jueves, 11 de enero de 2018

Un año malgastado



Tras un año frenético, en el que el problema catalán adquirió repentinamente una importancia desmesurada, desbancando inexplicablemente a los conflictos personales que han venido afectando a los ciudadanos durante los terribles tiempos de la crisis, como si un halo de patriotismo obsoleto se hubiera apoderado de pronto de las conciencias de las mayorías,  poco a poco, parece que vamos despertando del espejismo que creímos ver en la lejanía del paisaje y recobrando la razón que perdimos, abducidos por una batalla que aún continúa sin encontrar un camino por el que ser resuelta.
Ahora que amaina la tormenta y que ha quedado demostrado que el asunto de la independencia no sólo resultaba ser una mera ilusión que ha sido reprimida con dureza por los poderes del Estado, nos percatamos de que este tiempo que hemos empleado en absurdas guerras de banderas y símbolos y en enfrentarnos los unos con los otros, muchas veces, como si nos fuera la vida en ello, no ha servido para sacarnos del oscuro pozo en el que nos encontrábamos sumidos y que a nuestro alrededor, la gente continúa malviviendo en la misma precariedad laboral que soportaba, antes de que diera comienzo el conflicto, que los precios de productos fundamentales como la electricidad, el agua o el gas, siguen disparándose sin que nadie les ponga freno, como cada primero de año y que los sueldos permanecen estancados en unos niveles irrisorios que nadie se atreve a discutir, por miedo a ser enviado directamente a unas colas del INEM, que no premian en absoluto, las exacerbadas manifestaciones de españolidad que algunos han protagonizado, en los últimos tiempos.
Los asuntos de corrupción, que aparecen a diario sumándose a la larga lista que ya conocíamos todos y que no acaban de ser juzgados y sentenciados por la justicia, pero que parecieron quedar relegados a un segundo plano por la otra actualidad, son ahora retomados por los medios de comunicación como si acabaran de producirse en estos momentos y hasta los parlamentarios de la oposición, que no han hecho otra cosa durante este largo año, que  prestar toda su atención a lo que sucedía en Catalunya, vuelven a una carga que desde luego, jamás debieron abandonar, pues sería importante defender que todos los delincuentes monetarios devolvieran la totalidad de lo robado, a la mayor brevedad posible.
Comenzar la cuesta de Enero con un frío del demonio, vuelve a convertirse para muchas familias en un auténtico infierno, porque nada se ha hecho para resolver la pobreza energética y la opción de los alquileres se ha disparado ahora que la banca ha perdido el filón que para ella supuso durante muchos años el asunto de las hipotecas eternas, que alguna gente nunca podrá terminar de pagar, bien porque perdieron el empleo, bien, porque su salario fue degradado a niveles asiáticos, sin esperanza de poder recuperar el estado de bienestar del que gozaban, en los tiempos de la bonanza que se fueron.
La epidemia de gripe, hacina a los enfermos en los pasillos de los hospitales públicos, en los que nuestros excelentes profesionales no dan abasto para atender las miles de urgencias que les llegan, porque aunque ya nadie lo recuerde, sufrieron unas pérdidas de personal irreparables, cuando se hicieron los recortes y nuestros escolares han vuelto de las vacaciones a unos Centros gélidos en los que han de permanecer con los abrigos puestos, porque las Delegaciones carecen de fondos para cubrir el presupuesto que debiera dedicarse a calefacción, amén de otras carencias importantes, de las que no se hablaba, casi desde que Mas decidiera reclamar su amada independencia.
Y por si fuera poco, el saqueo a que ha sido sometida la hucha de las pensiones mantienen a nuestros ancianos con el alma en vilo, pues no debemos olvidar que en muchos casos, son ellos los que salvaguardan   la economía de varias familias y perder de repente ese soporte, haría peligrar la estabilidad del país, irremediablemente.
Así, que permítanme la osadía de no prestar demasiada atención a lo que pueda ocurrirle al señor Puigdemont en Bruselas, ni tampoco a cómo piensan solucionar la constitución del Parlament, en los próximos días, los de uno y otro bando, porque sinceramente, en mi opinión, los asuntos que conciernen a Catalunya, siendo como son importantes, no constituyen en absoluto, una vía que pueda solucionar la multitud de problemas que se ciernen a nuestro alrededor y me parece que ya hemos dedicado demasiadas horas de nuestras vidas a este peliagudo asunto, que no parece tener remedio.
Habrá que luchar, porque mejoremos todos en general, haciendo frente a las injusticias que contra este sufrido pueblo se cometen a diario impunemente y habrá que hacerlo, por una evidente razón: no podemos ni queremos continuar así y hemos desperdiciado un año entero, en el que tal vez, podríamos haber ganado infinidad de cosas necesarias para nuestro sustento.
Quería, hacer un recordatorio de la interminable lista de amargas vicisitudes que nos afligen y dejar claro, para quiénes lo quieran entender, que el mundo ni empieza ni acaba en Catalunya. Afortunadamente, existen otros muchos y diversos lugares donde la gente reclama su derecho inalienable a vivir dignamente y habrá que combatir por ello.



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