Demoledor, el informe anual emitido por Oxfam intermon, que
califica a España como uno de los países
en los que más ha aumentado la desigualdad social en los últimos años y que presenta,
para la mayoría de los ciudadanos un panorama desolador, que no hace sino
confirmar la angustiosa teoría de que una buena parte de nuestra sociedad, se
encuentra en situación de riesgo de extrema pobreza.
Hace tiempo que sabemos que la base de la economía mundial se
basa fundamentalmente en el enriquecimiento y empoderamiento de unas selectas
minorías, que apoyadas en un sistema de capitalismo feroz, han logrado, a
través de los nefastos efectos de una crisis provocada, seguramente de manera
consciente, someter a su voluntad a más del noventa por ciento de una población
que se ha rendido ante la amenaza y el miedo y que esas élites, cuya ambición
no parece tener fin, consigue una gran parte de sus beneficios de la
explotación directa de unos trabajadores, a los que ni siquiera garantizan la
seguridad que permite gozar de puestos de trabajo fijos y unos salarios dignos,
a los que mantienen sumidos en una situación de angustia permanente, pues
resulta muy fácil despedir, gracias a la impagable ayuda de una reformas
Laborales decretadas in extremis, con la excusa de que resultan estrictamente
necesarias para poder escapar de una bancarrota segura, como ocurrió en España,
en cuanto los conservadores llegaron al poder.
Así hemos pasado, en nuestro caso, de formar parte
de un territorio en el que existían varios
estamentos sociales, capitaneados en su mayoría por una numerosa clase media que
había conseguido vivir desahogadamente,
únicamente con el rendimiento de su trabajo, a subsistir en una nación en la que esa clase media ha ido
desapareciendo, casi en su totalidad, transformándose en una masa ingente que
lucha denodadamente por la
supervivencia, estableciendo una competencia feroz con sus propios compatriotas,
para escapar del fantasma del desempleo, aunque sea a base de enlazar empleos
temporales con horarios abusivos, que les proporcionan unos emolumentos que ni
siquiera les permite cubrir las necesidades más perentorias, a las que todo ser
humano tiene derecho.
Instalados en un clima de inestabilidad y sobresaltos permanentes, los
españoles hemos sido hasta ahora incapaces de reaccionar de manera masiva
contra las anomalías que se han hecho costumbres en nuestro panorama laboral y
se podría decir que nos ha invadido un inexplicable conformismo, quizá porque
el hecho de vivir aterrorizado, paraliza
cualquier posibilidad de rebeldía, que pudiera ayudarnos a transformar la
terrible situación que soportamos y evitarnos la condena de ser esclavos de los
que desde la sombra manejan, con tal iniquidad, nuestros destinos.
Unos hemos corrido peor suerte, perdiendo, empleo, vivienda y
todo aquello que podría servir para conservar la dignidad personal que nos han
ido arrebatando con cada uno de estos sucesos y otros, malviven en un panorama
familiar francamente desolador, en el que a base de trabajar de sol a sol,
apenas consiguen cubrir los gastos mensuales que se generan en el hogar, por lo
que podría considerarse que se encuentran al borde mismo del abismo de la
pobreza.
Y entretanto, las grandes fortunas, ocultas a la curiosidad
de las miradas de la gente corriente, continúan aumentando hasta límites insospechados,
proporcionando a sus dueños más poder para manejar y manipular a su antojo
nuestras vidas, mientras la cobardía de los Gobiernos y también de este
nuestro, protegen el anonimato de sus dueños, traicionando cualquier principio
de la honestidad que le deben a lo que formamos parte de los pueblos.
Hemos sido, derrotados por un enemigo sin rostro que poniendo
en práctica la perversa teoría del miedo, nos tortura, nos amordaza, nos
reprime, nos aliena y nos conduce por un camino trazado de antemano, para
desposeernos paulatinamente de todos nuestros derechos.
Los pobres, son infinitamente más fáciles de manejar y más
aún, si no se les ofrece ninguna posibilidad de adquirir ningún tipo de
conocimiento, instalándolos en un bucle pavoroso
de inestabilidad, de la que no se les permitirá escapar, bajo ningún concepto.
Y cuando ya han tocado fondo, se empieza a modelar el
argumento de que las cosas van mejorando, creando conscientemente un espejismo
de ilusión, que aunque no se corresponde con la realidad cotidiana que todos
estamos viviendo, impide dar pasos
atrás, confiando, porque se desea confiar, en un futuro que nunca llegará a
producirse, porque la situación a la que nos han llevado es, para los que
manejan los hilos de la Economía, sin duda, la que más conviene.
Esta pobreza disfrazada de normalidad en la que vivimos, ha
venido para quedarse y los milagros que nos prometen los Gobiernos no existen,
porque no existe voluntad de hacer frente a las desigualdades que compartimos.
Pobres somos y pobres continuaremos siendo, si no logramos
vencer el miedo.

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