martes, 23 de enero de 2018

Del miedo y la pobreza



Demoledor, el informe anual emitido por Oxfam intermon, que califica  a España como uno de los países en los que más ha aumentado la desigualdad social en los últimos años y que presenta, para la mayoría de los ciudadanos un panorama desolador, que no hace sino confirmar la angustiosa teoría de que una buena parte de nuestra sociedad, se encuentra en situación de riesgo de extrema pobreza.
Hace tiempo que sabemos que la base de la economía mundial se basa fundamentalmente en el enriquecimiento y empoderamiento de unas selectas minorías, que apoyadas en un sistema de capitalismo feroz, han logrado, a través de los nefastos efectos de una crisis provocada, seguramente de manera consciente, someter a su voluntad a más del noventa por ciento de una población que se ha rendido ante la amenaza y el miedo y que esas élites, cuya ambición no parece tener fin, consigue una gran parte de sus beneficios de la explotación directa de unos trabajadores, a los que ni siquiera garantizan la seguridad que permite gozar de puestos de trabajo fijos y unos salarios dignos, a los que mantienen sumidos en una situación de angustia permanente, pues resulta muy fácil despedir, gracias a la impagable ayuda de una reformas Laborales decretadas in extremis, con la excusa de que resultan estrictamente necesarias para poder escapar de una bancarrota segura, como ocurrió en España, en cuanto los conservadores llegaron al poder.
Así hemos pasado, en nuestro caso, de   formar parte de un territorio  en el que existían varios estamentos sociales, capitaneados en su mayoría por una numerosa clase media que había conseguido vivir  desahogadamente, únicamente con el rendimiento de su trabajo, a subsistir  en una nación en la que esa clase media ha ido desapareciendo, casi en su totalidad, transformándose en una masa ingente que lucha denodadamente  por la supervivencia, estableciendo una competencia feroz con sus propios compatriotas, para escapar del fantasma del desempleo, aunque sea a base de enlazar empleos temporales con horarios abusivos, que les proporcionan unos emolumentos que ni siquiera les permite cubrir las necesidades más perentorias, a las que todo ser humano tiene derecho.
Instalados en un clima de  inestabilidad y sobresaltos permanentes, los españoles hemos sido hasta ahora incapaces de reaccionar de manera masiva contra las anomalías que se han hecho costumbres en nuestro panorama laboral y se podría decir que nos ha invadido un inexplicable conformismo, quizá porque el hecho de vivir aterrorizado,  paraliza cualquier posibilidad de rebeldía, que pudiera ayudarnos a transformar la terrible situación que soportamos y evitarnos la condena de ser esclavos de los que desde la sombra manejan, con tal iniquidad, nuestros destinos.
Unos hemos corrido peor suerte, perdiendo, empleo, vivienda y todo aquello que podría servir para conservar la dignidad personal que nos han ido arrebatando con cada uno de estos sucesos y otros, malviven en un panorama familiar francamente desolador, en el que a base de trabajar de sol a sol, apenas consiguen cubrir los gastos mensuales que se generan en el hogar, por lo que podría considerarse que se encuentran al borde mismo del abismo de la pobreza.
Y entretanto, las grandes fortunas, ocultas a la curiosidad de las miradas de la gente corriente, continúan aumentando hasta límites insospechados, proporcionando a sus dueños más poder para manejar y manipular a su antojo nuestras vidas, mientras la cobardía de los Gobiernos y también de este nuestro, protegen el anonimato de sus dueños, traicionando cualquier principio de la honestidad que le deben a lo que formamos parte de los pueblos.
Hemos sido, derrotados por un enemigo sin rostro que poniendo en práctica la perversa teoría del miedo, nos tortura, nos amordaza, nos reprime, nos aliena y nos conduce por un camino trazado de antemano, para desposeernos paulatinamente de todos nuestros derechos.
Los pobres, son infinitamente más fáciles de manejar y más aún, si no se les ofrece ninguna posibilidad de adquirir ningún tipo de conocimiento, instalándolos en un bucle  pavoroso de inestabilidad, de la que no se les permitirá escapar, bajo ningún concepto.
Y cuando ya han tocado fondo, se empieza a modelar el argumento de que las cosas van mejorando, creando conscientemente un espejismo de ilusión, que aunque no se corresponde con la realidad cotidiana que todos estamos viviendo, impide  dar pasos atrás, confiando, porque se desea confiar, en un futuro que nunca llegará a producirse, porque la situación a la que nos han llevado es, para los que manejan los hilos de la Economía, sin duda, la que más conviene.
Esta pobreza disfrazada de normalidad en la que vivimos, ha venido para quedarse y los milagros que nos prometen los Gobiernos no existen, porque no existe voluntad de hacer frente a las desigualdades que compartimos.  
Pobres somos y pobres continuaremos siendo, si no logramos vencer el miedo.


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