miércoles, 24 de enero de 2018

Confesiones desesperadas



Mucho hemos tenido que esperar los ciudadanos de este sufrido país, hasta escuchar de boca de un destacado dirigente del PP, en una sala de juicio, algo que todos intuíamos como cierto, pero que nunca había sido relatado de manera tan clara y contundente, cómo para despejar cualquier resquicio de duda que pudiera quedar, en el corazón de algunos incautos.
Ha sido Ricardo Costa, esta mañana, el que desmintiendo todas las afirmaciones vertidas durante años por sus compañeros y hasta por el propio Presidente Rajoy, en reiteradas ocasiones, ha confesado y admitido que en el partido popular de Valencia existió durante mucho tiempo una trama de financiación ilegal, conseguida a través del cobro de dinero negro a una serie de empresarios, a cambio de la concesión de obras públicas y que no sólo Francisco Camps conocía y respaldaba estas prácticas continuadas, sino que también los dirigentes de Génova estaban al tanto de lo que ocurría, a través del que fuera su tesorero, el célebre Bárcenas.
A Costa no le ha quedado otro remedio que claudicar en la postura de negación que había mantenido desde siempre, pues la categórica declaración de varios encausados en el caso de la trama valenciana de la Gurtel y sobre todo, la de nueve empresarios que  han reconocido haber pagado periódicamente grandes cantidades de dinero, al Partido conservador, le ha puesto entre las cuerdas, señalándole como uno de los principales responsables de estas corruptelas y obligándole a confesar la naturaleza de sus delitos, aunque tratando de evitar quedar, ante los jueces y los ciudadanos, como el único responsable de lo que durante años ocurriera en la sede de los conservadores en Valencia.
Aparentemente tranquilo y seguramente habiendo alcanzado algún tipo de acuerdo con la fiscalía, tácitamente, el que fuera uno de los hombres fuertes del PP, en esta Comunidad, en sus años de gloria, ha desmontado, punto por punto, la defensa a ultranza sobre la honestidad de esta Formación que sus compañeros han venido intentando, por activa y por pasiva, dejando con sus palabras, a los pies de los caballos, no sólo a la que fuera la plana mayor de los conservadores en Valencia, sino también a los actuales dirigentes de Génova, que presuntamente aceptaban y aplaudían el torrente de dinero que inyectaban los empresarios, a los que después contrataban, para financiar sus faraónicas campañas electorales o para enriquecimiento propio, como en algunos casos queda en evidencia.
Esta confesión, que pone al PP en una dificilísima situación de riesgo, de la que le va a ser prácticamente imposible salir, viene a dar toda la razón a las afirmaciones que ya apuntaba el Juez Garzón,  antes de su defenestración y destierro y deja claro que el fantasma de la corrupción que ha perseguido a los conservadores, durante los últimos años, no era una alucinación, sino una triste realidad que pone en tela de juicio su honestidad y capacidad para continuar gobernando más tiempo.
Mientras se producía la declaración de Costa, Mariano Rajoy  intervenía en el programa de Carlos Alsina, en Onda cero y afirmaba que personalmente, no estaba al tanto de lo que había ocurrido en Valencia, intentando zafarse de emitir  una opinión sobre lo que acababa de suceder en la sala del juicio, alegando que su única obligación era la de gobernar el país y no la de estar informado sobre lo que acontecía, en el seno de su propio Partido.
Esta premisa, que le ha salvado milagrosamente en muchas ocasiones de verse envuelto en escándalos mayestáticos, de los que ha conseguido escapar, simplemente dejando pasar el tiempo, no parece que vaya a funcionarle en esta ocasión, sobre todo si finalmente se puede juzgar a Camps, por reiteración de delitos y se le fuerza, como se ha hecho con Costa, a buscar la benevolencia de los tribunales, para con su causa, forzándole a confesar que obedecía órdenes de las más altas estancias, situadas en Génova.
Quizá haya llegado el momento de que los socialistas den un paso al frente y se decidan, de una vez, a presentar una moción de censura, que seguramente ganarían, porque Ciudadanos no puede ni debe permitirse, votar en contra, si es que alberga alguna esperanza de llegar al gobierno.
Es la ocasión propicia para echar al PP y no caben, en estos momentos, argumentos que justifiquen que un Partido que se está viendo envuelto constantemente en sucios asuntos de corrupción, continúe rigiendo el destino de los ciudadanos, normalizando la reiterada comisión de estos delitos.
La principal misión de los Partidos opositores, no es otra que vigilar los movimientos de  la Formación en el Gobierno y procurar, cuando se detectan este tipo de acciones, activar los mecanismos a su alcance para evitar, a la mayor brevedad posible, una degeneración de las Instituciones, que  afectaría directamente al funcionamiento del país, y al bienestar de los ciudadanos que  en él vivimos.
La corrupción, que se ha instalado entre nosotros, como una plaga incontenible, es la peor forma de traición que los políticos pueden infringir a su pueblo.
Se impone pues, arbitrar las medidas que sean menester para terminar de raíz, con ella y si han de rodar cabezas, que rueden. Ninguno de estos implicados pensaba, mientras se cometían los delitos, en ninguno de nosotros, como es evidente.


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