inimaginables y que han conocido en carne propia los nocivos efectos de la más absoluta soledad, hartos de lidiar con las consecuencias de pertenecer a una trama imposible de urdir individualmente, señalan, inexorablemente, con el dedo, a los líderes de las más altas esferas, que inexplicablemente han conseguido, hasta ahora, zafarse  de cualquier tipo de responsabilidad en este asunto.
Pillan estos cambios de postura al PP,  en horas bajas, pues los resultados electorales en Catalunya y el ascenso torrencial de Ciudadanos que auguran las encuetas, han mermado considerablemente su nivel de aceptación entre los votantes de la derecha y el fantasma implacable de los casos de corrupción, pende como una espada de Damocles sobre este Partido, hace ya demasiado tiempo.

Los momentos  de gloria y despilfarro, de amistades incondicionalmente íntimas y de exaltación permanente entre pesos pesados, terminaron y llega la hora de afrontar la contundencia de la verdad. El pasado no perdona y acaba volviendo.

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